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| Ricardo Soca
www.elcastellano.org
Lunes, 12 de enero del 2009

LA PALABRA DEL DÍA: PRIAPISMO

priapismo


Erección permanente y dolorosa del miembro viril, sin deseo sexual. El mal es provocado por un trastorno vascular que afecta los mecanismos de la erección: el pene no logra evacuar la sangre que lo llena y se mantiene rígido, incluso después de apagado el deseo. Luego de más de cuatro horas de erección continua, se recomienda abrir quirúrgicamente los cuerpos cavernosos y drenar la sangre estancada, para evitar la gangrena.

La palabra proviene del griego priapismós, que tiene el mismo significado, y deriva del nombre de Príapos (Príapo), el dios de la fertilidad vegetal y animal, hijo de Afrodita y Dionisos, representado con un falo enorme, venerado inicialmente en la región del Helesponto.

Según el mito griego, el priapismo era un castigo de los dioses: Pegaso, embajador de Dionisos, partió de su ciudad, Eleuteras, hacia Atenas, llevando una estatua del dios del vino, pero al llegar a destino fue rechazado con furia por los atenienses y tuvo que emprender el regreso . En represalia, Dionisos castigó a los hombres de Atenas con la enfermedad del priapismo. Cuando consultaron el oráculo de Delfos, éste les advirtió que sólo podrían curarse si homenajeaban al dios ofendido con los cultos que merecía.

Los afectados fabricaron entonces grandes falos y los llevaron en procesión junto con la estatua de Dionisos. El mal cesó y todo volvió a lo normal, pero por las dudas, para evitar toda posibilidad de recaída, desde entonces en Atenas, junto con las Grandes Dionisíacas, la fiesta anual del vino, se realizaba la procesión de los falos, llamada phallephoria.

EL LATÍN DEL DÍA

de verbo ad verbum

Palabra por palabra; al pie de la letra.

EL APELLIDO DEL DÍA

Tamayo

El apellido Tamayo procede de Cataluña. Según Fernando González-Doria en su Diccionario heráldico y nobiliario de los reinos de España, esta familia tuvo su primitiva casa solar en Cataluña, aunque hoy se extiende por toda España e Hispanoamérica.

La historia del apellido Tamayo se remonta a los tiempos de la Reconquista, cuando los ejércitos cristianos ocupaban las tierras que durante siglos habían sido dominadas por los moros. Personajes de esta familia recibieron solares y tierras como premio a sus hazañas en la Reconquista y posteriormente el apellido estuvo presente en la conquista y colonización de América. Numerosos topónimos en América muestran que miembros de esta familia llegaron muy tempranamente al Nuevo Continente.

Las armas de esta estirpe son, en campo de plata, un castillo cuadrado, de gules sobre rocas. Otras ramas presentan cinco torres de plata, almenadas de oro, puestas en sotuer, sobre campo de azur. La presencia de los Tamayo en América está marcada por nombres célebres, como el político ecuatoriano del siglo XIX José Luis Tamayo, el poeta y político boliviano Franz Tamayo, que fue presidente de la República y el pintor mexicano Rufino Tamayo. Cabe mencionar además el dramaturgo madrileño Manuel Tamayo y Baus, todos ellos del siglo XIX.

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