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| Amando de Miguel
Libertad Digital, España
Jueves, 17 de enero del 2008

LA LENGUA VIVA: RETÓRICA POPULAR, MULETILLAS Y REPETICIONES

La reiteración de esos clichés tiene la virtud de ganar tiempo tanto al que habla como al que escucha o lee. Claro que, si esos recursos se repiten demasiado, resultan cansinos. En ese caso demuestran la pereza del que habla.


Armando Marchante Gil se refiere al abuso de la muletilla «por activa y por pasiva» que, según él, la puso en circulación el periodista deportivo García. La verdad es que se trata de un recurso retórico que necesitan los españoles para dar a su discurso el carácter enfático que tanto se admira, Hay quien dice «por activa, por pasiva y por perifrástica» para indicar que algo es así de todas las formas posibles. Tengo mis dudas de que se trate de una innovación léxica de José Mª García, el famoso presentador deportivo, quien dio rienda suelta a muchas expresiones populares. Recuerdo, por ejemplo «chupóptero» (el que vive del cuento), una voz que ya se empleaba hace un siglo. Lo de «abrazafarolas» (borracho) sí creo que fue un hallazgo de García.

Vicente Torres Aceituna (Priego de Córdoba) me recuerda un dicho de su tierra: «Cuando un tonto coge un camino, se acaba el camino antes que el tont». Don Vicente aplica ese dicho al uso de ciertos latiguillos de la lengua pública que se repiten hasta el cansancio:

  • Es un reto
  • Apostar por
  • Es un icono
  • La joya de la corona
  • El buque insignia
  • Dar luz verde
  • Emblemático
  • Importante
  • Lo que es
  • Está reunido
  • Ciertos son los toros. Todos esos latiguillos suelen ser clichés, metáforas, revenidas que integran lo que yo he llamado «rellenos semánticos». Es decir, repiten un término o una adjetivación que sirve para muchas ocasiones. Francamente, no creo que sea una cosa de tontos. La reiteración de esos clichés tiene la virtud de ganar tiempo tanto al que habla como al que escucha o lee. Claro que, si esos recursos se repiten demasiado, resultan cansinos. En ese caso demuestran la pereza del que habla.

    Severino Arranz me envió una lista de «binomios copulativos» o «dobletes sicofónicos». No entiendo lo de sicofónico, que alude a las voces misteriosas que dicen que se registran en aparatos de grabación. Pero la lista es muy salada. Selecciono algunas parejas:

  • corriente y moliente
  • ni tanto ni tal calvo
  • pitos y flautas
  • entero y verdadero
  • Entiendo que la función de estos dobletes es la estética de adornar el discurso con rimas y repeticiones que dan un aire festivo. En inglés ese recurso es todavía más frecuente.

    Gabriel Ter-Sakarian Arambarri me envía una previosa lista de textos de lo que él llama perisología (términos superfluos). Selecciono:

  • «comieron una comida eterna, sin principio ni fin» (Quevedo)
  • «porque el amor de tal vida / cuanto más ciego va siendo / que tiene el alma rendida / sin luz y a oscuras viviendo» (San Juan de la Cruz)
  • «¡que siga la alegría y que no decaiga!».
  • Mi opinión de las formas perisológicas es que no son superfluas cuando se cumple con ellas una función de elegancia, de reafirmación de la personalidad, esto es, literaria. ¿O no es una hermosura lo de los «claros clarines»? En ese caso se juega con otra figura que es la paronomasia (= sonidos iguales o parecidos), tan difícil de ejecutar por la escasa tolerancia para la repetición de permite la lengua española. Pero la repetición, la reiteración, es una de las constantes de todas las formas artísticas, particularmente de la música. Muchos juegos y placeres infantiles consisten en la repetición. En inglés son muy típicas y simpáticas las expresiones que se forman con una repetición de sonidos con un aire festivo:

  • hanky-panky (= cachondeo)
  • willy-nilly (= quieras que no)
  • first and foremost (= lo primero y principal)
  • nitty-gritty (= lo esencial del asunto)
  • Esas formas podrán ser aliteraciones (repetición de fonemas). A veces se repiten elegantemente palabras enteras, con una técnica retórica muy conocida de los sermones y discursos. Recordemos el sermón de las bienaventuranzas, uno de los pasajes más hermosos del Nuevo Testamento.

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