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| Juan Morales Agüero
cubaperiodistas.cu, Cuba
Jueves, 26 de agosto del 2010

LA TERMINOLOGÍA EN LOS DEPORTES

El deporte constituye un fenómeno social trascendente en el mundo contemporáneo, un elemento que integra con personalidad propia la historia de los siglos XX y XXI. El hecho posee gran riqueza cultural y, a su vez, exhibe ángulos de estudio por las diferentes ciencias aplicadas. Uno de los más significativos es su estrecha correspondencia con la Comunicación Social.


Los estudiosos coinciden en que la actividad deportiva produce per se un lenguaje distintivo con variantes lingüísticas y simbólicas que incrementan el discurso del hombre. Se trata de palabras y expresiones capaces de definir con precisión sus diferentes modalidades competitivas. Es tan rica léxicamente que hasta diccionarios técnicos existen para conocer sus significados.

Tan grande ha sido la incidencia actual del hecho deportivo que los procesos comunicativos que lo acompañan rebasaron sus límites desde el pasado siglo. Su capacidad para crear modelos expresivos resulta de tal dimensión que, incluso, llamó la atención de las más prestigiosas instituciones lingüísticas que norman y coordinan los derroteros de nuestra lengua materna. Así,

la Asociación de Academias de la Lengua Española e incluso la Real Academia Española pretenden la plena incorporación a sus publicaciones, la consideración científica de sus aportaciones y la observación de sus neologismos por su capacidad para instalarse con éxito social en el habla común y por acoger las tendencias más novedosas del español actual (Marín Montín: 2001).

Antonio Alcoba, teórico con varios libros publicados sobre el tema, dice que las acciones del deporte, producto del comportamiento de los jugadores y de los reglamentos que lo ordenan, dan lugar en ocasiones a la extrapolación de sus significados a otras actividades. El deporte ha creado un idioma cuyo lenguaje se proyecta desde diversos ángulos: hablado, escrito, simbólico o semiológico (Alcoba, 1993: 27).

El problema es entonces la necesidad de profundizar en este asunto desde la academia y desde espacios de la comunicación deportiva, un concepto más vasto y atinado que su ejercicio profesional. Un comunicador especializado no solo está obligado a ejercer con creciente destreza el manejo del lenguaje, sino que deberá interpretar de forma más contextualizada el complejo mundo que enmarca la práctica de la cultura deportiva contemporánea.

Porque, según aprecia el propio Antonio Alcoba López, la comunicación deportiva ha pasado de ser una hermana pobre de la información, a ser reclamada por la sociedad, y el periodismo deportivo, enaltecido por la expansión del deporte y por los intereses creados a su alrededor, debido a ser una actividad inteligible para todos los seres humanos y abierta a todas las razas, ideologías y religiones, a convertirse en una faceta de la información con personalidad propia (Alcoba, 1993: 22).

El deporte conforma junto con los medios de comunicación un enlace que se realiza por códigos lingüísticos. Esta relación preside los conocimientos que trascienden hasta la lengua. Desde el punto de vista comunicativo, el resultado inmediato es el empleo consecuente de la terminología que se maneja para referirse a todo lo concerniente al sector deportivo.

Sin embargo, y como asegura Jesús Castañón, una autoridad en el asunto, a la hora de destacar sus formas de expresión se tiende más a comentar sus posibles fallos que a describir el estilo particular de hablar y escribir con el que muchas generaciones de periodistas han ensanchado las posibilidades expresivas del idioma español. Por eso, parecen tener más fuerza las tradicionales acusaciones de difícil asepsia intelectual, excesiva subjetividad, tendencia a la opinión, uso que se desvía de la norma común, inflación de extranjerismos, proliferación de terminología bélica y consideración como ámbito de torpezas gramaticales e incorrecciones (Castañón: 2008 ).

