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| Mario Diament (Miami)
LANACION.COM Exterior (Argentina)
Sábado, 24 de febrero del 2007

LA PALABRA DEL ESCÁNDALO

La misma sociedad que convive confortablemente con la guerra en Irak, la cárcel de Guantánamo, la pena de muerte y la multimillonaria industria de la pornografía, puso el grito en el cielo la semana pasada, por la aparición de una inocua expresión anatómica en un libro infantil.


La palabra es «escroto», la bolsa de piel que cubre los testículos de los mamíferos, y aparece mencionada en la primera página de El gran poder de Lucky, la novela de Susan Patron, que mereció la Medalla Newbery 2006, el más prestigioso de los premios a la literatura infantil en los Estados Unidos.

La heroína de la historia, una huérfana de 10 años llamada Lucky Trimble, escucha la palabra a través de un agujero en la pared cuando otro personaje cuenta que vio a una serpiente picar a su perro Roy «en el escroto». El término evoca en Lucky «esa cosa verde que aparece cuando una tiene la gripe y tose mucho» y concluye en que «suena a médico y secreto, pero también a algo muy importante».

No tuvo la misma resonancia con los bibliotecarios y maestros de escuelas primarias de todo el país que, enterados de la existencia del vocablo, comenzaron a cancelar órdenes del libro y a denunciar lo inapropiado que resultaba para una audiencia de entre 9 y 12 años.

«La inclusión de un órgano genital no añade nada a la historia», se quejó Dana Nilsson, una maestra y bibliotecaria de Durango, Colorado. «La presencia de esa palabra me impide leer el libro en voz alta». Frederick Muller, un bibliotecario en una escuela secundaria de Newton, Nueva Jersey, se hizo eco de la inquietud cuando escribió: «Si yo fuera un maestro de tercero o cuarto grado, no me gustaría verme obligado a explicar esa palabrita».

La controversia se difundió a nivel nacional cuando el diario The New York Times publicó la historia en la primera plana de la edición del domingo y las reacciones alcanzaron a Europa y Oceanía. Los blogs y los grupos de interés de los bibliotecarios se sumaron a la polémica, lo mismo que las secciones de cartas de lectores de los diarios.

Leslie Poder, un especialista en integración tecnológica, declaró al diario Star Tribune, de Minneapolis, Minnesota: «Esto representa un aterrador ejemplo de nuestra cultura puritana pasada de revoluciones». Una lectora de Tennessee escribió al The New York Times: «Muchos se han escandalizado por la inclusión de esta palabra por la autora; yo creo que es más escandaloso que un libro ganador de la Medalla Newbery sea removido de las bibliotecas de todo el paí». Y un bibliotecario de Alemania se sumó al debate, preguntando: «Si mis colegas de Estados Unidos quieren proteger a los niños, ¿no sería más sensible poner la energía en protegerlos de las cosas que realmente les hacen daño, como la pobreza, el hambre, los padres abusivos, las armas y la guerra?»

Pronto, la controversia excedió lo apropiado del uso del vocablo para considerar las propiedades anatómicas del órgano. «Tengo que salir en defensa del pobre y viejo escroto, en bien de los varones, de mi profesión y de las sensibilidades de los niños», escribió el doctor Glenn Peirson, un médico canadiense al correo del diario Globe & Mail. «Esta antiestética bolsa cubierta de piel, que descansa debajo del pene, protege a los testículos y mantiene la temperatura perfecta para la elaboración de la contribución masculina a la fertilización».

«¿El escroto perfectamente diseñado?», se indignó un lector en Ottawa. «El doctor Peirson debe estar bromeando. En lugar de mantener los órganos de reproducción de esperma dentro del cuerpo, como debería ser, los hombres están constantemente expuestos a lastimarse o a sufrir un dolor indescriptible, porque las células de esperma solo pueden ser producidas a una temperatura menor que la del cuerpo. Si hay un argumento contra la teoría del "diseño inteligente", éste es, francamente, el más concluyente».

El miércoles, The New York Times consideró oportuno editorializar sobre el asunto, afirmando: «Todo esto [el escándalo] constituye una lamentable manera de tratar un libro dulce y divertido, cuyo personaje principal, una sagaz y curiosa niña de 10 años, tiene la suficiente sabiduría como para advertir el poder y el misterio de las palabras».

Pero sobre el fin de semana, las cartas de lectores seguían lloviendo, el libro alcanzaba el status de best seller y la estupidez humana, disfrazada de moralidad, insistía en exaltar los atributos profilácticos de la ignorancia.

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