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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Viernes, 26 de octubre del 2007

LA SABIDURÍA DE LAS PALABRAS

Siempre nos quedará ese magnífico monumento a la ambigüedad que es «pronóstico reservado». Cuando los médicos ignoran las causas o el origen de un determinado mal, dicen que es idiopático. Estupendo.


Melani Mckenzy me comenta que, si naonato es el que nace en un barco cuando está navegando, ¿cómo se llama al nacido en un barco cuando está surto en un puerto? No tengo ni idea, pero sospecho que, si el barco está surto en un puerto, el nacido lo es en la ciudad de dicho puerto. Pregunto: ¿cómo se llamaría el nacido en una estación espacial o en un vehículo similar? ¿Meteoronato?

A. Rodríguez-Gallardo me envía un documentadísimo análisis por el que se demuestra que, en diversos idiomas, anagrama es un juego de palabras por el que se forma una nueva palabra o frase con las letras de otra palabra o frase. Por tanto, estaba yo equivocado al suponer que anagrama es simplemente un 'emblema constituido por letras' y que traduce el objetivo de una empresa. Insisto en que no es una ligereza mía. En su origen, el anagrama era, efectivamente, un juego de palabras, pero hoy adquiere el significado dicho. Famosos anagramas en la Historia serían SPQR, INRI o AMDG.

Álvaro Ortíz de Zárate observa escrita la palabra güisqui, aunque su opinión es que tendría que escribirse «uisqui» o incluso «buisqui». No es esa la opinión de los gramáticos, quienes se inclinan por la forma güisqui y güisquería. Aun así, mi modesta impresión es que muchos siguen escribiendo whisky y pronunciando güisqui.

Otra observación de don Álvaro es sobre el cliché de «herido menos grave». Su opinión es que habría que establecer una escala, por ejemplo, «herido uno, dos o tres». No me parece que vaya a cuajar una escala nominal de ese tipo con apariencia numérica. Quizá sea más clara una simple dicotomía de «herido grave» o «herido leve». A la cual se puede añadir la calificación de «a mejor», «estable» o «a peor». Claro que siempre nos quedará ese magnífico monumento a la ambigüedad que es «pronóstico reservado». Cuando los médicos ignoran las causas o el origen de un determinado mal, dicen que es idiopático. Estupendo.

Manuel J. Samaniego se preocupa de la distinción entre oír y escuchar. Apunta una interesante interpretación:

En castellano se suele decir «voy a oír misa» y la razón del uso del verbo oír y no asistir, ir o aún escuchar es que, antiguamente, en las iglesias el coro ubicado en el medio de la nave central impedía ver el altar (que para mayor inri el sacerdote estaba de espaldas) por lo que sólo se podía oír al celebrante. ¿Cuántos de los asistentes escuchaban?

Añado que la expresión más acabada del carácter pasivo de la acción de oír es el dicho de «oye como quien oye llover» (= con indiferencia respecto al interlocutor). Sin embargo, sigo insistiendo en la sustitución de oír por escuchar cuando se refiere a lo que se oye por la radio o la televisión, aunque tantas veces ese estímulo sea soporífero. Es muy posible que esa sustitución se haya reforzado por la influencia del habla hispanoamericana.

Ricardo Blanco argumenta que la denominación de «Ingenieros de Montes» (frente a la de «Ingeniero Forestal» de otros países) se debe a que en España los bosques suelen estar en zonas montuosas. Don Ricardo prefiere esa denominación castiza que la de «Ingeniero Forestal» y concluye:

Termino mi alegato a favor de ésta mi profesión con la dedicatoria a los ingenieros de montes de los años 40 y 50 que hizo don Víctor de la Serna en su libro La ruta de los foramontanos: «A los Ingenieros de Montes, que rehacen la lozanía de la tierra española y le devuelven aquella juvenil gravidez que enamoró a Alfonso el Sabio. Porque lo hacen sin pedantería, en silencio y generosamente». Desde que la leí, poco antes de terminar la carrera, aún no he podido recuperarme de la impresión.

Me sumo a la dedicatoria de Víctor de la Serna, cabeza de una saga periodística y a la elección de don Ricardo. El bosque en castellano presenta una connotación siniestra, como algo impenetrable, confuso, amenazante. Recuérdese emboscarse o emboscada. Por otra parte, el monte da una imagen más realista del bosque mediterráneo, ralo, con claros y matojos.

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