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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Lunes, 29 de octubre del 2007

LA LENGUA VIVA: OTRAS LENGUAS, OTRAS CULTURAS

Quizá el equivalente español sea el toro de Osborne con su apéndice testicular. Por cierto, recuerdo que una profesora austriaca, de visita por España, llamaba "la vaca española" a la silueta del toro de Osborne.


Jaime Jiménez (de la agencia EFE) me cuenta que los franceses utilizan el término «cocorico!» en el sentido de «¡bravo!» para cantar las victorias de alguien. En los años 80 un diario belga, en francés, imprimió este titular: Cocorico Criquielion. Un corresponsal español entendió que el ciclista Criquielion llevaba el apodo de Cocorico. Es un buen ejemplo de cómo el humor consiste muchas veces en que una palabra se entiende de dos formas. Aparte de lo cual me sigue intrigando por qué los gallos dicen quiquiriquí en España y cocoricó en Francia. Son muchos los libertarios que me recriminan mi error de confundir coquelicot (= amapola) con cocolico (= canto del gallo) en francés. No es por justificarme, pero queda dicho que ambas voces están emparentadas.

Frederic Duperrey (Ibiza) precisa:

Una expresión muy francesa es «pousser ou faire un cocorico», que significa dar bombo complaciendo el sentimiento nacionalista francés. Los periodistas deportivos lo hacen a diario en Francia. En España también, pero no conozco de la existencia de una expresión equivalente en español, probablemente porque el símbolo nacional francés, aparte de Marianne, es un gallo.

Quizá el equivalente español sea el toro de Osborne con su apéndice testicular. Por cierto, recuerdo que una profesora austriaca, de visita por España, llamaba «la vaca española» a la silueta del toro de Osborne.

Belén Álvarez (Vigo, Pontevedra) recuerda la escena de su abuela sentada en la playa de un pueblo marinero de Galicia. La mujer había formado parte de la ola de emigrantes que habían pasado los Pirineos. Grita la abuela a su nieto:

Fransuá, Fransuá, vian isí. ¿Vu le vu un pouquiño de shocolá?

Ha sido muy comentada en Madrid la exposición sincrética titulada «Dios (es). Modos de empleo». Manuel J. Samaniego protesta por ese barbarismo de «modos de empleo», una traducción literal del francés para lo que en España se dice «manual de instrucciones». Bien visto.

Enrique Vargas Molina me corrige. El verbo apoquinar viene del romanés, el idioma de los romá o gitanos. La palabra original es te poquinés (= pagar). Añade la siguiente ristra de gitanismos.

  • pirarse de «te pires» = irse
  • najarse de «te nashes» = irse corriendo
  • jalar de «te jales» = comer
  • mutrar de «te mutres» = mear
  • camelar de «te cames» = querer
  • sobar de «te sobes» = dormir
  • chingar de «te chines» = cortar
  • chungo de «djungaló» = malo, malvado
  • parné del plural de «parnó» = blanco
  • chaval de «chabó» = un chico joven
  • chira de «shurí» = cuchillo
  • menda de «me» = yo
  • caló de «calo» = negro
  • chaché de «chachó» = verdad
  • gachó de «gadjo» = no gitano
  • sacai de «yaká» = ojos
  • jiñar de «te jines» = defecar
  • balichó (jamón) de «baulicho» = gocho
  • Algún corresponsal dio cuenta aquí de que «la escritura ideográfica es prácticamente igual en todo el sudeste asiático». Algo raro me pareció, pero no me atreví a contradecir esa afirmación, dada mi nesciencia sobre el particular. Alguien de Microbyte, S.L. (supongo que una persona no se puede llamar así) me aclara que los ideogramas no solo difieren entre los países del Oriente lejano. Esas diferencias los hacen ininteligibles para unas u otras personas situadas en el mismo país, sea Formosa o Japón.

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