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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Viernes, 3 de octubre del 2008

LA LENGUA VIVA: POLÉMICAS GRAMATICALES PARA MATAR EL TIEMPO

Los adverbios no admiten fácilmente su conversión en sustantivos y por tanto tampoco adhieren posesivos, aunque puede que haya alguna excepción respetable. Se me ocurre lo de "un antes y un después" que a mí me suena tan relamido.


Ignacio Garca (presumo) me dice que no está clara la norma sobre el artículo o los adjetivos que acompañan a la palabra agua. «¿Se puede decir un agua, esta agua, el agua este? Suena mal». Y tanto. La norma es bastante precisa, aunque reconozco que yo también tengo dudas muchas veces. Veamos. Hay voces femeninas que empiezan por esa a tónica (incluso ha). En esos casos, lo normal es que, aunque sigan siendo femeninas, llevan el artículo el. Por ejemplo, el agua, el habla. Esa aparente «masculinización» no se mantiene con el adjetivo. Así, el agua gélida o la única agua. Tampoco procede con los adjetivos demostrativos y otros tipos de determinativos. Por ejemplo, se dirá esta agua, mucha agua, poca agua. Como toda buena regla, la que comentamos mantiene algunas excepciones. Por ejemplo, la hache es muda (nombre de letra), la Ana es la más lista (nombre de mujer) o la ADA salva muchas vidas (siglas con sentido femenino porque la A significa Asociación), la Álava industriosa (topónimo por referirse a una provincia). Mi duda es la siguiente. Puesto que Álava es ahora un «territorio» (vaya por Dios), ¿se tendría que decir «el Álava industrioso»?

Agustín Fuentes me plantea si está bien dicho lo que a veces se oye por ahí: «una poca más de agua». A don Agustín le repugna esa forma y tiene toda la razón. En ese caso poco no es adjetivo sino sustantivo (= algo, cantidad pequeña). Así pues, está bien decir «es poco agua la que ahora tenemos», puesto que agua es femenino, porque ese poco, repito, es sustantivo. Aun así, efectivamente se oye lo de «una poca más de agua» y hay que ser pacientes con esa variación popular.

Daniel Colomar Dugo (Sevilla) llama la atención sobre el «esnobismo sociolingüístico (de) eliminar el articulo determinado para referirse a familiares». Bueno, también podría decirse «para referirse a los familiares». Don Daniel pone el ejemplo de «voy a casa de tío Manolo, pero antes comeré en casa de abuelo Pedro, que abuela Tere está mala». No me parece un grave esnobismo. En el lenguaje tradicional se puede oír con naturalidad «cuando falte padre» o «madre está muy mayor», sobre todo hablando entre parientes u otras personas cercanas. No hace falta decir «cuando falte mi padre», etc.

Don Daniel afirma que él no diría nunca «mi Manolo» para referirse a un pariente con ese nombre. Sin embargo, entiendo que un hombre puede decir «mi Manolita» para referirse cariñosamente a su esposa (o a su hija) sin que sufra mucho el habla. A mi primo José Antonio puede preguntarle que «cómo está tío Pepe», es decir, su padre y tío mío. La expresión es perfectamente entendible y cariñosa. Es más, mi primo puede contestar en el mismo tono: «Tío Pepe está como un roble». Resultaría afectado que me dijera «Mi padre está como un roble». No sé si todo esto es la lengua correcta, pero sí el habla común.

Jesús Somalo Santiago me dice que se oye decir: detrás suyo o detrás mío. Bien, se oye decir, pero está mal dicho, por lo menos por ahora. Lo correcto es detrás de mí, delante de él, etc. La razón es que los adverbios no admiten fácilmente su conversión en sustantivos y por tanto tampoco adhieren posesivos, aunque puede que haya alguna excepción respetable. Se me ocurre lo de «un antes y un después» que a mí me suena tan relamido. Aun así, entiendo que ese errorcillo del adverbio con posesivo no debe alterarnos, por lo menos en el habla coloquial.

Juan Francisco Lozano López de Silva anota que en un correo de Miguel Á. Taboada se introduce la forma darse cuenta que. Arguye don Juan Francisco que ese es un error, el famoso queísmo, tan feo como su contrario, el dequeísmo («pienso de que»). Así pues, hay que decir «me doy cuenta de que» y «pienso que». Otro día prometo volver sobre esa batallona cuestión del queísmo y el dequeísmo.

Edwin Bernardo Rivera Gómez (Bogotá, Colombia) me advierte que el Diccionario panhispánico admite lo que hasta ahora era una incorrección: que se puede decir adecúa y licúa. A mí me sigue sonando fatal. Por ese camino del sincretismo diplomáticamente correcto acabaremos diciendo *averigúa. Es que algunos confunden el panhispanismo con el panfilismo.

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