Noticias del español

| Álex Grijelmo (El País, España)

Las citas siempre son previas

De nada sirve citarse para ayer, o para el mes pasado. La naturaleza de la palabra lleva a proyectar esa idea hacia un momento que está por venir.

Conviene concertar una «cita previa» para someterse a las pruebas psicotécnicas que dan paso a la renovación del permiso de conducir, y una «cita previa» para las gestiones en Hacienda, y una «cita previa» para renovar el documento de identidad, y una «cita previa» para el médico. A la Administración y a sus parientes burocráticos les gusta hablarnos de la «cita previa», se ignora con qué objetivo.

La palabra «cita» viene a significar que dos o más personas conciertan una hora, un día y un lugar para encontrarse. Y como no podía ocurrir de otra forma, tal señalamiento ha de ser acordado previamente. De nada sirve citarse para ayer, o para el mes pasado. Resultaría de todo punto de vista ineficaz citarse para hace dos años y medio, salvo que se tratase de los agentes de la teleserie El Ministerio del Tiempo. Esos personajes, ellos sí, podían acordar reunirse en un siglo anterior para actuar allí conjuntamente frente a cualquier burdo intento de cambiar la historia. Pero aun así deberían citarse antes, aunque fuese desde un siglo venidero, por mucho que recorran el tiempo hacia atrás y viajen al revés.

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