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| Pablo Gutiérrez-Alviz Notario
Diario de Sevilla (Andalucía, España)
Miércoles, 29 de marzo del 2006

LA SOLDADA RASA

LA campaña para el correcto uso del lenguaje no sexista avanza inexorable con el apoyo expreso de las administraciones públicas. Como una feliz y democrática cruzada feminista contra la presunta opresión del machismo reinante en nuestro idioma. La Real Academia Española se opone a esta aberración lingüística porque supone desconocer el uso genérico del masculino gramatical. Por tanto, desaconseja el desdoblamiento sistemático de las palabras por el sexo, tipo «el presidente o la presidenta, el diputado o la diputada».


La milicia no escapa de esta moda y el ministro Bono ha proclamado que quiere generalas en paridad numérica con los generales. El lenguaje tiene difícil acomodo en el seno de este nuevo ejército mixto. Conviene hacer un repaso de las graduaciones, de menor a mayor, desde el soldado raso al general.

El recluta es varón porque el recluto no suena bien. El soldado busca a la soldada, que no es otra cosa que su sueldo o salario de toda la vida. La soldada es la retribución económica y no la mujer soldado. Si se llama a la soldada rasa, puede que se moleste por su escaso volumen pectoral, y la pobre recluta sería objeto de mofa por sus compañeros. El quinto, no puede ser en femenino la quinta, que es, en realidad, una casa de campo. Y quinta, a secas, es el fino de Osborne. El quinto bueno es el botellín de Cruzcampo de toda la vida. Y, en los toros, no hay quinto malo. La fémina relacionada con un quinto podía ser su novia y, en todo caso, no desearás a la mujer del vecino del quinto. El soldado gastador era el más alto, el que iba el primero en el desfile, abriendo paso. En cambio, la soldado gastadora sólo destaca por su mala administración: derrocha su propia soldada.

El cabo es cabo, de cabo a rabo. La caba con b sólo puede ser la que en El Quijote se menciona como la «caba rumía», la mala mujer cristiana que trajo a los moros a la Península. O sea, Florinda, la hija del conde Don Julián, el que por venganza llamó a Tariq y Muza, y a sus secuaces, para que nos invadieran en una primera alianza de civilizaciones. Porque la cava con v es la cueva donde se elabora el cava catalán. Quizá la acidez de ese vino espumoso la produce el exceso de gas natural. El cava te funde los plomos. Y, claro, lo mismo con la OPA de Gas Natural sobre Endesa, se corta la energía eléctrica corporal. Si se toma mucho cava a uno se le sube el gas natural a la cabeza y termina vendiendo baratas las acciones de Endesa. Con resaca y sin rechistar.

Si el sargento es mayor, me temo que no lleva una gran carrera militar, y la mujer sargenta suele abusar de sus galones a todas horas y de siempre. De joven, de mayor y en la reserva. Hasta en casa. Un alférez, aunque sea de complemento, nunca podría con la monja alférez. El teniente español, oficial y caballero, siempre sucumbiría ante la bella y difícil mujer del teniente francés. Un simple capitán no es nadie frente a toda una capitana de la flota castellana camino de las américas. El comandante ejerce de jefe. En algunos pueblos con guasa, la comandanta es la mujer del comandante del puesto de la Guardia Civil, que normalmente era un sargento. En peculiar diminutivo, y con cariño, sería la comandita, un tipo de sociedad mercantil. Y si lo abreviamos, la comanda: pedido u orden del menú elegido al estirado maître de un modesto restaurante con pretensiones.

El coronel no tiene quien le escriba y la coronela ha sido (la marca de) la leche entera que hemos tomado generaciones de sevillanos. Ahora tomamos leche del Día y semidesnatada. Así nos va. Si la coronela estaba mala es que se había cortado la dichosa leche. Por contra, en el futuro, si la coronela se pone mala habrá que avisar a la teniente médico –especialista en ginecología– para que le alivie su dismenorrea. Y el general, puede perderse en su laberinto, mientras que una mujer ejerciendo de generala, como mínimo, hará una gran generala y ordenaría el cuartel en condiciones, como Dios manda.

En Andalucía, como no podía ser menos, la consejera de Igualdad, con mando en plaza, ordena modificar el lenguaje machista para que, por fin, se «visibilice» a la mujer en todos los órdenes de la vida social. En este sentido, la directora del Instituto Andaluz de la Mujer se apunta como ardiente soldada rasa (plana, intelectualmente hablando) y da un paso más: pretende que se cambie el uso neutro del masculino genérico y se sustituya por un femenino genérico global porque, las mujeres son mayoría. Feminizar todas las palabras que encuentre en su marcial desfile. Esta señora, al frente del Ministerio de Defensa, se las gastaría cambiando el lema de todo los cuarteles. «Toda por la Patria». Andaluza, por supuesto.

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