Desde el punto de vista estilístico, y por su naturaleza, la terminología de los deportes debería cautivar más a los lingüistas por lo que significa en el orden teórico y de la presencia constante de la temática en los diferentes medios de comunicación. Puyal, en su tesis de licenciatura, escribió sobre este particular, específicamente sobre el fútbol. Y aunque se refiere a España, en Cuba tiene un efecto similar, en este caso a lo relacionado con el béisbol. Dice:

…el número de españoles capaces de recitar de memoria los nombres de los jugadores de la Selección Nacional de fútbol es sensiblemente superior al de los que pueden hacer lo propio con los nombres de los ministros del Gobierno. Ante un fenómeno tan inmediato, y marginando cualquier otro tipo de consideraciones, se hace evidente que el impacto fútbol en nuestro país ha adquirido proporciones gigantescas. Este impacto, que se acusa, por supuesto, en muchos otros países, ha alcanzado, en su área de influencia, desde los aspectos sociológicos hasta los más variados de la actividad humana. El lenguaje, claro está, refleja ese impacto (Puyal, 2002: 1).

En efecto, a pesar del gran impacto y repercusión que tiene el deporte en la vida cotidiana de los cubanos, y de los resultados deportivos alcanzados por muchos de sus equipos y atletas en el contexto internacional, solo unos pocos trabajos abordan esa temática desde una perspectiva linguo-estilística.

Uno de ellos es obra de Lydia Castro Odio, titulado Análisis lingüístico de una muestra del noticiero deportivo. En ese estudio —su tesis universitaria en el 2003— la autora disecciona y analiza segmentos de la programación deportiva radial y televisiva cubana, pero solo la incidencia del lenguaje en esos medios, sin hacer referencia a la prensa escrita, objeto de estudio de este trabajo.

Otros materiales retoman el tema, pero desde una posiciones más bien costumbrista. Y en su generalidad el centro lo ocupa el béisbol, por su condición de deporte nacional, generador de un variadísimo surtido de términos y frases que han calado profundamente, incluso, en el habla cotidiana. No obstante su insuficiente estudio desde la ciencia, la terminología del béisbol en Cuba mantiene un lugar importante en el panorama lexicológico nacional.

Félix Julio Alfonso López, en su trabajo titulado Las frases del béisbol en el lenguaje popular de Cuba, dice que:

[…] esta enorme popularidad del juego de pelota llevó a que sus partidarios comenzaran a usar el léxico deportivo como una suerte de lenguaje paralelo al habla común, convirtiendo sus códigos en parte de la sabiduría popular. En tal dirección pudiera pensarse que tales locuciones solo resultan comprensibles para los hablantes de la lengua familiarizados con la jerga beisbolera y sus usos fuera y dentro del terreno; sin embargo, esta fraseología para iniciados en determinados contextos, expresa un sentido que puede ser decodificado fácilmente por quienes lo leen o escuchan aunque no sepan nada de pelota (Alfonso: 2001)).

En esta misma dirección, medio en broma, medio en serio, el periodista e intelectual cubano Manuel Márquez Sterling propuso un nuevo diccionario de términos beisboleros en el cual, junto a la definición literal del vocablo, apareciera una interpretación metafórica específica (Ver Anexo 1).

Los cubanos Alexis Castañeda y Edelmis Anoceto Vega aseguran que, más allá de estas necesidades prácticas del pasatiempo nacional, el pueblo ha ido creando una jerga que se ha extrapolado a la vida cotidiana fuera de los estadios, al extremo que ya apenas se recuerda su origen, mientras, por otra parte, se han llevado a la parla deportiva frases sacadas del lenguaje común para ilustrar momentos puntuales del juego (Castañeda: 2003).

Sin embargo, no todo es coincidencia sobre este punto del discurso beisbolero en la prensa entre los cubanos que lo han tratado. El prestigioso intelectual Lisandro Otero, por ejemplo, arremete así contra algunas de sus aristas:

El primer objetivo de toda jerga es lograr una comunicación rápida y sencilla usando términos técnicos. Mediante ese recurso los iniciados logran una rápida comprensión con un mínimo de recursos de exposición. Pero en el caso de la jerga beisbolera existe una voluntad barroca de oscurecer el mensaje, de complicarlo innecesariamente con metáforas y tropos que nublan el entendimiento. Es obvio que los iniciados entienden esas fórmulas estereotipadas y comprenden el galimatías en que se les habla (Otero: 2006).

