Noticias del español

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| Séneca Paz R.
El Nuevo Día (Venezuela)
Jueves, 23 de agosto del 2007

LA PALABRA: INVASIÓN FONÉTICA Y GRÁFICA

VOY escuchando los noticiarios. Atento sigo la información en la cual se me dice que «el huracán DIN pierde fuerza tras dejar 12 muertos en el Caribe. Tocó tierra con fuerza 5 (la máxima) en México, pero ahora se ha rebajado a intensidad 2» ¡Gracias a Dios!, exclamo. Veo el periódico y observo la misma noticia: «El huracán Dean pierde fuerza tras dejar 12 muertos en el Caribe». ¡Ah caramba —digo— dos huracanes. Me saca de mi ignorancia un pequeño que sabe inglés. Cosas de la fonética.


La propaganda que ciertas marcas comerciales realizan en nuestros medios de comunicación está creando desajustes notorios, y de consecuencias imprevisibles, en las complejas relaciones entre la pronunciación y la ortografía que trata de representarla. Déjenme mostrarles que tal afirmación no es simplemente la protesta de un purista del lenguaje, agorero y reaccionario.

Muchas personas, que sólo conocíamos la marca de neumáticos «Firestone» a través de su expresión escrita, quedamos desconcertadas al oír en la radio y en la televisión referirse a ella como /fáirestón/ (incluyendo, sí, la anómala acentuación en las dos sílabas marcadas). Y, del mismo modo, si aguzamos nuestra vista y oídos, no podremos por menos que sorprendernos ante desajustes tan llamativos como /súpergüín/ para lo que aparece escrito como Superween, /pléiskúl/ para Playskool y /bulite/ para Woolite, a los que todavía podríamos añadir la Coca-cola /láit/ light, y, ¡pásmense ustedes!, /sében áp/ para algo que se rotula 7 up; y así seguiríamos hasta la saciedad.

No cabría imaginar mejor prueba para demostrar que la ortografía española es simplicísima, a años luz de las de otras lenguas de nuestro entorno, y ello a pesar de los disgustos y protestas que causa; pero, al mismo tiempo, convendrán conmigo en que, a este paso, necesitaremos de alguien que nos explique personalmente y al por menor cuál es la correcta pronunciación y ortografía que corresponden al nombre de cada nuevo producto, porque, desde luego, nada tienen que ver con la española; una marca como súnsilk nos ofrece una secuencia de consonantes –lk en final de sílaba que bajo ningún concepto aceptaríamos en palabras castellanas, latinas o griegas; y lo que no ha permitido el español al noble latino spiritus, que convertimos en espíritu, lo aceptamos, con creces, en Sprite, para el que acuñamos la bárbara pronunciación /spráit/, que desbarajusta cualquier norma sobre aparición de consonantes que quepa imaginar en nuestra lengua. Claro que alguien insinuará que esta lengua ya no es nuestra, sino suya, de las multinacionales, al igual que nuestro bolsillo. Eso sí: a cambio nos darán chucherías y saciarán nuestros caprichos. Esto es apenas un iceberg del tema, que para los anglohablantes es /aisber/.

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