Noticias del español

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| Alí Medina Machado
Diario el Tiempo, Venezuela
Miércoles, 30 de abril del 2008

LA POESÍA DEL ALFABETO (II)

En esa ruta lingüística en la que aprendemos a armar nuestros mensajes expresivos, todos ellos con fines diversos de acuerdo con nuestras propias necesidades, nos acostumbramos a andar, por ejemplo, por el camino trillado de las vocales.


Y así, en ese silencio mental interior en que vive la lengua, solemos hacer un pequeño acto de magia y seleccionamos por ejemplo, la vocal E (e) para el tejido de infinitas voces léxicas que la contienen. Ella es eco también de nuestro pensamiento, y aunque no está en el aula si está en la lengua, y la lengua es más grande que el habla, porque es la madre que la engendra y la crea para todas las formas lingüísticas de la comunicación humana. La E (e) dice metafóricamente el poeta del abecedario es: «Tridente de vara rota / por pinchar a satanás», según podemos observar la gráfica que explica jocosamente esta imagen.

Con la poesía, no importa su sencillez, el éxito y concierto, podemos engendrar categorías expresivas desde lo más interior del pensamiento, aunque también podemos dejar traslucir lo que el mundo exterior es capaz de inspirarnos en un solo momento o instante. La poesía se fija en el mundo, lo detalla y lo describe a veces con un léxico que tiene la virtud de explicar todo porque el lenguaje es ciertamente una grandiosa forma de crear y proponer para el conocimiento y el embeleso, según sea su verdad lírica, valga decir su definición de propósitos. La poesía viene entonces desde las formas más pequeñas de la lengua, desde las vocales a las que llena de sangre poética y les da ese aliento espiritual a que huelen las briznas interiores del idioma cuando se personalizan y cobran vida, como dice la poesía del alfabeto, en la definición que hace de la letra F (efe) consonante fuerte y ruda como fuerza y sostén de esa esfera de damos que llamar mundo. Los versos nos dicen: «Sin desmayo, llave inglesa, ten el mundo hasta el final». Es porque este tipo de herramienta tiene la forma de la F, y una vez abiertas sus poderosas fauces son capaces de sostener y apretar a la misma bolita del mundo, como podemos ver gráficamente esa hazaña portentosa.

El alfabeto cuenta con una letra muy graciosa, casi rendida, la G (ge) a la que el poeta le da forma de canguro, un canguro viviente, alegre y muy vistoso. En el portento de la lengua aparecen estas armonías que buscan identidad entre elementos de la realidad circundante. Y el ojo creador del versificador goza de las más diversas aptitudes para emprender esta aventura de la comparación metafórica. Tiene que ser así, ya que la poesía es manifestación de criterios y círculo iluminado que va atrayendo detalles para ponerlos a significar desde la óptica particular, a veces con una gran riqueza de fidelidad y exactitud. En este caso, la poética deja de ser una rigurosa normativa de creación y deviene en un propósito descriptivo que induce a la contemplación y hasta al mero goce limitado de un momento o instante. Cuando el poeta dice que la letra G es un canguro, ni siquiera le da la consistencia de la madurez al animal, sino nos lo presenta en diminutivo, con el deliberado propósito de una mayor aceptación de la comparación, puesto que la pequeñez tiene la virtud de infundir ternura, amor y hasta pacificidad en el receptor. Dice el pareado: «Cangurito, sano y salvo, / nunca dejes de saltar».

Y luego, pasa el poeta a los predios del deporte para graciosamente hacernos una estupenda denominación de la consonante H (hache), letra que de por sí, carga sobre sus huesudas espaldas el ritornelo de la nada por su mudez y su simplísimo carácter etimológico nada más. No obstante, su armadura es consistente y apuntala con sus dos columnas paradigmáticas a la que agregamos la sintagmática horizontal que las traba y es entonces cuando el poeta la connota con una finalidad deportiva para el salto en las olimpiadas del abecedario. La letra hache tal vez haya anhelado estremecer su mudez con algún sonido posible. Pero es inútil por ser hija con ese padecimiento sensorial, a pesar de sus usos tan ponderados como el haber impersonal del verbo, o el habeas corpus de la justicia o la mismísima palabra habla que la contiene presidiendo sus letras, a pesar de no poseer el necesario título de fonema. Es la letra hache a la que el poeta en su pareado imprecador, y con tono imperativo la tutea y le habla: «Para mi salto en garrocha / bájame tu horizontal».

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