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| Amando de Miguel
Libertad Digital, España
Martes, 7 de abril del 2009

LA LENGUA VIVA: MÁS MAGIA DE LOS NÚMEROS

Los hombres necesitan las supersticiones para sentirse solidarios del pasado, para tener algo que comentar. Da igual que sea el número 13 o cualquier otro. Establecido ese número es fácil imaginar que los aquelarres se formaban con 12 brujas y Satanás.


He recibido muchas docenas de emilios sobre el asunto del «cuarto y mitad». Yo creía que era una práctica madrileña y que, vagamente, era la derivación de la libra de peso. Ni una cosa ni otra. Por los correos que me envían los curiosos libertarios, el «cuarto y mitad» (equivalente a 375 gramos) es una medida corriente en muchas regiones españolas. Pedro Manuel Arauz Cimarra (Manzanares de la Mancha, Ciudad Real) me dice que en Madrid hay un restaurante que llama así, cuarto y mitad, a un filete de 375 gramos. No sé si se refiere a un restaurante que se llama precisamente «Cuarto y mitad», situado en la calle Bolivia de Madrid. Sigo pensando que ya es capricho haber llegado a esa extraña medida. Sospecho que se trata de la vieja práctica comercial de la «chorrada», es decir, repartir la ración prevista de comida con una propina que se añade como gracia. Es, por ejemplo, la costumbre de «13 por docena». En el caso que nos ocupa no está mal la generosidad de añadir medio cuarto de kilo (125 gramos) a la petición inicial de un cuarto de kilo (250 gramos)

Ángel Salvador García me confirma la equivalencia de 375 gramos para la unidad «cuarto y mitad», pero reconoce que es algo parecido a una libra. Añade: «mi madre, procedente de Blancos (Teruel), siempre me ha dicho que tres libras hacen un kilo».

Ramón Gallardo (Palencia) comenta que los 375 gramos del cuarto y mitad está muy lejos de los 450 gramos de la libra de peso.

Luis Esparza aduce que la semejanza del cuarto y mitad está en la libra Troy, utilizada en joyería, que equivale a 373 gramos (= 12 onzas). Añado que ese «Troy» proviene de la ciudad francesa de Troyes de donde procede ese sistema de medida para los plateros. Esa misma unidad de la libra Troy (373 gramos o 12 onzas) funciona para los boticarios.

Sidney Chocron (San Antonio, Texas, USA) confirma que, de pequeño, el «cuarto y mitad de pipas equivalía a 375 gramos». Gracias por echarme de menos, Sidney. Yo también tengo nostalgia de San Antonio.

José Alberto Torrijos (Cuenca) razona que la conveniencia del cuarto y mitad es porque se visualiza bien la expresión de la balanza cuya aguja se sitúa en el punto medio entre el cuarto de kilo y el medio kilo. No me convence mucho el argumento, pero ahí queda.

Alfonso Guerrero de Mier ironiza respecto a mi escasa familiaridad con las medidas de peso y que «no se le ve muy puesto en mercados de abastos vamos, que no se le ve con mando en plaza, como digo yo». No es del todo cierto pues muchas veces hago la compra. Bien es verdad que no soy muy ducho con lo fundamental: la relación calidad-precio.

Pedro Manuel Arauz Cimarra me cuenta algunas anécdotas históricas que avalan la mala fortuna del número 13. Por ejemplo, el viernes 13 de marzo de 1307 fueron arrestados los templarios. Los responsables de la detención murieron dentro del año. La ciudad de Dresde sufrió el más vandálico bombardeo de la Guerra Mundial el 13 de febrero de 1945. En 1905 hubo un gran accidente ferroviario en España. Resulta que, sumando los dígitos de los números correspondientes de las locomotoras siniestradas, nos da 13.

José Antonio Juliani cree que la superstición del número 13 proviene del núcleo fundacional del cristianismo, constituido por Jesucristo y los 12 apóstoles, es decir, 13 en total. De ellos, el decimotercero, fue Judas, el traidor. Añade don José Antonio que por lo mismo se considera el viernes como un día nefasto porque Cristo murió en un viernes, «aunque en España se asocia, [la mala suerte], no sé por qué con el martes». He investigado la cuestión y parece ser que la razón la dieron algunos historiadores clásicos, como Zurita o Mariana, porque Jaime I de Aragón fue derrotado un martes en la batalla de Játiva.

