Noticias del español

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| Miguel Ángel Villena
El País, España
Jueves, 18 de diciembre del 2008

LAS ESCRITORAS TENDRÁN QUE ESPERAR

La RAE mantiene su tradición de puertas cerradas a las autoras de ficción


Era la persona justa en el momento justo. Así se lo han comentado sus amigos a la filóloga y lingüista Inés Fernández-Ordóñez (Madrid, 1961), que hoy opta a cubrir la vacante, el sillón P, que ocupaba el fallecido Ángel González en la Real Academia Española (RAE).

Ella todavía se pregunta por las razones que han llevado a Margarita Salas, Álvaro Pombo y José Antonio Pascual a proponer su candidatura, pero su retrato-robot está muy claro. Es joven, mujer y cuenta con una trayectoria muy interesante en el campo de la dialectología, la historia del español y el estudio de la lengua hablada en zonas rurales. Sus singularidades la han convertido en una candidata idónea para esa vacante, si bien se muestra muy prudente hasta que se produzca la votación y no quiere anticipar declaraciones. «Ante la falta de consenso sobre una escritora, se ha optado por proponer a una filóloga», declara un académico.

Si hoy resulta elegida, esta catedrática de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Madrid, descendiente de una saga de intelectuales y de políticos, heredera de la escuela de Ramón Menéndez Pidal y de Diego Catalán, se convertirá en la cuarta mujer que forma parte de la RAE de un total de 43 miembros. Una cifra ridícula que «no responde al peso de la mujer en la cultura y en la sociedad española de hoy», en palabras de la candidata, o que «preocupa seriamente» a la RAE, en palabras de un escritor y académico que prefiere no revelar su nombre.

Gran asignatura pendiente de una institución muy importante que hace notables esfuerzos por ganar proyección e influencia, nadie rechaza teóricamente la presencia de más mujeres. «Pero a la hora de la verdad», señala otro académico procedente del ámbito universitario, «cuando se barajan nombres de candidatas y, sobre todo, de escritoras, siempre hay obstáculos o inconvenientes que impiden que se concreten las propuestas». En la actualidad y, desde el año 1996, sólo una novelista, Ana María Matute, de 83 años, se sienta en los bancos del precioso edificio de la calle de Felipe IV, de Madrid. Las otras dos académicas son la historiadora Carmen Iglesias, desde el 2000, y la científica Margarita Salas, desde el 2001.

En los últimos tiempos, ante el clamor procedente del mundo de la cultura por esta escasísima representación femenina, se han barajado nombres para todos los gustos, desde escritoras veteranas como Carme Riera a más jóvenes como Almudena Grandes o Rosa Montero, pasando por figuras del mundo del teatro, como Nuria Espert, o del arte, como María Corral. «Ahora bien, siempre surge alguna pega», comenta el último académico citado. «No creo que se trate de una cuestión de misoginia o machismo, pero lo cierto es que no hemos logrado pactar ningún nombre de escritora, y no cabe duda de que en España contamos con unas cuantas muy buenas».

Resulta muy curioso que ninguno de los académicos consultados sobre este tema se preste a manifestaciones públicas con su nombre y apellidos. «Podríamos decir», afirma uno de ellos, «que en la Academia se respira buen ambiente y se trabaja con mucha tranquilidad, salvo en los periodos electorales en los que hay que cubrir una vacante. Da la sensación de que entonces se trasladan a la RAE esas rencillas y rivalidades que caracterizan el mundillo de los departamentos universitarios, unos lugares muy cainitas. Ese influjo marca la enorme disparidad a la hora de valorar la trayectoria de una escritora».

Aunque pocos se atreven a confesarlo, incluso bajo la garantía del anonimato, «el machismo está muy presente en un buen puñado de académicos», en palabras de otro escritor con asiento en la RAE. «De modo contrario, no se explicaría esa desproporción entre los varones y las mujeres en la Academia. No se aplica el mismo listón de calidad, por llamarlo de algún modo, a ellos que a ellas», concluye. Un académico como el periodista y escritor Luis María Anson ha llegado a publicar en el suplemento cultural que preside una larga relación de novelistas, poetisas, dramaturgas o ensayistas con méritos para ingresar en la prestigiosa institución encargada de velar por la salud del idioma. Desde el sector más vinculado a la creación literaria, varios académicos anuncian, siempre bajo el manto del anonimato, que volverán a la carga cuando hayan de cubrirse otras vacantes de académicos fallecidos.

Entretanto, todo apunta a que Inés Fernández-Ordóñez, candidata única al sillón P, obtendrá hoy la mayoría suficiente para convertirse en académica a los 46 años. «Tal como suelen agitarse las aguas de la Academia a la hora de elegir nuevos miembros, tampoco cabría descartar la sorpresa de que hubiera que acudir a una segunda votación», comenta una de las fuentes consultadas en la RAE.

Residente en Barcelona y de salud frágil, Ana María Matute calificó ayer de «lamentable» que ella sea la única novelista con asiento en la RAE. Durante la presentación de su última novela, Paraíso inhabitado (Destino), admitió que apoyará a futuras candidatas, pero confesó su impotencia al señalar: «Yo sólo dispongo de un voto y tengo poco poder en la Academia. Además, últimamente he podido acudir poco a sus sesiones».

Nadie quiere descubrir vetos a escritoras vivas… pero un académico anónimo recuerda con ironía que la docta institución rechazó a intelectuales de la talla de Emilia Pardo Bazán o María Moliner.

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