El resto de los materiales que se aproximan al tema lo hacen desde enfoques humorísticos, costumbristas o periodísticos, es decir, sin hondura teórica o metodológica en los argumentos. El autor opina que, en virtud del desarrollo alcanzado por Cuba en materia deportiva, deben incrementarse los estudios en el ámbito periodístico, incluyendo la elaboración de un diccionario que recoja los aportes cubanos a la terminología deportiva y que constituya una herramienta de consulta y de trabajo para los profesionales que laboran en el sector.

La Real Academia Española toma en serio el asunto, pues en la última edición de su Diccionario se registran términos de 29 disciplinas de Juegos Olímpicos de verano e invierno y 51 deportes no olímpicos, con especial predilección por las artes marciales y los deportes de gran difusión social. Y el II Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en Valladolid, España, en 2001, se destacó la importancia de la renovación idiomática que genera el deporte al atender a los neologismos del habla común que se generalizan desde él. Este léxico periodístico especializado genera una gama de matices capaz de generar a cada momento códigos lingüísticos accesibles solamente para quienes siguen con regularidad el desarrollo de las competencias.

Desafortunadamente, es exigua la bibliografía especializada existente. Sin pecar de absoluto, se puede decir que el léxico periodístico deportivo está escasamente estudiado en Cuba por la ciencia. Eso a pesar de que, como afirma Arango Horero.

El mundo de la información deportiva creció como ningún otro en el periodismo del siglo XX. Difícilmente podamos encontrar una actividad de convocatoria masiva superior a la alcanzada por unos juegos olímpicos. El deporte es, en suma, una actividad cultural imprescindible en la sociedad contemporánea. Esta realidad plantea un reto para el periodista deportivo del siglo XXI, pues la profundización en el conocimiento de disciplinas de orden científico, humanista y social se hace tan imprescindible como el dominio de los deportes sobre los que informa (Arango Forero: 2005)).

El propio autor colombiano alerta de que el reto idiomático ante el segundo siglo del deporte moderno exige un conocimiento de la situación general de la comunicación deportiva. Y dice sobre el asunto:

La renovación del idioma español en el deporte requiere difundir el conocimiento de la lengua española, superar la formación de una lengua imprecisa, de tópicos, de lugares comunes y de fatales definiciones. Se trata de escribir en ella lo mejor que se pueda, cultivarla, precisarla, rehacerla luchando contra la pereza y con el apoyo del estudio científico de la lengua desde las universidades (Ibid).

El estudio del idioma del deporte debe convertirse en un observatorio de las nuevas tendencias del español más actual, pues en la última década del siglo XX y primera del XXI, cerca de 700 expresiones difundidas por el lenguaje periodístico del deporte se extendieron a otros ámbitos. Es una necesidad incrementar las investigaciones de la ciencia en ese campo.

En las facultades de Comunicación Social de Cuba no existen libros de texto que aborden desde el punto de vista docente el periodismo deportivo y su aprendizaje como modalidad con singularidades propias. Tampoco las casas editoriales han publicado diccionarios especializados que recojan en detalle en sus páginas la profusa terminología que el popular sector suele generar.

Durante años los periodistas deportivos cubanos se han formado de forma empírica, es decir, sin intervención directa de la academia. La mayoría tiene título universitario, pero no ha recibido cursos de especialización. La propia competencia deportiva ha sido la escuela fundamental, con el complemento de la fantasía personal para crear términos. Esta situación se agudiza porque no existe en el país un libro de texto capaz de propiciar un análisis a fondo del estilo deportivo y de describir sus regularidades, rutinas productivas e ideologías profesionales. Al carecer de esa bibliografía fundamental, los que llegan al sector exhiben un alto grado de improvisación en su trabajo.

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