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| Amando de Miguel
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Miércoles, 18 de febrero del 2009

LAS MULETILLAS

Amando de Miguel: En principio el idioma está para comunicarse. Hay, por tanto, una «economía del lenguaje», es decir, empleamos el mismo número de palabras y expresiones para hacernos entender. Pero el habla está también para ocultar o oscurecer nuestros pensamientos, porque a veces nos es útil esa opacidad.


O simplemente, el habla es una manifestación expresiva de nuestro estado de ánimo, como la ropa que nos ponemos. En su virtud funciona otro principio que podríamos decir «antieconómico», por el cual introducimos en el habla muchas palabras y expresiones que no tienen propiamente significación. Se utilizan sobre todo en la conversación. La radio es una estupenda fuente para detectarlas. Son las «muletillas». Además, suelen repetirse, lo que ayuda a que se introduzcan en el habla de forma automática, sin pensar en ellas. Son, pues, de mucha ayuda, aunque en sí mismas no significan nada. Lo más sorprendente es que muchas de esas muletillas son traducciones del inglés; se copian de las películas. En inglés son más necesarias porque se trata de un idioma muy escueto, que necesita de esos protectores que son las muletillas para poder desenvolverse. Veamos algunas muletillas más corrientes (aparte de los tacos, que cumplen la misma función):

  • De alguna manera: Es una forma de matizar un argumento. Ser bruscos o directos es algo que no se estila, no es elegante, sobre todo en inglés. Todo puede ser «de alguna manera». Si se introduce esa cláusula es porque da tiempo al hablante para pensar. Además, el enunciado que sigue parece más sesudo.
  • De hecho, realmente, obviamente: Son también expresiones inglesas. Vienen bien para dar fuerza al argumento. Se supone que los hechos, las realidades o las obviedades no admiten discusión, aunque lo que aparece como tal sea sólo una percepción, una opinión muy discutible.
  • En cualquier caso: De nuevo hay que señalar lo inútil de esa expresión si se interpreta literalmente, sobre todo cuando no hay casos anteriores. Equivale a una conjunción adversativa como «pero o sin embargo».
  • En este sentido: Seguimos con la influencia del inglés. En catalán se dice todavía más que en castellano. Es claro que no va a ser «en el otro sentido».
  • Entre comillas: Aquí la expresión se ayuda con un gesto, el de dibujar en el aire las comillas con el dedo índice y corazón que se flexionan repetidas veces. Viene bien el acompañamiento de una sonrisa de complicidad. Significa que lo que se dice lo es de forma metafórica, alusiva o de cualquier otro recurso teórico. En español no es un gesto tan necesario como en inglés, porque en nuestro idioma la entonación facilita mejor la comprensión de lo dicho «entre comillas». Pero es un gesto y una expresión que se han incorporado con éxito al habla coloquial. Como sucede con tantas otras muletillas, su abuso puede llegar a cansar.
  • Estamos hablando: Es una muletilla que da prestigio al hablante porque con ella da la impresión de que conoce bien el asunto y hasta lo cuantifica. Es una forma de reiterar lo dicho. Suelen recurrir a esa muletilla los expertos, los que se las dan de conocer bien el paño. Es ideal para declaraciones oficiales.
  • ¿Sabes?: Es una muletilla muy popular, especialmente en la conversación de los jóvenes. Se utiliza al final de una frase o periodo con el fin de que el interlocutor siga hablando. Es una expresión suasoria (para convencer). En casi ningún caso indaga si el interlocutor sabe o no lo que se está diciendo. La misma función de enlace para animar la conversación se cumple con las interrogaciones «¿eh?» o «¿no?» al final de un periodo.
  • Lo sé, lo sé: En inglés se dice mucho con esa misma secuencia repetitiva. Como en los otros casos, entra por imitación del inglés. Es otra fórmula para estimular que el interlocutor siga hablando. De nuevo hay que decir que poco tiene que ver con el verbo «saber».

  • Esto: Lo dicen mucho los argentinos. De esa forma se gana un poco de tiempo que se tiene para pensar. Viene muy bien a las declaraciones de los futbolistas, que suelen ser muy parcos en palabras.
  • Bueno: Nada tiene que ver con la bondad. Sirve muy bien para empezar un párrafo, por ejemplo, para contestar a una pregunta. Se hace todavía más barroco cuando se añade la fórmula «yo diría». Es una fórmula para no comprometerse mucho con lo que viene a continuación.
  • Tío, tía: También procede del inglés, en este caso del americano negro (man, brother). Se trata de intercalar esa muletilla para resaltar el aire de conversación informal entre iguales. Es un recurso del lenguaje juvenil.
  • ¡Hola!

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