Noticias del español

| | | |

| Luis Pousa
elcorreogallego.es, España
Domingo, 8 de junio del 2008

«LA LENGUA, Y NO LA GEOGRAFÍA, DEFINE UNA LITERATURA»

Darío Villanueva. El ex rector de Compostela ocupa hoy el sillón D de la Real Academia Española


«Ya no soy de la Fundación Cela, ni tampoco soy patrono del Centro Galego de Arte Contemporáneo», aclara Francisco Darío Villanueva Prieto (Vilalba, 1950; casado: dos hijos; catedrático de Literatura Comparada y Lingüística General; rector de la Universidade de Santiago de 1994 a 2002, y académico de Real Academia Española). La entrevista se celebra en su despacho de la Facultad de Filología seis días antes de que ocupe el sillón D de la RAE. En la mesa reposa un libro del poeta norteamericano Mark Strand sobre el pintor estadounidense Edward Hopper. «Es un libro de un género al que aludo en mi discurso en la Real Academia, la expraxis, es decir, la descripción con palabras de pinturas. Hopper es uno de mis pintores preferidos», comenta mientras hojea el libro. El académico tiene «un empacho de aupa» de escribir, y espera «descansar una temporadita»: en febrero publicó, Imágenes de la ciudad. Poesía y cine de Whitman a Lorca; el discurso de la Academia, será recogido en un libro; y ha corregido las pruebas de Las fábulas mentirosas, que está a punto de salir en México.

¿Al estar en Dublín se entiende mejor el Ulises de Joyce?

Joyce escribió el Ulises en Trieste. Son muy curiosas las cartas a su tía, pidiéndole que fuera a determinada iglesia a ver si seguía habiendo yedra en la entrada posterior de la sacristía, porque si no le resolvía ese dato no podía continuar escribiendo la novela. Él decía que su propósito con el Ulises era que si un día, por un cataclismo, Dublín desapareciera, a través de su novela se pudiera reconstruir. Con mi tesis doctoral, fue un libro que leí detenidamente, porque no es fácil. No podría visitar Dublín sin la perspectiva de entender mejor el Ulises.

¿Los géneros literarios han cambiado mucho?

No tanto. Todas las estructuras creadas en torno a la literatura, si las despojamos del oropel, se quedan en pautas de comportamiento lingüístico básico. El teatro es el diálogo; la novela es la narración; la poesía es la exhaltación del yo más íntimo.

¿Las tecnologías están modificando la literatura: interactúan?

Martín de Riquer, publicó hace treinta años un trabajo fascinante, donde demostraba que el descubrimiento de la fabricación del papel cambió las formas de las narraciones en Europa, durante la Edad Media. Cuando hablamos de tecnologías, pensamos en las electrónicas, pero el avance tecnológico más importante de la humanidad fue la invención de alfabeto fonético, 3.500 años antes de Cristo, que permitió reflejar las palabras a través de los signos.

¿Qué deudas tiene el cine con la literatura?

Uno de los mejores directores, Serguéi Eisestein, en sus escritos sobre David Griffiths, dice que cometeríamos un error si pensáramos que el cine es algo que nace de un invento técnico: es el resultado de una evolución cultural demorada a lo largo de los siglos.Y, añade, Griffiths aprendió a narrar en Dickens, y Griffiths así lo reconocía. El cine vino por el acopio de formas expresivas, narrativas, que en la literatura están mucho antes.

¿Y qué deudas tiene la literatura con el cine?

Entre 1895 y 1927 hubo un trasvase de artistas de la literatura al cine. Un ejemplo es Buñuel, que era un poeta, —el título de Un chien andalou está tomado del libro de poemas suyo, El perro andaluz—. A partir de 1930, el cine empieza a inspirar la técnica de los escritores. La influencia del cine en la generación perdida nortemericana, en el neorrealismo italiano, en el nouveau roman francés es perceptible.

¿En Carlos Ruiz Zafón hay un exceso de cine?

Ruiz Zafón ha sido guionista, y lo que él dice es razonable. En el siglo XIX, la novela abría un mundo al lector que vivía en el quinto pino. La novela tenía que ofrecer perspectivas novedosas; incluir personas y paisajes. Los escritores de hoy no pueden adoptar aquella descripción tan minuciosa y rica de un novelista de siglo XIX, porque el cine describe de manera inmediata, exhaustiva, al tiempo que narra.

¿El amor seguirá siendo uno de los principales ingredientes de la novela?

