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| Redacción
www.cubarte.cult.cu, Cuba
Jueves, 24 de julio del 2008

LAS LENGUAS DEL CARIBE

La cultura es un complejo proceso humano que va más allá de un término que se limite a las artes y las letras. Ella encarna desde sus raíces los valores más generales de toda la herencia espiritual y material que acompañan al hombre en su devenir. De ahí la tremenda importancia que se le da en nuestros días a las lenguas del Caribe como elementos indispensables en la conformación de una singularidad dentro de la identidad.


Al tratar de colocar la representatividad de la identidad nacional de los pueblos, el intelectual José Juan Arrom ha defendido su idea central con la sentencia siguiente: «La defensa de la identidad cultural comienza por el propio idioma». El recurso comunicativo que nació desde los albores de la humanidad estrechamente vinculado con el papel del trabajo y sus vínculos con el surgimiento de la palabra articulada y el lenguaje en sentido general, se fusionaron para propiciar hasta el presente el engarce necesario para el desarrollo de la conciencia.

Las lenguas como acontecimiento de identidad, constituyen una condensación de valores de toda sociedad que se va a presentar en su forma de expresarse y en los giros propios recibidos de sus antepasados como muestras de los sentimientos heredados y el enriquecimiento que también le aporta la contemporaneidad que si bien se teje a lo largo de su tiempo siempre será un elemento en constante evolución.

Sin olvidar que el alma, esa porción inmaterial del patrimonio espiritual, se conserva en las lenguas, tuvo lugar recientemente el Coloquio Internacional la Diversidad Cultural en el Caribe. El llamado al debate y al intercambio ofreció la op0ortunidad que se enfrentara una visión actualizada del tema en el entorno donde vivimos desde y a través de las lenguas que hablamos por tradición.

El abanico en una nueva Babel

La tradición expresada en lejanas páginas bíblicas parece desembarcar en el espacio de nuestro Caribe. Colocado como el haz de los mundos por ese caribeño mayor que es José Martí, también le asignó el papel de muralla para detener la ambición de las metrópolis coloniales y tratar de evitar el avance hacia el sur de las entonces emergente fuerzas en proceso de consolidar hacia su perfil imperialista desde finales del siglo XIX y adelantaron la veinte centuria.

Al son de la ambición danzaron las principales potencias europeas, que no tranquilas con la división de África el más antiguo de los continentes desde la Conferencia de Berlín, avanzaron hacia el entorno caribeño para imponerse en medio de sus islitas hasta atomizarlas en beneficio suyo. Esa es la causa fundamental que se escuche entre ellas un aminorado seseo de raíz hispánica, el sello gutural francófono, o la muy estricta pronunciación inglesa, desde tal impronta se hicieron dueños del futuro del área. Tampoco se puede olvidar en el área la existencia del kreol o lengua criolla, que se utilizó en las muy complicadas transacciones comerciales entre países de diversidad idiomática.

A pesar de ese perfil signado por la historia las lenguas autóctonas y lejanas reminiscencias arauacas o de otros perfiles que navegaron por el mar del Mediterráneo Americano del cual hizo referencia el alemán Alejandro de Humboldt, quien en su periplo por nuestra tierras palpó las diferencias y al mismo tiempo la unicidad del espacio mundial de mayores conmociones en los últimos doscientos años.

Bolsones idiomáticos en medio del contacto caribeño

En la circulación del cuerpo social del Caribe se fue forjando en medio de condiciones muy específicas. Ellas fueron consideradas por el cubano Sergio Valdés Bernal, doctor en Ciencias Filológicas que investiga la temática entre los especialistas del Instituto de Literatura y Lingüística que explican el perfil de las relaciones actuales entre nuestros pueblos.

La diversidad idiomática caribeña por las lenguas de procedencias de sus respectivas metrópolis europeas no fue ignorada, todo lo contrario. Cómo tampoco la idea de que en medio de esas condiciones muy específicas nacieron los «bolsones» donde el idioma impuesto no pudo eliminar las variantes idiomáticas criollas entre las cuales sobresalió el papiamento, aunque muy influido en sus expresiones por el portugués.

Ellos han sobrevivido también en formas culturales como la expuesta por el artista cubano Jorge Lefebre, cuando en su ballet Ercili, aparecía la incomunicación entre amos y esclavos hasta que ambos empezaron a entablar sus conversaciones con elementos de ambas partes para coexistir en medio de nuevas circunstancias sociales. Pero lo raigal de cada cual como parte de su conocimiento y conciencia permaneció en lo más profundo aunque fuese como una simple huella.

Las limitaciones para comunicarse en el Caribe en la actualidad es una herencia de la imposición de las barreras idiomáticas que ha levantado el colonialismo bajo sus respectivas banderas. Pero la situación no debe ayudar a empeorar los lazos necesarios entre pueblos hermanos, las huellas de nuestra anterior historia común deben ser vasos comunicantes en búsqueda de la unión de los caribeños.

Uno de los síntomas evidentes es que a pesar de que las lenguas arauacas de las Bahamas y de Las Antillas se fueron extinguiendo poco a poco no es posible ignorar que dejaron sus huellas, pues muchos de sus vocablos y significados continúan «sonando» en nuestros oídos.

