Noticias del español

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| María Torres Ponce
milenio.com, México
Jueves, 18 de diciembre del 2008

LA PALABRA

La palabra es una herramienta que se usa, sin eludir las nuevas tecnologías, las cuales como instrumento también ahora se utilizan para transmitir el conocimiento.


Por tal motivo recomiendo un texto titulado La seducción de las palabras, de Álex Grijelmo, en donde está al alcance el camino para conocer el sonido, el símbolo, el valor, la fuerza y el poder de la palabra, para educar tanto a su emisor como a su receptor.

El español Álex Grijelmo se ha dedicado al periodismo desde hace muchos años en El País, en donde fue jefe y redactor, así como el encargado de su «libro de estilo», entre otras actividades periodísticas que ha desarrollado a lo largo de su vida. Entre otros libros, destacan: La defensa apasionada del idioma español, así como La punta de la lengua y El estilo del periodista, que se usa como guía en las escuelas de periodismo en España.

La seducción de las palabras se da porque su aroma despierta la percepción de los afectos, y no de la razón. Su atracción no busca el sonido del significante, el que llega directo a la mente racional. No, lo que busca es el significante del sonido, que sólo se percibe con los sentidos y, por lo tanto, llega a los sentimientos.

Hay palabras que denotan porque «dicen»; y las que connotan, las que «significan» —aunque sean las mismas— los mensajes construidos con enunciados. Es decir, lo que se lee «entre líneas», a diferencia de lo que se lee a simple vista. Este texto reivindica el concepto del vocablo seducción, condenado a su significado de 'engañar con arte y maña, persuadir suavemente al mal', por el sentido positivo por el uso actual, que se ejerce para 'cautivar el ánimo'.

No obstante, las palabras que fascinan no son inocentes y han servido y sirven para educar a una nación, pero también para manipular; y en las manos de quienes educan está precisamente la ética para compartir en su nivel más leal el conocimiento a través del pensamiento de quien habla y ejerce su autoridad intelectual. Se me vienen a la mente las palabras de Pitágoras: «Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida.»

La obra de este autor es un compromiso lingüístico, no sólo para quienes son estudiosos de la palabra, sino también para todos aquellos interesados en saber más acerca del uso de nuestra lengua oficial: la española, castellana en su origen.

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