Vale la pena recordar una historia divertida. En Nueva York se fundó el Comité Nacional de los Trece con objeto de ridiculizar la superstición del número 13. Su fundador fue un tal Nick Matsoucos. Nació en Grecia un 13 de junio, el decimotercer hijo de una familia numerosa. Su nombre contiene 13 letras y llegó a los Estados Unidos un 13 de febrero. La vida le fue muy bien.

Se agradece la apreciación que me envía Evaristo Fernández (Oviedo):

En el hotel Savoy (Londres) en 1898, un tal Wool Joel reservó un salón para catorce comensales, uno de los invitados no pudo asistir. Unas semanas más tarde, de viaje en Sudáfrica, W. Joel moría asesinado a balazos. Durante décadas después en el Savoy no se permitió que grupos de trece personas cenaran en el hotel y llegaban a sentar a un miembro del personal a la mesa antes de correr el riesgo de tener otro asesinato sobre sus conciencias, incluso llegaron a realizar una escultura "Kaspar" como amuleto de buena suerte; le colocan servilleta, asiento y la misma comida que al resto de los comensales. Churchil disfrutó de tan ilustre y serena compañía en alguna ocasión. Unas páginas más adelante (119) se cuenta el caso de un veterano de la guerra civil estadounidense, el capitán William Fowler. Dispuesto a luchar contra la superstición y a desafiar al destino creó el Club de los Trece en Nueva York. Con una idea muy simple, invitaría todos los días trece de cada mes a doce personas para reunirse con él y cenar. (Además derramaban la sal, abrían paraguas, cruzaban tenedores…). El proyecto tuvo un éxito instantáneo y se convirtió en uno de los clubes sociales más populares de Nueva York. Así estuvieron durante los siguientes 40 años los miembros del club que se contaron por miles, incluyendo entre sus miembros honorarios a cinco presidentes estadounidenses. (No sé si estaría entre ellos, pero Woodrow Wilson afirmaba que el número trece siempre le había traído suerte en su vida, haciendo notar que su nombre tenía trece letras y que durante su décimo tercer año en la Universidad de Princeton se convirtió en su presidente número trece).

Debo decir que el argumento de que el 13 es nefasto no se deriva del episodio de la Santa Cena con la traición de Judas. La prueba es que ya Hesíodo (en el siglo VIII antes de Cristo) advertía a los campesinos que evitaran empezar los trabajos del campo el 13 de cada mes. Siglos antes, en el calendario babilónico, el mes 13º era el de la mala suerte. En definitiva, la superstición del número 13 se arrastra desde hace miles de años. La explicación es bien tonta. Los hombres necesitan las supersticiones para sentirse solidarios del pasado, para tener algo que comentar. Da igual que sea el número 13 o cualquier otro. Establecido ese número es fácil imaginar que los aquelarres se formaban con 12 brujas y Satanás. Otro número mágico es el 7, también primo como el 13. Otro día hablaremos del número 7.

José Mª Navia Osorio (Oviedo) considera que lo de M€ es una forma correcta de expresar «un millón de euros», aunque tampoco es mucha molestia escribirlo así con palabras. Lo que no entiende el de Oviedo es que sigamos diciendo «de las antiguas pesetas» cuando traducimos los euros actuales a pesetas. Hombre, está muy claro, la traducción se refiere al cambio en el momento de pasar al euro (2002), es decir, con las pesetas de entonces. Por eso son «antiguas pesetas». A mi modo de ver, es una traducción cada vez más irreal, puesto que esas antiguas pesetas hoy tendrían otro valor como consecuencia de la inflación. Total, que es inútil seguir haciendo la equivalencia a pesetas de nuestros actuales eurillos. Puestos a hablar de monedas irreales o literarias, don José Mª recuerda el «soberano» de las novelas inglesas, que él hace equivalente a «una libra y un chelín». Creo que don José Mª confunde el soberano con la guinea (una libra y un chelín). El soberano era simplemente una libra (u otra moneda) de oro. Esa extraña moneda de una libra y un chelín traduce otra vez la idea de la chorrada o propina.

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