Noticias del español

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| Jorge Corbalán, sociolingüista (SUNY Stony Brook) y traductor (UBA).
Buenos Aires (Argentina)

LAS INVASIONES GERUNDIAS

No, no es un capítulo de historia que nos salteamos porque nos agarró hepatitis y faltamos cuarenta días al colegio; ah, sí, en estas latitudes nos agarran muchas cosas: nos agarró la crisis, la lluvia, un resfrío, me agarró (cualquier parte del cuerpo y el espíritu, una tristeza, una pena y un dolor en el corazón) y también agarramos desde una mosca hasta el colectivo y el subte (medios de transporte público muy populares en Buenos Aires, el primero, por las calles; el segundo por debajo de éstas), nos agarra pereza —a quien yo me imagino como una señora gorda y muy rubia aunque no teñida— y me agarré un susto: sí, sí, miedo, desesperanza y desazón de ver, leer y escuchar que cada vez más usamos el idioma en el que estoy escribiendo con mayor impunidad y desfachatadamente.


Con la caída del Imperio Romano, allá hacia fines de los años 400 d. C., sus territorios —que en el momento en que el Imperio había logrado su mayor extensión, incluían una buena parte de la Europa actual, norte de África y Medio Oriente— quedaron aislados y el latín que se hablaba y era en mayor o menor grado comprensible para todos comenzó a evolucionar hasta llegar a los idiomas que actualmente se conocen como romances (catalán, sardo, rumano, francés, italiano, español, occitano, portugués, entre muchos otros). Con esta brevísima introducción, que al ser escueta es injusta por la magnitud de los cambios y resultados resumidos en sólo cinco renglones (¿Cuántos se acuerdan del renglón? ¿Vieron que ahora son líneas?), trataré de comparar por diametral oposición lo que viene ocurriendo desde hace unos veinte años y cada vez es más intenso.

Se trata de la influencia de un idioma en otros originada en razones geopolíticas que sólo me limito a mencionar por ser bien conocidas por todos. Sería de tontos no darnos cuenta de que el inglés es hoy lo que fue el latín en el primer cuarto del primer milenio.

En aquel entonces (¡cómo me gustan los lugares comunes, cómo adornan y lo mejor es que ya están hechos y todos los entienden!), sigo, eran los legionarios los que llevaban el idioma junto con sus huestes y pestes. Con las fuerzas de la invasión, lo imponían. Comparado con los últimos veinte años, aquel período fue lento en cuanto a lo que a evolución del idioma se refiere.

Llegaron los legionarios, impusieron el idioma, el latín se enriqueció de las lenguas que hablaban los pueblos que conquistaban y empezó a tomar colores diferentes, pero seguía siendo latín. Al caer el Imperio, esas lenguas que se hablaban crecieron, mutaron, recibieron otras invasiones y conforme a la hegemonía (y al prestigio) del pueblo que lo hablaba se convirtieron en los idiomas de hoy y el resto desapareció o recibió el mote de «dialecto», a guisa de cumplido (no es el nombre de una comida andaluza).

A diferencia de lo que ocurrió hasta fines de los años 400, si hoy hay algo que no tenemos es aislamiento, y menos aún, lingüístico. Y sí, como desde que el hombre empezó a hablar, hay lenguas que son más importantes a raíz de quiénes las hablan y a las cuales el resto sigue, cuestiona, rechaza o asimila.

No puedo estar hablando de otra cosa que del inglés: son las grandes empresas generadoras de noticias y las grandes empresas en general quienes utilizan este idioma como lingua franca. El uso generalizado del inglés se podría adjudicar al número de personas que lo hablan aunque, de ser así, el chino estaría primero, pero yo, como tantos, en mi sistema de televisión por cable tengo canales en italiano, francés, alemán, desde hace un par de días, en coreano, y por supuesto inglés y español en tan variados como floridos dialectos (los nombro sólo para generar controversia y seguir el debate en otro momento). Chino , no.

En países como el nuestro, recibimos toda esa invasión de palabras, estructuras, que junto con el resto, insisten en llamar «globalización» y yo junto con los franceses, insisto en llamar «mundialización», los franceses ya ganaron, yo ya perdí. Como dije en los comentarios anteriores, ya nadie sabe si lo que dice lo dice porque «se dice» así, nos piden que lo digamos así, queremos decirlo así para el fin que nos hayamos propuesto, cuestión es que cada vez más nuestro idioma ya no parece el que, nos guste o no, heredamos de España y si bien no creo que encuentren en ningún libro de historia mención alguna a las invasiones gerundias, es mi manera de llamar a este fenómeno en el que ya no sólo se copian palabras (aun cuando existe el equivalente en nuestro pobrecito castellano), sino estructuras, sintaxis, morfología, etc. Cualquier cosa que se adhiera y tenga más o menos sentido en castellano, dale que va. ¡Pero si seremos gerundios! En pos de la fidelidad (que muchos llaman literalidad vaya a saber uno por qué) copiamos todo o casi todo, y ese es el primer problema de la copia, la falta de «genunuidad*», «genuinés*», «genunuitud*», bueno, en castellano no existe el sustantivo de genuino, ¿qué hago? En inglés sí, genuineness, ¿viste, como me dijeron una vez, que el inglés es más rico? ¿Y «autenticidad»?

(La riqueza de un idioma no esta dada por el conocimiento que tengamos de éste —digo yo—. Varios hubieran reemplazado «éste» por «el mismo», no, no, tema para el próximo comentario.) Me voy por las ramas, sepan disculpar mi «estilo» desordenado, pero es tanta la información para hablar de estos temas que me apasionan que me resulta tan imposible como mezquino no aclarar sin oscurecer o inundarlos con datos que atoran.

