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| Ana Guardiola (La Opinión de Murcia, España)

«La Nueva gramática es un tesoro que muestra la gran diversidad del español»

Pedro Guerrero, catedrático y colaborador de la Nueva gramática de la lengua española.

¿Cómo surgió su colaboración en la Nueva gramática de la lengua española?

-Soy académico correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y, por mis conocimientos, se me eligió como uno de los tres miembros que debíamos revisar, investigar y hacer los trabajos para la comisión interacadémica. Un ponente enviaba los capítulos y, a partir de ahí, llevábamos a cabo las correcciones, la elaboración de textos y la búsqueda de citas, entre otras cosas.

Dicen que ha sido un trabajo de titanes

-Han sido ocho años muy duros, porque la Nueva gramática cuenta con 8.000 páginas con más de 28.000 citas. Piense que es un mapa lingüístico del español que hablan millones de personas, por lo que debía recoger toda la diversidad lingüística de los hispanohablantes, entre ellos, los de Estados Unidos.

En España, Latinoamérica y Estados Unidos no hablamos igual, ¿cómo es posible haber llevado a cabo este trabajo?

-De ahí su importancia. Es una Gramática que recoge toda esa diversidad. Porque nuestra unidad está precisamente en esa diversidad. La última que había era de 1931 y se ha trabajado mucho para publicar una que recogiera las diferentes formas de cada país, de cada comarca lingüística, que es como se ha trabajado.

¿Qué supone para un catedrático de Murcia (España) haber colaborado en esta obra?

-Ha sido un honor y un placer, porque conozco muy a fondo cada modismo y variables léxicas de Norteamérica y Cuba y, además, vas descubriendo que se habla un castellano muy legítimo en otros países. Por ejemplo, en Colombia tienen variables que parecen muy arcaicas y, realmente, son muy españolas.

¿Cómo es el castellano que se habla en Estados Unidos?

-Tiene muchas influencias de Cuba, Puerto Rico y México. Desde San Francisco hasta Arizona, por Nuevo México, Colorado y Texas, estuvieron los españoles y quedaron giros fonéticos muy interesantes.

¿Qué debe suponer la Nueva gramática para los hispanohablantes?

-Es un tesoro… en realidad no hemos descubierto nada, porque la lengua es de quien la habla. Los académicos lo que hacemos es normalizar esa riqueza léxica y, aunque nos queda mucho camino, lo que hemos hecho es dar cuenta de que esa normalización y esa descripción de nuestra lengua tiene variables maravillosas. En algunos países, realmente, se habla de forma muy poética. Hemos descubierto muchas palabras de la tradición latina, porque la diferencia formidable con la de 1931 es que en aquella sólo se recogía cómo se habla en España.

¿Hasta qué punto es útil para un ciudadano de a pie?

-Es una Gramática muy científica, para personas muy preparadas, porque sus objetivos eran registrar variantes conversacionales, responder a dudas y cuestiones normativas. Es una obra muy detallada sobre las áreas dialectales, en la que también se definen los conceptos a través de los textos literarios. De ahí que el próximo año vaya a salir, además de los tomos de Fonología y Fonética —hasta ahora se han publicado los de Morfología y Sintaxis—, un manual de ochocientas páginas para profesores, institutos e incluso escolares, un tomo más sencillo que va a ser muy manejable. Pero los tomos principales son muy importantes porque mejoran las anteriores gramáticas sin perder la identidad de aquellas. Por ejemplo, es la primera vez que se recogen las principales variantes de pronunciación del mundo hispanohablante. En definitiva, se trata de una Gramática colectiva, panhispánica, que muestra la unidad y la diversidad. Es descriptiva con las pautas del idioma y muestra los usos y desusos. También es sintética, porque conjuga la tradición con la novedad y, sobre todo, es muy práctica, porque fija una referencia.

El texto reúne miles de referencias literarias, ¿la literatura nos ha ayudado a comprender y ‘absorber’ la forma de hablar de los países hispanohablantes?

-Por supuesto, la rama culta del español está en los textos literarios y por eso no podíamos prescindir de ellos.

¿Y cómo se habla en la Región de Murcia?

-No se habla mal, me niego a que digan que aquí se habla mal. Se habla como se habla y no tenemos por qué hablar como los burgaleses o los leoneses. Aquí hay hablas y se dice comel en vez de comer por el trueque entre la l y la r, sobre todo en Jumilla o Lorca. En el Campo de Cartagena hay un habla común y no se pronuncia la s, como en Andalucía o Extremadura. Pero una cosa son las hablas y otra que quieran convertir las hablas huertanas en una lengua. El panocho es una lengua artificial que no hay por qué abandonar, pero sólo en la lengua oral, donde sí está permitida. Dámaso Alonso siempre nos decía que las variedades lingüísticas hay que preservarlas como un tesoro, porque lo importante es que la gente se comunique.

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