Noticias del español

| | | |

| Arturo Ortega Morán
capsuladelalengua.wordpress.com
Martes, 2 de febrero del 2010

LADRAN, SANCHO, SEÑAL DE QUE CABALGAMOS

¡Qué difícil es ir por la vida con tranquilidad! Apenas nuestras acciones marcan huella y, como perros, no faltan adversarios que con fuertes ladridos tratan de persuadirnos de que nos detengamos. Cuando esto sucede, a manera de conjuro para contrarrestar la agresión, solemos repetir la frase atribuida al Quijot: «Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos».


El hecho es que, la susodicha frase, no aparece en ninguna parte de la magna obra de Cervantes. Como a muchas otras, se le ha adjudicado una paternidad equivocada. Pero, entonces ¿cuál es su origen?

Los perros que ladran a los caminantes, como metáfora de los gritos desprestigiantes que tratan de detener a alguien que avanza pisando fuerte, es de muy antiguo. A principios del siglo XVI, el escritor italiano Andrea Alciato (1492-1550), publicó una colección de epigramas en su obra Emblematum Liber, uno de ellos, el No. 163; se llama Inannis Ímpetu (ímpetu vano), del que me permití hacer una traducción:

Lunarem noctu, ut speculum, canis inspicit orbem,

Para el perro, es la luna un gran espejo

Seque videns, alium credit inesse canem,

Ve su reflejo creyéndolo otro perro

Et latrat: sed frustra agitur vox irrita ventis,

Vanos ladridos ahogados por el viento

Et peragit cursus surda Diana suos.

La luna sorda, prosigue su camino

La misma idea, la encontramos en un texto extraído de un ejemplar del Semanario de Salamanca, publicado el 30 de agosto de 1794:

«Y sufriré desprecios de tontos, que son lo mismo que ladridos de gozquecillos (perros falderos) contra los mastines; y así como estos no hacen caso de aquellos, lo mismo tendré que hacer con los de igual casta».

En los ejemplos citados, se habla de un «caminante» seguro de sí mismo, que no se detiene e ignora a los perros, que frustrados ven lo vano de sus ladridos. Es el gran Goethe, quien da un nuevo matiz a la metáfora. En 1808, escribe un poema en el que los ladridos de los perros, son señal, para un inseguro caminante, de que aún sigue en el camino. Aquí debo dar crédito a Ludaico Duver, por haber dado con estos versos:

Kläffer (1808) Goethe

Wir reiten in die Kreuz und Quer

Nach Freuden und Geschäften;

Doch immer kläfft es hinterher

Und bellt aus allen Kräften.

So will der Spitz aus unserm Stall

Uns immerfort begleiten,

Und seines Bellens lauter Schall

Beweist nur, daß wir reiten.

Ladrador (1808) Goethe: (En la traducción, agradezco la colaboración de Roberto Gómez Junco Jr.)

Cabalgamos por el mundo

En busca de fortuna y de placeres

Mas siempre atrás nos ladran,

Ladran con fuerza…

Quisieran los perros del potrero

Por siempre acompañarnos

Pero sus estridentes ladridos

Sólo son señal de que cabalgamos

Es sin duda este poema, del que surge la frase «Ladran, señal de que cabalgamos»; ya que en los primeros usos, es atribuida a Goethe. En español, la referencia más antigua conocida se encuentra en la edición de agosto de 1903 de la Revista Nuestro Tiempo; en el artículo «Los dos catolicismos», de Edmundo González Blanco, dice:

«El perro, empleando la comparación de Goethe, quisiera acompañarnos desde el establo; pero el eco de sus ladridos nos prueba que cabalgamos».

Ahora que, hay que decir que la referencia más antigua que he encontrado, está en inglés: En The military career: a guide to young officers, army candidates and parents?, escrita por Sir William Bellairs, en 1889; dice:

As Goethe tell us: «When dogs bark, it is a proof you ride» (Como Goethe nos dice: «Cuando los perros ladran, es la prueba de que cabalgamos»)

Ya que nos metimos a la lengua inglesa, es de mucho interés que en Proverbs of all nations?, escrita en 1859 por Walter Keating Kelly; se cita un proverbio de origen turco de una inquietante similitud con el tema de este artículo:

«The dog barks, but the caravan passes». (Los perros ladran, pero la caravana avanza).

Lo cierto es que es Goethe quien expresa que «los ladridos son señas de que se avanza», mientras que en otras referencias, la idea es que «se avanza a pesar de los ladridos» ¿Se ve la diferencia?

Pero ¿En qué momento se coló Sancho en la expresión? Difícil saberlo, pero todo indica que fue en la primera mitad del siglo XX ; alguien supuso que la frase era del Quijote y le agregó el Sancho, con mucha fortuna por cierto, porque el error se propagó exponencialmente. No sabemos quién fue el despistado, pero en un artículo de 1945 (Por una Política Nacional de la energía eléctrica), el autor, Juan Sabato, usa la frase en el prólogo con el Sancho ya incluido.

En fin, quedémonos con que en la frase «Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos», el Sancho sale sobrando, como debe de ser (los mexicanos me entienden). Demos la paternidad de la expresión al gran Goethe… que bien se lo merece.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: