Noticias del español

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| Violeta Yanguela
El Nacional (Santo Domingo, República Dominicana)
Lunes, 16 de abril del 2007

LA MONARCA

Que no, que no se trata de una monarquía, porque si fuese así y el rey fuese varón, habría que decir el monarca, lo que también resulta extraño en estos tiempos de lenguaje políticamente correcto. ¿No se supone que debería ser el monarco que es el masculino de monarca? Pues no, es que monarca no tiene masculino.


La confusión se agrava cuando se trata de presidente. Ahora resulta que es la presidenta y tampoco se explica por qué no el presidento. El género masculino debía convocar a una protesta mundial por discriminación. A propósito de género, ésa es otra de las palabras que también trae confusión.

Las políticas de género andan recorriendo el mundo mundial y ahí es que la cosa se complica. En un tiempo se creía que género era femenino y masculino, pues no, equivocación rotunda, ahora género es femenino. Las políticas de género son exclusivas para las hembritas. ¿Y no se supone que debía ser políticas de génera?

En este ambiente de confusión, de conflictos y de lenguaje políticamente correcto, cuentan que existe un símbolo que cada día expresa su satisfacción por haber salido del anonimato. Se sentía discriminado, olvidado y apartado. Se trata de la @. Es la arroba y es ¡femenino! Se supone que los varones harán otra protesta, también global, por discriminación. Ahora pertenece al mundo de los ¿géneros? Es neutral. Y es incluyente. En esa @ caben todos y sin discriminación. Varoncitos, hembritas, maricones, lesbianas y travestis. Eso es lo que se llama un signo democrático. En lenguaje dominicano, «entran tó».

El asunto es que con la Monarca, que se supone es el tema del artículo, se sigue la complicación porque la Monarca es una mariposa. Y no se equivoque, que la monarca también es macho, pero no es ni mariposo ni monarco.

Ese frágil insecto, que no, que no se dice insecta aunque se trate de mariposa, es capaz de volar 4,500 kilómetros para emigrar a México desde el centro de Estados Unidos y de Canadá. En su extraordinario vuelo, este insecto se guía por el Rey Sol.

Cada septiembre, la Monarca emprende un viaje por una duración de dos meses a una velocidad de 75 kilómetros por día. Al comenzar la primavera repiten de nuevo la travesía con una parada técnica en California para depositar los huevos y regresan a sus orígenes solas y solitas porque después del apareamiento que tiene lugar en los primeros meses del año, el macho, zasssssss muere.

Evidentemente que le hacen honor a su nombre. Es la Monarca.

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