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| Redacción
lavozdeasturias.es, España
Jueves, 22 de diciembre del 2010

LA ORTOGRAFÍA DEL JEFE

Acabaremos decorando las paredes con la norma, las leyes o las recomendaciones del uso del lenguaje Antes eran veintinueve o veinte y nueve o 29, ahora 27 porque la ‘che’ y la ‘elle’ son fonemas de dos grafemas.


Piensa usted porque habla o escribe?, ¿o habla y escribe porque piensa? ¿Y si piensa correctamente es porque habla y escribe con la norma?, ¿o habla y escribe porque piensa según el canon? No vayan a entender que estos retruécanos son los argumentos baladíes para aplicarles este miércoles un palique de resbaladizo y criptográfico discurso para salvar una semana y tender las dudas sobre la «noche de paz, noche de amor».

Para otros años u otros tiempos dejaré cómo en la Nochebuena, en minúscula, anote falta doble porque además no va entre guiones o paréntesis, su suegra le ataca o usted carga contra ella, su cuñado la arma o la cuñada le estampa y usted se emborracha con el peor de los champañas mientras se repite que ésta, con tilde el pronombre demostrativo, otro suspenso pues, según el purista del jefe que sólo (nuevo error) así puede atajarle su impertinencia, será la última vez que se presta a tamaña payasada de unificación en la desunión.

El párrafo anterior estaría bien para el final del artículo, supongamos. Pero resulta que está colocado al principio. ¿Y? Nada. Son sólo letras, unas detrás de otras, combinadas. Antes eran veintinueve o veinte y nueve o 29, ahora 27 porque la che y la elle son fonemas de dos grafemas. Así lo cuenta, fue así desde hace mucho tiempo, pero su jefe de usted no lo sabía hasta que ahora le han atizado con la ortografía del hoy, un nuevo tratado de gramática coordinado por un asturiano de Taballes (Bimenes), llamado Salvador Gutiérrez Ordóñez, catedrático de Lingüística en León, y miembro de la Real Academia Española (RAE) que ahora dejará de dirigir el asturiano de Villaviciosa Víctor García de la Concha.

Con la ortografía, consensuada en la Hispanoamérica del español, se va éste. Uno de los nuestros al que es preciso reconocerle sus méritos. Para que luego nos digan que de Asturias únicamente salen borrachos y dinamiteros. Alcohol y pólvora tuvo el mandato de García de la Concha al frente de la RAE aunque ni en el significante ni en el significado tradicional. ¿Diríamos que la forma destila otra sustancia o que de ésta hemos alcanzado otra aquélla? Metáfora sobre metáfora, entonces. Es decir, transiatoris transiator .

O reconversión. Entendámonos mejor de esta manera. Lo que era terreno vedado de eruditos, esnobistas y finalmente meapilas por mor de la gestión de ese filólogo con calle en Villaviciosa se ha convertido en un fenómeno de masas. Y sus publicaciones, libros de grandes tiradas en primera lista de los superventas: los diccionarios, la gramática, la ortografía. De poco vale saber si fueron leídos y, menos, comprendidos. Ya se sabe que la letra impresa cuando parte de su emisor deja de ser su patrimonio para convertirse en el del receptor. Lo llamaron, en los tiempos del bum hispanoamericano, el lector cómplice.

Haya o no lector, existe vehículo. Y estantería o desván para él. De modo que acabaremos decorando las paredes de la casa o sus trasteros con la norma, las leyes o las recomendaciones y las descripciones del uso del lenguaje. Y así es imposible que nadie pueda argüir que desconoce las prescripciones.

Pero las ignoramos porque no nos son necesarias con los libros en el anaquel y aunque, a fin de cuentas, sigamos cavilando sin método en palabras o en pensamientos. O sin ellos. Lo suficiente arriesgados todos nosotros para que alguien, su jefe, el que dice que le paga aunque usted cobra de lo que trabaja y él recibe de lo que usted crea, cargue con una gramática preceptiva, no de uso, para reprocharle que su sintaxis, la ordenación de las palabras o los pensamientos, no es que no conduzca a nada, que esté equivocada o que sencillamente es mala. No sino que transgrede la norma.

El mandato de esta ortografía que en buena jornada los poetas, los novelistas y los dramaturgos se lo han pasado por el forro. A dios gracias que aunque la Academia se vindique con sus publicaciones exitosas, no echaré contra ellas, algún día también debería explicar porque la transgresión y la utilización es el principio tal vez no de la lengua, que también, pero sí del habla.

Prefiero no citar formas de literaturas, por ejemplo, como la de William Faulkner para que no digan que siempre voy a lo mismo, es decir, a los que me gustan. Y ahora, pueden, si aguantan, leer de nuevo el primer párrafo. Es para cerrar este decurso ácrata que quiere justificar la conveniencia del principio rector.

¡Ah. Y feliz Navidad.

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