Noticias del español

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| Amando de Miguel
Libertad Digital, (España)
Jueves, 31 de mayo del 2007

LA LENGUA VIVA: NUEVAS Y BUENAS PALABRAS

Apuleyo Soto me escribe alborozado con la noticia de que se ha topado con otro tocayo. No será el único. De paso, don Apuleyo me pregunta por la justa definición de bonhomía. El DRAE la acomete con profusión de sinónimos: «Afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento». Es un galicismo muy simpático.


David (Valencia) me plantea la curiosidad de que «se dice te voy a demandar o te voy a denunciar, pero se dice me voy a querellar». Aplico el oído. Uno se puede querellar (= presentar una acusación) contra alguien por un delito que daña al agraviado. Demandar a alguien tiene un significado equivalente en la práctica. No sé si «querella» es más bien penal y «demanda» es sobre todo civil. Denunciar es poner en conocimiento de la autoridad (no hace falta añadir «competente») la comisión de un delito.

Juan A. Merladet inquiere si el adjetivo inconsútil (= sin costuras) puede aplicarse a «una persona sin fundamento, voluble y sin rumbo en su proceder». La lógica sería que, al faltarle costuras, eso equivaliera a «decir sin armazón o fundamento, sin fuste». Sea o no válida esa acepción, don Juan la seguirá utilizando de ese modo. Me gusta la frescura «libertaria» de don Juan. Claro que estamos como en el cuento de Alicia, que «las palabras significan lo que yo quiero que signifiquen». Es un extremo que, si se hace sistemático, puede conducir al caos. Inconsútil es, efectivamente, una tela muy amplia, sin costuras, fabricada en un telar de extraordinarias proporciones. Una tela así tejida, de una sola pieza, tenía que ser para un ropaje regio. Uno se imagina que el sultán Saladino debía de llevar un manto inconsútil. La tradición dice que la túnica de Cristo era inconsútil, o quizá el lienzo que le sirvió de sudario. Con esos precedentes, se supone que una tela inconsútil es cosa fina, de gran calidad. Por tanto, «inconsútil» se puede emplear con el sentido de algo muy sutil. Pero no veo que se pueda derivar el sentido, que dice don Juan, de «persona voluble», por lo menos en este lado del espejo.

Agustín Fuentes me envía unas excelentes precisiones técnicas sobre algunos términos que aquí se han vertido. Resumo sus interesantes apreciaciones:

  • Machihembrado «en inglés es tongue and groove o también center matched. Lo central es que el ajuste se produzca con la introducción de una lengüeta en una ranura».

  • Taracea «es un trabajo de incrustación, que se diferencia del mosaico porque no se ven los bordes del substrato en el que se incrusta». Tampoco equivale a un trabajo de embutición (introducción total de una cosa en otra).
  • Gálibo «define una forma dimensional que como mínimo es de ancho por alto». Se asimila a «una horma o plantilla». «Los bolardos y los pilones cónicos de las entradas de carros de antaño también marcaban el gálibo».
  • Fitoil. Es mejor biocombustible. «Realmente, todos los combustibles son orgánicos. La única diferencia es que unos son fósiles [petróleo, carbón] y los de ahora, no».
  • Marcelo Izquierdo Montes (Guadarrama, Madrid) señala la paradoja de que «bocado es el trozo máximo de comida que puede introducirse en la boca de una vez». En cambio, «bocadillo —que parece diminutivo de bocado– puede ser de gran tamaño y da lugar a múltiples bocados». Entiendo que la paradoja se resuelve porque bocado es también una porción de comida, un plato, y asimismo un manjar. Ahora tenemos bocata, que es como el bocadillo del currante.

    Ricardo Carrero López me pregunta por la voz inerradicable que no encuentra en los diccionarios. Un poco complicada ya es, pero no es difícil averiguar su significado. Si erradicar es «arrancar o extirpar de raíz», erradicable será la facilidad para arrancar de raíz una planta. Luego inerradicable será lo contrario. La dificultad para que una planta —o la cosa que haga sus veces— pueda ser arrancada de raíz. Por ejemplo, «el conjunto de las enfermedades infecciosas son inerradicables».

    José Manuel Fernández Préjano (Barcelona) se queja de que la palabra oír ha desaparecido prácticamente de nuestro vocabulario y ha sido sustituida por escuchar. Reconozco que yo mismo caigo con frecuencia en la confusión. De cada diez personas que me saludan en la calle, ocho me dicen «le escucho en la COPE» y dos «le oigo en la COPE». Tienen cierta razón los de «escuchar». Uno puede oír como quien oye llover. En cambio, escuchar a uno en la radio significa que me oyen con simpatía. Lo que parece una confusión, puede ser una mejora del sentido. Qué pena que lo de «radioyentes» haya sustituido a «radioescuchas». Me gusta el catalanismo de «sentir» en vez de «oír». Esa equivalencia se da en muchas partes de España.

    Juan de la Fuente (Cádiz) se refiere a la voz andancio (= enfermedad epidémica leve) que, en su recuerdo familiar, es andancia. En efecto, el DRAE la recoge así, en femenino, como una variante andaluza y americana. El Diccionario de César Hernández Alonso registra andancio como «diarrea estival».

    José María Navia-Osorio comenta que el DRAE, cuando incorpora una nueva palabra, debería proporcionar «algún comentario sobre su corrección o sobre la existencia de palabras clásicas que cumplieran la misma función». Es una buena iniciativa, pero añado que, más que la corrección, sería útil el comentario sobre la pertinencia, utilidad o expresividad de esas nuevas voces.

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