Noticias del español

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| Amando Hurtado
www.elplural.com, España
Jueves, 4 de junio del 2009

LA MASONERÍA YA NO ES «SOCIEDAD SECRETA»

Al menos no aparecerá definida como tal en los diccionarios editados por las Academias de la Lengua de los países de habla hispana.


Hace dos años, los masones del madrileño Ateneo Génesis solicitaron de la Real Academia de la Lengua Española la corrección de los textos con los que —hasta la actual 22ª edición de su Diccionario— ha venido definiendo los términos «masonería» y «francmasonería»: con el primero de ellos se designa escuetamente a una «asociación secreta» y con el segundo, algo más explícito, a una «asociación secreta de personas que profesan principios de fraternidad mutua, usan emblemas y signos especiales, y se agrupan en entidades llamadas logias».

Como resulta impensable que nuestros doctos académicos hayan carecido de información sobre la legalización de la Masonería (desde 1979) y desconozcan que el artículo 22.5 de nuestra Constitución (junto con la Ley Orgánica 1/2002) prohíbe en España la existencia de «asociaciones secretas», hay que suponer que han preferido mantener la incongruencia de sus definiciones con la realidad, por razones no precisamente lingüísticas y aun a riesgo de incurrir en lo que podría considerarse toma de postura ideológica por parte de una institución nacional como La Academia, cuyo crédito exige la neutralidad o asepsia política, religiosa y científica de sus definiciones conceptuales. Guste o no, la Masonería española es una Institución nacional y universal desde el siglo XVIII, aunque tan mal conocida como suelen serlo todas las iniciativas que han estado integradas por españoles indóciles o rebeldes, enfrentados con dogmatismos y folclores explotados políticamente como tradiciones supuestamente intocables.

Del morbo inspirado por el mal explicado y peor entendido «secretismo» masónico, adobado tenaz y libremente con las consabidas supersticiones populares sobre demonios, magia y «misas negras», han tenido históricamente parte de culpa los propios masones, por no haber querido o podido (hasta hace muy poco tiempo) dar publicidad a su metodología simbolista de iniciación filosófica, facilitando con ello la labor de sus habituales detractores.

Tras un primer rechazo de reparación del entuerto y de casi dos años de obligadas consultas con las Academias de los países de habla hispana, la Real Academia de la Lengua Española, con fecha 23 de marzo del 2009, ha confirmado que en su 23ª edición del Diccionario definirá la Masonería como «Asociación universalmente extendida, originariamente secreta, cuyos miembros forman una hermandad iniciática y jerarquizada, organizada en logias, de ideología racionalista y carácter filantrópico».

La nueva definición esquemática pone de relieve que la Masonería es una «asociación universalmente extendida» y no una «sociedad secreta» (aunque lo fuera en otro momento) y que se trata de una hermandad «iniciática», es decir: con finalidad y contenido filosóficos. Habría sido mucho pedir a la Real Academia que aclarase, además, que la mencionada «jerarquización» solo es cierta en lo que se refiere al procedimiento iniciático gradual, que imita muy concretamente el de la fraternidad de los constructores escoceses (Aprendices, Compañeros y Maestros) reorganizada por William Schaw a finales del siglo XVI, jurando guardar secreto respecto a las técnicas aprendidas en los talleres, con el fin de evitar su distorsión en manos de falsos profesionales.

Sin duda, junto al pequeño regocijo de los masones de habla hispana por esta puesta al día de nuestro lexicón se van a oír algunos aullidos, más o menos feroces…

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