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| Agencia Efe

Las Academias publican «El buen uso del español», destinado al gran público

Con el deseo de facilitar el conocimiento de las principales normas gramaticales y ortográficas, las Academias de la Lengua Española publican El buen uso del español, una obra destinada al gran público y que tiene muy presente que «el centro de gravedad» de este idioma «no está en España sino en Hispanoamérica».

Ana Rosa Semprún, José Manuel Blecua y Salvador Gutiérrez, durante la presentación. Foto Efe/Fernando Alvarado

Ana Rosa Semprún, José Manuel Blecua y Salvador Gutiérrez, durante la presentación. Foto Efe/Fernando Alvarado

Publicado por Espasa, el libro ha sido redactado «desde la óptica del panhispanismo» y bajo la convicción de que «en estos momentos, no existe una sola norma culta, una norma monolítica», según dejaba claro hoy el académico Salvador Gutiérrez al presentar este manual ante la prensa, en la sede de la Real Academia Española (RAE).

Las Academias hispanoamericanas han participado «de manera muy activa» en la preparación de este libro, igual que lo hicieron en obras de referencia tan importantes como la nueva Gramática o la nueva Ortografía, añadía Gutiérrez en ese encuentro en el que también participaron el director de la RAE, José Manuel Blecua, y la directora de Espasa, Ana Rosa Semprún.

Redactado de forma clara y didáctica, y con abundantes ejemplos que facilitan la comprensión de la norma lingüística, el manual llega ahora a las librerías españolas y se irá distribuyendo en los diferentes países de América a lo largo del primer trimestre del 2014.

El título le debe mucho a Andrés Bello, el gran filólogo y escritor venezolano, quien en el prólogo de su Gramática hablaba de «los linderos del buen uso de nuestra lengua», y esos linderos son los que pretenden marcar los 224 bloques temáticos en los que se ha dividido el libro, que supera las 500 páginas.

Fenómenos como el seseo, el ceceo y el voseo, y cuestiones como las reglas de acentuación gráfica, los signos de puntuación, los latinismos, los extranjerismos, el uso de mayúsculas y la formación del plural desfilan ante los ojos del lector, en pequeños apartados de dos páginas cada uno y con tramas de color gris en las que se hace hincapié en las principales dificultades o incorrecciones.

Los académicos no creen que la lengua haya ido empeorando con el paso del tiempo. Un idioma, aseguraba Gutiérrez, «es un organismo vivo, que va cambiando y que va introduciendo palabras y expresiones nuevas, que al principio pueden sorprender pero que pueden acabar convirtiéndose en norma en el futuro».

En el siglo IV, por ejemplo, se recomendaba decir «mensa» y no «mesa», que era la palabra utilizada por la gente de la calle, y todas las cosas que se condenaban entonces «triunfaron en la lengua romance», recordó Gutiérrez.

«El uso es el que determina la norma y no las Academias, cuya labor es dar fe de ese uso y orientar. Tratar de parar la evolución del lenguaje es como poner puertas al océano», subrayó este académico que también coordinó la nueva Ortografía, publicada en el 2010.

Los académicos insisten en que en los correos electrónicos, mensajes de móvil y redes sociales «no se debería descuidar la norma».

Y no creen que se le deba «echar la culpa del mal dominio de la lengua» por parte de la juventud a esos medios electrónicos. Si no se expresan con corrección es, según Salvador Gutiérrez, «porque no han aprendido bien» la lengua.

«El peor daño que se le puede hacer a la lengua es la poca importancia que se le otorga a la enseñanza de esta disciplina. El muchacho que no sepa a los trece años leer con fluidez y escribir con cierta soltura, tiene una deficiencia difícilmente salvable y que, además, le va a lastrar para el aprendizaje de otras asignaturas», añadió este académico.

En la presentación hubo también preguntas sobre la nueva edición del Diccionario académico, que está ahora en fase de revisión y que se publicará en octubre del 2014, y sobre si se suprimirán o no términos que están mal vistos por determinados colectivos, como «judiada» o «gitanada» u otros de marcado carácter machista.

Lexicógrafo de profesión, Blecua conoce bien el Diccionario y sabe que «son difíciles de casar» los criterios académicos con lo que pide la gente, aunque quien lo haga sea la propia Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, que estos días se ha dirigido a la Academia para ver «si se soluciona lo de “gitanada”», ha comentado el director, que eludió precisar si ese término desaparecerá del Diccionario.

«Querer ver el Diccionario como un organizador social, capaz de remediar todas las injusticias que una sociedad machista como la nuestra ha hecho es realmente una utopía», afirmó Blecua.

Desde Uruguay, una sociedad antiesclavista le ha propuesto a la RAE que quite la expresión «trabajar como un negro». «¿Habrá que sustituirla por “trabajar como un chino”»?, se preguntaba el director de la RAE.

«Todo esto hay que tomárselo con un cierto relativismo y no pretender que los libros modifiquen una sociedad desde el punto de vista léxico».

El Diccionario, zanjó Blecua, se hace según «unos principios lexicográficos universales y lo que no puede hacer la Academia es estar en contra de la ciencia».

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