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| Rosa María Gómez
TeldeActualidad.com (Comunicados de prensa) - Gran Canaria, España
Martes, 4 julio del 2006

LAS HUELLAS DE LA LENGUA INGLESA EN CANARIAS

Es increíble pensar en la diversidad de posibles maneras de perpetuar la historia. Gracias a pinturas en cuevas, conocemos cómo eran los hombres y mujeres prehistóricos y su estilo de vida; por medio de papiros y códices sabemos acerca de la figura de un hombre llamado Jesucristo y de sus apóstoles; esculturas y pinturas contemporáneas nos hablan de tiempos pasados: guerras, repúblicas, monarquías, victorias, derrotas... Incluso hay personas que escriben su historia tatuándola en su cuerpo, haciendo que cada dibujo tatuado tome el significado de un momento importante en sus vidas. El habla canaria fue tatuada por sonidos anglosajones, que ya adaptados y pronunciados muy a nuestra manera, aún nos hablan de los que fueron, de los que vinieron y de los que estuvieron de paso.


Fue en el siglo XVI cuando los primeros ingleses e irlandeses quisieron acercarse a las islas, en busca del paraíso y de los vinos de los que hablaba William Shakespeare en su comedia Las alegres comadres de Windsor, sin embargo, no fue hasta el siglo XIX que las relaciones se estrecharon. La inmejorable posición estratégica de Canarias en la ruta de Inglaterra a África nos trajo la creación de compañías navieras y la mejora de las infraestructuras comerciales y portuarias, chocolate y papas quinegua; hubo ingleses que se enamoraron del sol de las islas y aquí se quedaron, pero también hubo canarios que fueron allá, a ganarse la vida vendiendo tomates y plátanos.

Sin duda, la palabra más entrañable que nos pudieron regalar los ingleses fue cambullonero, y sobran las razones. Lo que muchos no saben es que proviene de la invitación o la confirmación por parte de los ingleses para que estos artistas de la venta y el trueque subieran al barco: «Come, buy on!» o «You can buy on!», que a nuestros oídos sonaría lo más parecido a nuestro queridísimo cambullón. Las papas y la palabra que las designa ya habían llegado a Canarias desde el continente americano poco después de la conquista, pero fueron los tubérculos importados desde Inglaterra posteriormente los que dieron nombre a los tres tipos de papas: Quinegua o para algunos Chinegua (King Eduard se leía en sus cajas), Cara (White Care), y Rambana (Arran Baner).

En el día a día con nuestros queridos chonis —así empezamos a llamar a los comerciantes y funcionarios ingleses que se instalaron en Canarias en el siglo XIX, lo cual no era más que una deformación del nombre propio Johny— otros muchos sonidos y palabras se quedaron con nosotros para siempre. El elegante pedir una copa de whisky: «One haig!» se quedó para siempre como guanijei, el plumcake, será para nosotros, allá donde vayamos, queque, y cuando algo nos parezca un excelente negocio diremos que ¡menudo bisne! (derivando de business).

En verdad, parece mentira que voces que nos parecen —y son— tan nuestras: winche (winch), fonil (funnel) o naife (knife) han sido en realidad, préstamos de otra lengua, y son hoy en día el testigo de parte de nuestra historia. Como siempre digo, ojalá que no se pierda el testigo, que nunca caigan en desuso estas voces y que nunca nadie olvide de dónde vinieron.

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