Al respecto el historiador de Baracoa, Eduardo Hatmann, escritor y antropólogo, destacó la existencia de una oralidad indígena en aquel espacio que se demuestra en vocablos que no han desaparecido en términos tan comunes como bohío, behíque, tabaco y areito, presentes en el léxico actual de sus pobladores, por extensión en toda Cuba y de fácil comprensión en los intercambios del área.

«Con la lengua tomamos posesión de nuestra parte del mundo»

A partir de esa frase Alfonso Reyes ubicó el tema de la identidad cultural, esa que es forjada a lo largo de la historia y las costumbres heredadas, las normas sociales, fuerzas e ideales que van a poblar los sentimientos que ocupan el alma de los hombres. Leída una vez más nos asegura que ella queda para siempre en la memoria de los pueblos y quienes las constituyen con su protagonismo dentro del marco de relaciones entre las que no deben ignorarse las culturales.

Pero la fusión identidad-cultura-pueblo-lengua en la sociedad moderna se expresa a través de la academia que oficialmente ampara el rigor de las expresiones. Es ella la que elabora y actualiza de forma permanente los respectivos Diccionario de la Lengua y de otros diccionarios. Tampoco olvida en su centro los cánones para la actualización de la Gramática, la modernización de la Ortografía y otros instrumentos para validar el interés comunicativo de su razón de ser.

Tras el trazo de esa política oficial se establece la unidad lingüística y los elementos de corrección en la enseñanza para viabilizar la vitalidad de su análisis y conocimiento. Pero ¿en qué estadío quedan las huellas de los pueblos originarios que no han desarrollado ese nivel de jerarquía? ¿Ellos deben renunciar a la difusión de su riqueza autóctona?

Al doctor Fernando Ortiz, tercer descubridor de Cuba, le debemos el acercamiento hacia el léxico africano que acompañó a los esclavos. Volver la mirada hacia esos elementos de nuestra nacionalidad que se imbricaron en la forja del perfil afrocubano es parte de nuestra dignidad porque juntos la levantamos y la defendemos para que continúe su ruta hacia el futuro.

Ante esas expresiones resulta necesario subrayar el criterio que ha llamado al razonamiento a la Academia y en medio de acalorados debates se ha impuesto el análisis razonado para que esos elementos de la cultura popular, en el mundo imaginario de nuestros pueblos, puedan ocupar un espacio dentro de la memoria universal pues son parte de su propia raíz, pues circula como parte de la vida social.

Ahora las Academias han abierto un diapasón en las últimas tres lustros. Ella como parte de sus responsabilidades incluye una selección y envío de los vocablos y acepciones originarias de los países del área para su incorporación en el repertorio común de la lengua española. Gracias a esa labor los términos originales que van surgiendo en nuestros pueblos de América Latina se integrarán en futuros Diccionario académico de americanismos, luego de atravesar largas discusiones hasta alcanzar el consenso para ser incluidas en futuros textos donde se incluyan definitivamente nuevos vocablos, acepciones así como formas gramaticales de nuestro país que ya aparecieron en nuestras obras literarias, científicas, técnicas, en los medios de difusión y hasta en nuestras propias calles.

El crecimiento de esas voces no es alarmante, sobre todo por la pérdida de muchas de ellas a lo largo del tiempo que no fueron consignadas o la situación de otras lenguas que fuera del español no tiene en sus planes la magnitud apropiada ni los mecanismos para que no se pierdan esas expresiones. Aunque no en todos los países de nuestra lengua nacional existe la organización para culminar ese largo proceso que es parte de la humanidad toda.

Los gentilicios en el Caribe

La lengua es un hecho cultural e identatario. A través de ella debemos expresar quiénes somos, cuáles son nuestros sentimientos y qué pensamos. Pero sin olvidar desde donde hemos surgido y hacia donde debemos continuar para iniciar en casa una expresión comprensiva de esa actitud asumiremos algunos de nuestros gentilicios del área.

Por eso desde el tan cercano y al mismo tiempo lejano espacio de los pueblos que convergemos en el Caribe le ofrecemos una primicia para cercarnos a algunas de la denominación de nuestras huellas actuales, es decir, ciertos gentilicios además del cubano que nos pertenece.

En medio de esas mixturas a los nacidos en Antigua y Barbuda, San Cristóbal y Nevis o en Dominica, se les antepone la partícula de. Es decir se les nombre como naturales de Antigua y Barbuda, de San Cristóbal y Nevis o de Dominica.

Los que vieron su luz primera en Belice son beliceños. Si se trata de Santa Lucía se les llama santalucense. Y si el país es Sao Tomé y Príncipe estaremos ante un saotomano.

Los naturales de Bahamas son bahamés y los de Barbados se identifican como barbadenses. Los nacidos en Granada son granadinos, mientras los naturales de San Vicente y las Grandinas son sanvicentinos. Pero hay otros muy comunes en las proximidades cubanas como los jamaicanos, haitianos y dominicanos entre otros.

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