Es curioso: se conserva el textimonio de un médico griego tardío, Teodoro Cristiano, que recetaba la lectura de novelas helenísticas —eran amorosas tipo de Dafnis y Cloe— como remedio contra la impotencia. Desde su origen hay una vinculación entre la temática del amor y su descripción, y el género de la novela. Y sigue siendo así. Un tratadista del s. XVII define la novela como un relato en prosa de historias amorosas fingidas. Eso no quiere decir que no haya novelas en las que el amor esté erradicado. Unamuno, que era bastante opaco a lo erótico, tiene alguna novela casi depurada al cien por cien de esta temática.

¿Don Quijote y Sancho siguen siendo un retrato de España?

Si fuesen sólo el retrato de España, no habrían tenido el éxito universal que tienen. Hace un lustro la Academia sueca promovió una encuesta entre cien escritores de cincuenta países para determinar cuáles eran las novelas más importantes de todas las literaturas, y ganó El Quijote, que tuvo el doble de votos que la segunda, A la búsqueda del tiempo perdido, de Proust. Aunque los personajes del Quijote estén ambientados en la España del s.XVII, son un referente sobres el que se proyectan hombre y mujeres de muy diferentes culturas.

¿A usted qué le dice la figura física del hidalgo?

Es fascinante. Mi discurso de ingreso en la Academia apunta a esto. El Quijote inspiró la imagen visual desde el principio. Ha dado una cantidad de ilustraciones asombrosa, y desde 1613 se incluyeron figurantes vestidos de don Quijote y Sancho, haciendo pantomimas, en fiestas populares y palaciegas.

¿Sancho es el contrapunto del Quijote?

Sí, es el complemento en la significación, y la iconografía ha marcado la diferencia. Pero yo me quedo con las palabras. Harold Bloom, el gran pope de la crítica que tiene veneración por Shakespeare, reconoce que Cervantes y Shakespeare están equiparados, y después de ellos no hay nadie. Y añade que Shakespeare hace unos personajes que son unos grandes solitarios, unos monologuistas, mientras que don Quijote se construye hablando. La verdad es que El Quijote es una novela fundamentalmente dialogal, de concoloquio, de conversación. Eso es el gran aporte de la obra de Cervantes. A través de los diálogos de Quijote y Sancho y otros personajes, se construyen las psicologías, se representan las pasiones y con una inmediatez que aguanta el paso del tiempo.

¿Por qué tenemos la impresión de que los personajes de Shakespeare son actuales?

Porque Shakespeare trazó una galería de retratos mucho más completa que Cervantes. En su dramaturgia están representadas, a base de encarnaciones individuales, las pasiones humanas más importantes. No es lo mismo Otelo que Hamlet.

¿Si hay una literatura irlandesa en inglés, por qué no hay una literatura gallega en castellano?

Yo soy un filólogo y lo que para mí define una literatura es la lengua. La literatura griega es la escrita en lengua griega, independientemente de dónde se haya escrito. La procedencia geográfica es un factor secundario.

¿Camilo José Cela fue un representante de la modernidad?

Joyce, Faulkner, etc, realizan en el primer tercio del siglo XX la renovación de la novela sobre el modelo de la del s. XIX. Cela, formado en el modelo de estos escritores, con una vocación de poeta que la guerra torció, a partir de los años cuarenta se convierte en un novelista —quizás con un cierto décalage temporal— de búsqueda de nuevos caminos. Algunas obras suyas sorprenden mucho, estoy pensando en Cristo versus Arizona o Mrs Cadwell habla con su hijo. Pascual Duarte es una novela tradicional, muy en el molde de la novela picaresca. La Colmena es la gran novela de la colectividad urbana; terminada en 1946 y publicada en 1951 en Buenos Aires por problemas con la censura. Es un escritor renovador, que rompió moldes, aunque en algunos casos se repitiera.

¿Torrente Ballester redescubre el realismo mágico?

La Universidad de Laussane organizó un congreso en 1985, y yo preparé una conferencia titulada El cervantismo de Torrente Ballester. Él estaba allí, y la víspera de mi conferencia le dieron el premio Miguel de Cervantes, por lo que comencé mi intervención diciendo: no crean que la he escrito esta noche. Fundamentalmente es un escritor cervantino, porque Cervantes lo que hace es jugar con la imaginación y la realidad. Su libro El Quijote como juego es de los más perspicaces e inteligentes, de lo mejor que ha escrito Torrente.

¿Valle Inclán es un salto?

