Noticias del español

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| José Juan Botelli
eltribunosalta.com.ar, Argentina
Jueves, 6 de septiembre del 2007

LA MALA PALABRA EN LA PROSA

Tal vez mi condición de asiduo lector, me da alguna autoridad para escribir de este tema, sin embargo ahora, lo hago con cierto recelo por tantas lectoras y lectores tan pundonorosos en el hablar, que se resienten al leer una palabra grosera. Cuando no, tengo que empezar ejemplificando con la prosa de Borges (que las sabía todas) y que nunca soltó al escribir, una mala palabra, pues opinaba que lo que más se gasta en una escritura es lo obsceno y lo pornográfico.


En efecto, una «mala palabra» es una obscenidad, si consideramos que obsceno significa lascivo, lujurioso, impúdico, algo fuera del buen gusto. Pero hoy, quizá no hay para qué andar con recelos, pues uno oye a las jovencitas de 13 y 14 años que salen de sus colegios, soltar palabras tan crudas como «no seás boluda» y otras «delicias», ellas siempre pensando que así «se está en onda»… La «cosa» viene ya desde viejos escritores ilustres como Boccaccio que escribió por el 1300 el cuento El hombre preñado, por lo menos, así se lo tradujo al castellano.

Y ya Cervantes se despacha un «hi de puta, bellaco», sin ningún recelo ni importarle escandalizar a nadie, pues por otra parte, el idioma español debe ser el más rico en cuanto se trata de «malas palabras», que algunos piensan que quedan bien cuando están en su justo lugar. Y ya por el 1950 sale Sartre titulando una obra La putaine respectueuse (que eufemísticamente se tradujo como La mujerzuela respetuosa, verdadero anzuelo para tantos ávidos lectores).

Hace poco García Márquez, no tuvo empacho en titular una breve novela con un título que es de tan grande mal gusto, que aquí no vale la pena repetir… Por último, la austríaca Elfriede Jelinek, Premio Nobel literario 2004, que se despacha novelas llenas de malas palabras (así las vemos traducidas), que los tan circunspectos académicos del Nobel resuelven premiar como «novedosas» y hasta diríase «artísticas».

¿Será que en realidad este mundo actual está tan esnob que le resulta novedoso o valioso aplaudir y consagrar lo grotesco y fácilmente vendible, o será que se está viviendo días en que lo mediático (el rating) lo vulgariza todo al punto que hay que ser procaz para ser «valioso» o por lo menos «valedero»?.

Porque, por otra parte, el castellano nuestro está lleno de bellos eufemismos para no hablar siendo crudos o agresivos. Desde hace tanto que usamos el decir «pareja» por concubina, cuarto de baño por retrete o excusado; decimos «intimidad» a los órganos sexuales en vez de tantos crudos equivalentes que todos los varones (y «las niñas») conocemos… No obstante, ante tantos términos que usan los mal hablados y las mal habladas (por lo manos por ser elegantes) intentemos imitar a Borges en el cómo hablar y cómo escribir.

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