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| Agencia EFE

La muerte de Ignacio Padilla a los 47 años en accidente conmociona las letras

La muerte del escritor y académico mexicano Ignacio Padilla a los 47 años en un accidente de tráfico ha conmocionado al mundo de la cultura en su país, impactado por la desaparición de uno de los máximos exponentes de la generación del crack.

Padilla, nacido en la Ciudad de México en 1968, falleció la noche del viernes en un accidente de tráfico en el estado de Querétaro, en el centro del país, informó hoy la Secretaría de Cultura.

«Nada te prepara para esto. Nada justifica el absurdo de una muerte así», escribió en su perfil de Facebook su amigo y compañero de la generación del crack Pedro Ángel Palou.

«Mi vida se queda incompleta, como la suya. La literatura mexicana pierde a uno de sus grandes y yo a mi compadre, a mi gran amigo», continuó el autor de El diván del diablo, añadiendo que está «helado, atónito».

Aparte de su «terrible» y «dolorosa» partida física, « saber que no voy a poder leer nada más de Nacho me llena de un desasosiego inmenso, porque hemos perdido a una de nuestras mejores voces», afirmó a Efe el escritor Benito Taibo.

Padilla, ahondó Taibo, abanderó «las mejores causas, haciendo lo que había que hacer por este país y por su gente», y fue «un gran maestro de sus alumnos y de todos nosotros».

«Hoy nos levantamos y se nos cayó el alma al suelo (…) teníamos una cena pendiente que no podremos hacer», lamenta el escritor.

En las redes, las personalidades del mundo de la cultura solo tienen palabras de cariño para la memoria de Padilla, quien también era profesor en la Universidad Iberoamericana y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua (AML) desde 2011.

«Lamento el fallecimiento de Ignacio Padilla, un hombre de letras en el más amplio sentido de la palabra. Mi pésame a su familia», publicó en su cuenta de Twitter el secretario de Cultura mexicano, Rafael Tovar y de Teresa.

El novelista y ensayista Mauricio Montiel recordó en la misma red social cómo Padilla reseñó antes que nadie su primer libro de cuentos, en 1992.

También señaló que estuvo presente en el homenaje a Padilla celebrado a principios de agosto en el Palacio de Bellas Artes capitalino: «Fue, ahora me doy cuenta, una despedida adelantada», escribió.

En un comunicado, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) subrayó que el autor «profundizó en la obra de Miguel de Cervantes desde una óptica literaria, más que académica».

Padilla era un gran conocedor de la obra cervantina, como lo demuestra que su tesis doctoral de 1999 en la Universidad de Salamanca (España) versara sobre El diablo y lo diabólico en la obra de Miguel Cervantes o que eligiera al manco de Lepanto como eje para su discurso de ingreso en la AML.

Este año publicó la obra Cervantes y Compañía, una serie de ensayos en coincidencia con el 400 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes y del inglés William Shakespeare.

En 1996, Padilla y otros autores, entre ellos Palou, Jorge Volpi, Eloy Urroz y Ricardo Chávez, lanzaron el Manifiesto del Crack, que tenía como objetivo renovar la literatura mexicana.

Aunque en su bibliografía brillan títulos de novelas como La catedral de los ahogados (Premio Nacional Juan Rulfo para Primera Novela 1994) o Amphitryon (Premio Primavera de Novela 2000), Padilla mostró en repetidas ocasiones su preferencia por el cuento.

No en vano, a este seguidor de Edgar Allan Poe, Antón Chéjov y Guy de Maupassant le gustaba definirse como «físico cuéntico».

«A veces me crece un cuento que me pide espacio y se convierte en novela, pero mi tempo, mi aliento, es de cuentista; me siento más a gusto en los 100 metros planos, no en el maratón», comentaba en una entrevista con Efe realizada en 2015.

Moviéndose entre el cuento, la novela, el ensayo y la literatura para niños, entre otros campos, publicó alrededor de 30 libros.

En el homenaje en el Palacio de Bellas Artes, enmarcado en el ciclo Protagonistas de la Literatura Mexicana, el escritor denotó su pasión por contar historias, y se incluyó dentro de «una generación que pudo dedicarse muy tempranamente a la creación literaria en un país sin lectores».

«No me alcanzará la vida para narrar todo lo que quiero contar», dijo Padilla en el homenaje.

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