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Agencia Efe

Jueves, 19 de enero del 2012

La polisemia convierte el lenguaje en más eficiente, revela una investigación


La polisemia de las palabras confiere una mayor eficiencia comunicativa al lenguaje, en vez de convertirlo en más imperfecto, según defiende una investigación del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) publicada hoy.


Las palabras con varios significados otorgan a las conversaciones una mayor rapidez y una mejor comprensión sonora, según este estudio, que subraya que el gran aliado para que este fenómeno ocurra es el contexto en el que se desarrolla el diálogo.

Ante las teorías que aseguran que la ambigüedad semántica de una palabra entorpece la comunicación, el profesor de ciencia cognitiva Ted Gibson cree que «una vez que entendemos que el contexto elimina la ambigüedad, ya no es un problema, es algo que se puede aprovechar porque se pueden reutilizar palabras fáciles en varios contextos una y otra vez», recoge en un comunicado del MIT.

La investigación, realizada con vocabulario en inglés, alemán y holandés, traza el perfil de las palabras con más tendencia a ser polisémicas: las de pocas sílabas, fácil pronunciación y alta frecuencia en las conversaciones.

Estas características demuestran, según los investigadores, que la polisemia mejora la eficiencia del lenguaje, ya que se recurre a estas palabras porque son más fáciles para los sistemas de procesamiento del lenguaje e implican un menor esfuerzo cognitivo.

«Los diferentes sentidos de la palabra se producen en contextos tan diferentes que permite a los oyentes deducir el significado casi de forma automática», agregan los investigadores.

Aseguran que, para el receptor de las palabras, es mucho más rápido procesar los datos vinculados al entorno que «invertir tiempo en sonidos más largos y complejos».

Pese a la supuesta eficacia de las palabras con múltiples significados, el estudio halló un terreno adverso a la polisemia, el lenguaje de las máquinas.

El doctor en Comunicación Steven Piantadosi, que dirigió la investigación, reconoce que «la ambigüedad es sólo buena para los humanos», dotados de mecanismos cognitivos muy sofisticados, pero advierte de las dificultades de aplicarla a los ordenadores, que no saben procesar el contexto. 

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