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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Lunes, 26 de febrero del 2007

LA LENGUA VIVA: PROSODIA

Juan A. Marladet (de origen bilbaíno) discrepa de mi interpretación de algunas pautas incorrectas en el habla coloquial como «fruto de alguna misteriosa herencia cultural». Su juicio es mucho más claro: «Esta usted equivocado: es fruto de la desidia, de la permisividad y del pasotismo que afecta a nuestra sociedad».


Don Juan se precia de pronunciar la jota de reloj, la elle de Mallorca y la efe de golf. No dice Madriz ni Valladoliz. Aplaudo el esfuerzo prosódico de don Juan, pero no se puede condenar en masa a una población porque se incline por pronunciar algunos sonidos de modo incorrecto. Opera aquí la ley exculpatoria de los grandes números. Los paisanos de don Juan seguramente se considerarán «bilbainos» y no «bilbaínos», lo cual tiene su gracia. Media España dice «poyo» y no «pollo», sin que nadie se confunda ni se alarme. Cierto es que muchos madrileños pronuncian Madriz o Madrí, pero los de raigambre catalana dirán Madrit. El nombre de México se pronuncia Méjico, pero en la época de Cervantes seguramente se pronunciaba algo así como Méshico. También se pronunciaba don Quishote (escrito con equis) el nombre de don Quijote.

Jorge Eixeres se queja de que en la radio pronunciemos muchas veces la equis como ese. No creo que tenga mayor importancia, sobre todo cuando la ese está al comienzo. Por ejemplo, xenófobo, que en el habla usual decimos senófobo. También los catalanes tienden a pronunciar la equis como che, y no pasa nada. Más sentido tiene la crítica de don Jorge cuando oye en la radio «el índice Down-Jones». Está claro que debe ser «Dow-Jones».

Israel Ausin precisa que Rudolf Diesel es de origen alemán aunque nacido en Francia. En efecto, así es. Rudolf (originariamente Christian Karl) Diesel fue un ingeniero alemán nacido en París. A él se debe ese monumento a la eficacia energética que es el «motor diesel». Él lo llamó «motor de combustión racional». Como homenaje a su descubridor deberíamos decir en español dísel, castellanizando la pronunciación del apellido. Pero es inútil lo que yo pueda argumentar. Todo el mundo en España dice «diésel» y escribe «diesel».

Javier Velázquez (Jerez de la Frontera) se pregunta por el origen del seseo canario. Por otra parte, observa que la privativa ch de los canarios —cuyo sonido se aproxima a la y— se puede oír en Valverde del Camino (Huelva). Ese último dato me proporciona la pista de que la particular prosodia de los canarios se explica porque el grueso de los que conquistaron las islas eran andaluces. Esa es la razón también por la que en la América hispana domina el seseo. Lo que ya no sé es por qué muchos andaluces sesean, y otros cecean. Sospecho que ciertas peculiaridades prosódicas surgieron para distinguirse.

Alberto Del Ángel Hernández (mexicano residente en Bélgica) reconoce que en México no se distingue bien en el habla la S de la Z y a veces de la C. Asimismo se confunde la B y la V. Pues, a pesar de la aparente confusión, esas equivalencias de sonidos no plantean ningún problema serio. Los hispanoparlantes nos entendemos perfectamente aunque algunos hayan perdido la distinción S-Z-C o la de B-V. Si se produce una cierta ambigüedad, tampoco es para preocuparse. Antes bien, la conversación se hace más interesante.

Alfredo Díaz me tranquiliza respecto del término «aparato fonético» para caracterizar los hábitos de pronunciación que se transmiten culturalmente. Don Alfredo razona que hay que distinguirlo del «aparato fonador», que es la estructura anatómica, común a todos los humanos. Marco Bahón Tellechea me hace la misma observación.

Jorge Gil Molist (Lloret de Mar, Gerona) anota que las palabras terminadas en «eme» (com, Sam, etc.) tienden a pronunciarse con «ene»: con, San, etc. «Ignoro a qué se debe el fenómeno y siento curiosidad por averiguarlo». Muy sencillo. En el idioma español son muy raras las palabras terminadas en «eme». Por tanto, a los niños que se destetan en ese idioma les resulta difícil esa pronunciación. La más cercana es sustituir la «eme» por la «ene», que es un sonido más familiar. Teóricamente el ser humano es capaz de pronunciar todos los sonidos, pero el filtro cultural nos señala que unos son más fáciles que otros. Es muy sencillo: son más fáciles de pronunciar los sonidos que oímos con más frecuencia. Un catalán dirá Madrit en lugar de Madrid, pero un madrileño castizo se inclinará por decir Madriz o Madrí. La cosa no es grave si todos nos entendemos. Es más, esas variaciones pueden tener cierta gracia.

Mª Paz Velázquez discrepa de José María Navia-Osorio respecto a la observación de que los españoles no saben pronunciar la hache aspirada, haciéndola jota. Doña Mª Paz sostiene que los andaluces sí saben pronunciar la hache aspirada. Añado que también los extremeños dominan ese sonido. Es más, hay andaluces y castellanos que pronuncian algunas eses como haches aspiradas. Algunos políticos exageran esa distorsión. Por lo visto así obtienen más votos o son entrevistados más veces.

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