Valle es un escritor prodigioso, que se adelantó a su tiempo varias décadas. Es muy difícil encontrar a alguien que tanto en novela como en teatro sea capaz de hacer lo que él hizo. Es la gran figura del modernismo internacional, donde están Joyce, Proust, Hesse, Mann…

¿El castellano es una lengua amenazada en Galicia?

Yo creo que no.

¿Qué significa el Plan Bolonia para la universidad?

Es el futuro. La universidad ha pervivido nueve siglos porque es capaz de adaptarse a las circunstancias. Empezó como el lugar donde se preparaban los cuadros dirigentes para el emperador y el Papa. A partir de la revolución de Humboldt, surge la universidad científica. Y hoy, sin renunciar a esto, la universidad tiene que ser una factoría implicada en generar un conocimiento que sea transferible a la sociedad, para producir riqueza y avance material.

¿La excelencia sigue siendo el referente de calidad?

En el deporte hoy en día nadie discute la excelencia: hay deportistas de élite. Un indolente no es igual que un esforzado. Hasta donde yo alcanzo, el conocimiento es el resultado de un esfuerzo en donde todo el mundo tiene lugar, porque no hay nada más igualitario que el cerebro humano. Un cerebro humano sano es completamente competitivo con cualquier otro cerebro humano sano. El propio Quijote tiene una frase que yo repito: «No es un hombre más que otro si no hace más que otro». Esa es la clave.

EL PERFIL

«Melón con jamón, un plato que bordo»

¿Suele ir al cine?

Sí; me encanta. De hecho mi discurso en la Real Academia trata del Quijote antes del cinema. Estoy muy contento de que la Facultade de Ciencias de la Comunicación me haya encargado una asignatura sobre relaciones de cine y literatura, que se llama Análisis del Guión y la Adaptación Cinematográfica. El cine español me gusta mucho, es una de las facetas culturales más vivas que tenemos, y me gustó muchísimo La soledad de Jaime Rosales.

¿Y al teatro suele ir?

Hice teatro cuando era estudiante universitario; fui director, gané algunos premios de mejor dirección y esa afición la he mantenido siempre. La última obra que vi fue Carnaval, de Jordi Galcerán, en Madrid, en abril. No sólo me gusta el teatro de repertorio, también me gusta estar al tanto de lo nuevo, y Galcerán es uno de los autores más vivos.

Además de la pintura, ¿le gustan otras artes plásticas?

Me gusta muchísimo la arquitectura. De la pintura me gusta toda y soy un asiduo visitante de museos, pero tengo una especial inclinación por la pintura realista de temática profana, cotidiana, contemporánea. Y la que más aprecio es la pintura flamenca de los siglos XVI y XVII. Para mí el Rijkmuseum de Ámsterdam es el museo donde me gustaría perderme.

¿La arquitectura es un arte?

Sí, sin ninguna duda. Es la reconstrucción estética del espacio. De mi epoca de rector algunos de los momentos más gratos para mí fueron con arquitectos, especialmente la visita que hice Arata Isozaki, en su estudio de Tokio, y a Norman Foster, en su estudio de Londres. Además, por supuesto, de toda la relación con Álvaro Siza, de donde salió el proyecto de la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Y luego los arquitectos gallegos, que son estupendos, desde Manolo Gallego Jorreto a todos los demás, pues no quisiera olvidarme de ninguno. Tanto de la arquitectura como de la escultura me gusta la tridimensionalidad.

¿Cuáles son sus apetencias musicales?

Escucho música continuamente mientras trabajo. Me gusta la música medieval, la música clásica en cualquier de sus ciclos —incluyendo el dodecafonismo y la música más actual—, la música folclórica, el pop.. En fin, toda.

¿Qué tal lleva la conciliación de la vida familiar?

Ahora mejor que en la época que fui rector, independientemente de que mis hijos son mayores y prácticamente hacen vidas independientes.

¿Sabe cocinar?

Salvo el melón con jamón, un plato que bordo, a partir de ahí prefiero no pronunciarme.

¿Participa en las tareas de casa?

En Bayona me encargo de la aspiradora.

¿La gusta viajar?

Siempre el último país al que uno va es el que más le seduce. Acabo de estar en Rusia, era la primera que viajaba allá, y me que he quedado con ganas de volver. También estos años pude sacarme una espina clavada, al visitar Irlanda. Y tengo dos sitios de enclave a los que vuelvo: Buenos Aires, la CIUDAD, y Nueva York.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: