Noticias del español

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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Martes, 27 de mayo del 2008

LA LENGUA VIVA: TIEMPO Y ESPACIO EN LA LENGUA ESPAÑOLA

Para expresar una situación indefinida, un problema a medio resolver, referirse a una persona de cuya situación o toma de postura se duda, en España se dice que está entre Pinto y Valdemoro, con una ubicación geográfica.


Pinto y Valdemoro son dos lugares próximos de la provincia de Madrid, ahora dos núcleos de la mancha metropolitana madrileña. Se cuenta que hubo en Pinto un vecino borrachín que gustaba de empinar el codo en un merendero de las afueras del pueblo, justo en la linde con Valdemoro, señalada por un regato. Por efecto de la euforia etílica, el borrachín solía saltar de uno a otro lado del regato diciendo: «Ahora estoy en Pinto, ahora en Valdemoro». Una vez el salto fue más inseguro y el hombre se cayó al arroyo. Empapado como quedó, el animoso dipsómano gritó: «¡Ahora estoy entre Pinto y Valdemoro!» La frase hizo fortuna y quedó para indicar la vacilación entre dos opiniones o estados de ánimo.

La preferencia por una circunstancia de lugar para marcar indefiniciones es la que se usa también cuando se dice que es como el gallego, que cuando te lo encuentras en una escalera, no sabes si sube o baja.

El sentido del espacio y el del tiempo se unen en algunas expresiones. Por ejemplo, la acción de tener lugar, que es tanto como suceder algo previsto, no sólo cuándo sino dónde. Espacio y tiempo, por tanto, se pueden diferenciar en español por separado; pero también se mezclan y se combinan en el hablar.

La lengua gusta de jugar con la duración del tiempo hasta comprimirla educadamente. Así, queda muy brusco decir que vendré dentro de un rato, cuando el interlocutor está expectante o tiene prisa. En su lugar ese futuro se comprime en una especie de presente futurizo que casi anula la dimensión temporal hasta dar una idea de inmediatez. Por tanto, la locución condescendiente es ahora mismo vengo. En México y en otras zonas iberoamericanas la cortesía se extrema con el recurso del diminutivo, de tal forma que el ahora se transforma en ahorita, por lo mismo que, el luego se convierte en lueguito. Una de las funciones de la conversación es la de agradar al interlocutor. Los diminutivos citados son típicos de pueblos que no han sabido interiorizar el sentido de la puntualidad.

El madrileñismo de eso está hecho no hay que tomarlo literalmente, sino, antes bien, se emite para indicar que algo no está realmente hecho todavía, pero que está en camino de serlo. Es, pues, una expresión voluntarista. Es casi como decir déjemelo de mi cuenta (por ejemplo, lo expresa así el intermediario de un negocio o de una gestión burocrática). Es, otra vez, para indicar que el tiempo entre la pretensión y el resultado se contrae hasta el límite de la inmediatez.

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