Por lo gerundio de la cuestión, no puedo hacer otra cosa que hablarles del gerundio, por supuesto, del mal usado, que es el ochenta por ciento de los casos a los que nos enfrentamos y dejamos pasar y sancionamos con fuerza de ley y sancionamos infructuosamente para seguir oyendo y leyendo hasta el hartazgo gramatical. Recordarán el «transfiriendo» con voz metálica e híbrida de la operadora telefónica. Quizás también podemos pensar en el programa más visto en la televisión argentina que utiliza un gerundio copiado del inglés: Bailando/ cantando —ya vendrán seguramente otras actividades— por un sueño emparentado con el programa estadounidense Dancing with the Stars. (No, no era Gran Hermano. Otro: big brother es el hermano mayor, el que cuida generalmente, «gran», adjetivo apocopado de «grande», tiene otro significado.)

Los manuales de cualquier cosa, desde cómo utilizar el lavarropas hasta cómo hacer turducken, comienzan cada capítulo o tema con el bendito gerundio: encendiendo el ordenador…, desinstalando el dispositivo…, transfiriendo la llamada…, procesando la transacción…, pasajeros llegando/partiendo…, ascensor subiendo/bajando… y pavadas todos hablando. ¿Para qué conjugarlo o ponerlo en la estructura del castellano? «¡Pero si en inglés dice installing!», me increparon una vez, «¿por qué querés poner otra cosa que en inglés no dice?» Y como soy tan manso, le expliqué tan bien y quedó tan contenta que ya van ocho años y no me saluda. No me atrevo a preguntarle si entendió o ¿seguirá hablando en -endo y -ando?

Antes de estos veinte años de los que les hablaba, el mal uso de este verboide (somos displicentes ya que desde donde viene y hasta donde llegó, deberíamos haberlo modificado con un sufijo menos despectivo) se limitaba a indicar el futuro o consecuencia de una acción, por ejemplo: chocó un tren ocasionando diez muertos. Pues ahora, no, para todo, de todos el que más me gusta porque es el que más repelús me produce es el de «los pasajeros embarcando son requeridos a llevar un sólo equipaje de mano», es mortal, mortalmente un anglicismo, de los puros.

Prosiguiendo relatando, como escuché una vez por radio, es cada vez peor, ya se obliga a las operadoras (lo confirmé una de estas noches cuando llamé para preguntar por qué el ancho de mi banda no se reflejaba en mi PC) me dijo: «su llamada está siendo transferida a servicio técnico» y confieso que es la primera vez que lo oigo de alguien a quien le puedo preguntar, y le pregunté y me respondió que tenía instrucciones de responderme así, que no podía hacerlo de otra manera. ¿Me doy por vencido? ¿Es posible que alguien obligue a hablar así en pos de la «literalidad» (fidelidad) del mensaje que evidentemente nació en inglés y quieren naturalizar en castellano? Sí, es posible y cada vez más tristemente cierto.

Resumiendo: el gerundio en castellano se usa menos que en inglés, casi menos que la voz pasiva, por esas cosas que tienen los idiomas, por los romanos, la caída del Imperio, los visigodos, los ostrogodos y otras tribus que, como venían de tan lejos, al llegar, ya se habían olvidado de dónde habían partido. Si los idiomas se parecen en algo es muy probable que hayan tenido un origen común; puede ser que se hayan «conocido» de grandes o las dos cosas, y alguna otra razón.

Creo que la mejor manera de explicar el fenómeno de contacto de idiomas es entender, desde el vamos, que tanto un idioma como el otro son sistemas que funcionan perfectamente y el hecho de parecerse en algunos puntos como palabras y a veces hasta estructuras es coincidencia y fruto del origen común o duración del intercambio que han tenido. Si normalmente los idiomas tienden a simplificarse, el uso abusivo de la voz pasiva y del gerundio mal usado va en contra de toda teoría lingüística, aún las perimidas.

En castellano, los usos más comunes del gerundio incluyen indicar simultaneidad de acción, «cocina cantando», «transpira bailando», modo «fue corriendo», «salió dando un portazo». Casi todo el resto de los casos estando todo mal (y hago hincapié en «casi» ya que este tema llevaría más tiempo y al profundizar corro el riesgo de aburrir a mis alentadores lectores).

Si por esas casualidades, cuando escriben (o hablan) se les escapara un gerundio que hayan incorporado y del que se hayan apropiado en algún aeropuerto y no estuvieran seguros de si está bien o mal, les sugiero no lo utilicen, ya que el castellano dispone de muchas otras maneras que lo suplen. Si lo hacen, asegúrense de que esté bien. Y como estar, está, usémoslo con cuidado, así, como si fuera sal y tuviéramos hipertensión.

Lo anterior, consistentemente todo mal; entonces, escribiendo asertivamente y dejando de utilizar frases conteniendo gerundios mal usados despidiéndome les aviso que por dos semanas no estarán recibiendo mis comentarios porque me estoy yendo de vacaciones.

Aunque el número de temas sobre los que les hablaré está lejos de agotarse, me gustaría saber si hay algún punto sobre el cual os apetecería [pronunciar estas dos palabras con acento ibérico] que fustigara, pontificara, preconizara o ponderara.

Agradezco infinitamente a mis colegas Natividad Ramírez, Glady «Virgule» González y Stella Maris Stellionato quienes, con su sabiduría y paciencia, leyeron, releyeron, criticaron, pusieron, y sacaron comas e ideas desordenadas. Sin la ayuda de ellas, esto me hubiera llevado más tiempo y no hubiera quedado así.

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