Noticias del español

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| Carmen G. Bernal
abc.es, España
Miércoles, 7 de febrero del 2007

«LA MUJER ES LA QUE MEJOR MARCADA HA ESTADO SIEMPRE EN EL LENGUAJE»

El profesor Osuna trabaja codo con codo con la catedrática María Luisa Calero, pero no comparte «del todo» su opinión sobre el sexismo en el lenguaje. Aunque sí mantiene el mismo planteamiento que su compañera de departamento. Será el uso el que determine si los términos propuestos por el colectivo Jóvenas Feministas tienen cabida en la vida cotidiana.


¿Apoya la opinión de que el lenguaje es sexista?

– No lo creo. El sexismo está en la sociedad más que en la lengua.

Pero hay corrientes que tratan de corregir algunas «tendencias machistas»

– Sí. Por un lado, se recomienda utilizar las formas ya existentes en el español para hacer más visible a la mujer utilizando tanto el masculino como el femenino. Aunque en algunos casos ésta sea lo políticamente correcto, en otros provoca una lentitud en el discurso que no funciona para el contexto diario. El lenguaje pierde su economía y fluidez.

Según señalan algunas feministas, esta economía del lenguaje ha ido en favor de ocultar lo femenino en lo masculino

– El masculino, en realidad, no marca al masculino. Es neutro. El masculino engloba a toda la clase, sin determinar género. El femenino ha sido, sin duda, el género que mejor marcado está lingüísticamente. Por ese motivo, no entiendo que se quiera hacer visible a la mujer en el lenguaje cuando es la que mejor visualizada ha estado siempre.

¿Qué opinión le merece el fomentar el uso de términos como «marida» o «jóvena»?

– Disparatado. Tenemos recursos en el español que ya definen esas realidades, por lo que no tenemos que inventar nuevos términos. En el caso de «marida», podemos decir «esposa» o «mujer», sin problemas. Por otro lado, «joven» es un adjetivo y, como tal, es neutro. No marca ni macho ni hembra. A nadie se le ocurriría modificar «fuerte» o «ágil», por ejemplo.

¿Existen mecanismos en el lenguaje que faciliten la presencia femenina sin tener que transgredir la norma?

– Sin duda. Las terminaciones en «a» y «o» no es el único modo con el que el español ha marcado las diferencias entre géneros. También se han utilizado los artículos (la/el joven) o la inclusión de elementos léxicos, como elefante macho.

¿Será finalmente la sociedad quién decida el éxito o no de estos términos?

– El lenguaje va a ir adaptándose a lo que marque la sociedad y a sus gustos. Indudablemente la incorporación de la mujer a puestos hasta ahora de hombres está provocando un giro lingüístico. Así, cuando «la alcaldesa» ha pasado de ser la mujer del alcalde a la máxima responsable del Ayuntamiento, porque lo ha marcado el nuevo rol de la mujer en la sociedad.

El revuelo causado, sin embargo, ha sido mucho

– Sí, y es positivo. Algunos hablan de la necesidad de una discriminación positiva en el lenguaje en favor de la mujer. Cosa que yo, en particular, no comparto. La lengua tiene que atenerse al uso y el uso, a la razón. Cuando no se atiende a la razón, ya no es uso, sino abuso.

No comparte que el cambio se fuerce

– Forzar un cambio en el lenguaje sin que se produzca en la sociedad no tiene sentido. Se quedará en un espacio administrativo, políticamente correcto, que no tendrá su repercusión en el día a día.

¿Comparte la idea de que el lenguaje puede ser otra forma de violencia?

– El lenguaje puede transmitir actitudes violencias. Puedo insultar con un piropo y piropear con un insulto. La violencia está en las personas y no en las palabras.

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