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| Amando de Miguel
Libertad Digital, Madrid (España)
Miércoles, 7 de noviembre del 2007

LA LENGUA VIVA: LAS HABLAS REGIONALES

Quizás una de las expresiones que más situaciones simpáticas puede provocar es la de «coger en cuello». Significa «coger en brazos», pero puede alarmar a una madre oír que alguien va a coger en cuello a su bebé.


Manuel Benítez Romero registra un andalucismo simpático: el verbo dir (= ir). Concretamente, establece el acta de nacimiento de esa variante en el pueblo sevillano de Carrión de los Céspedes. En ese pueblo «se tiende a la supresión de vocales y hasta sílabas completas, haciendo la comprensión difícil para los foráneos». Entiendo que esa dificultad existe siempre en todos los dialectos, pero se compensa porque, de esa forma, los hablantes se identifican entre ellos. Los idiomas se han hecho para comunicarse pero también para identificarse. Por lo mismo ese sensibilísimo órgano que es la lengua sirve para hablar, para gustar y para besar.

Fernando me remite un par de expresiones que se dicen en su pueblo de origen, aunque no me dice cuál es:

  • Cuidado, que me estarumbas el estaribel (= cuidado, que me rompes el chiringuito, el invento)
  • Estar forastero (= hallarse fuera del pueblo)
  • La primera expresión me pega que sea de la jerga gitana, pero habrá algún dialectólogo que lo aclare.

    Rafael Palacios Velasco me envía todo un tratado del habla asturiana. La traslado por extenso por si puede servir de ejemplo de la enorme riqueza del habla de los españoles:

    No son palabras del bable, esa lengua que nos quieren endilgar como «oficial», sino que son las que usamos los asturianos de manera cotidiana, por tradición, porque las hemos oído siempre en nuestros pueblos a nuestros mayores, pero nunca para distinguirnos ni separarnos adrede de los vecinos de otros lugares, o para atribuirnos ciertos «hechos diferenciales» que nos convertirían en país, o en nación, o en vaya usted a saber en qué. No son palabras inventadas por los burócratas beneficiarios de alguna Academia de la Llingua, ni auspiciadas por politicuchos nacionalistas. Son palabras y expresiones habituales, que creo que no constituyen una lengua diferente de la de otras regiones sino, a lo sumo, una forma particular de usar ciertas herramientas del mismo idioma, que quizás nos identifiquen, pero que no nos separan de los demás hablantes. Creo que eso es precisamente lo que ocurre cuando empieza a hablarse de oficialidad o de cooficialidad. Por eso, gustándome el habla de mi tierra y de mis paisanos, no tengo ninguna gana de que se convierta en oficial.

    Estas son las palabras de mis abuelos y de mis padres. Son las palabras de mi pueblo, que me permiten comunicarme con mis vecinos igual que con los suyos. Por eso me parecen interesantes para este estudio sociolingüístico en el que se está convirtiendo su fabulosa columna en LD.

    Supongo que en los pueblos, donde existirá un gran interés por las cosas relacionadas con el clima, existirán multitud de expresiones típicas para cada fenómeno meteorológico. Algunas son ya universales (en Asturias, quiero decir). Las más comunes, sin duda, las referidas a la lluvia fina, que en otros sitios llaman chirimiri, sirimiri, o calabobos, y que en mi tierra es el «orbayu» o el «orpín». En cualquier momento se puede poner a «orbayar». Y cuando no, a «orpinar», así que el paraguas es indispensable. Cuando deja de llover decimos que «escampla» (escampa). El «borrín» no es otra cosa que la niebla.

    Llamamos «piescos» a los melocotones. Mi padre cuenta que los pidió así en Talar, cuando Lleida se llamaba Lérida, y casi se queda sin postre. En Asturias nadie se hubiera extrañado. También le cambiamos el nombre a las ciruelas, a las que llamamos «nisos». Los aficionados a las comidas copiosas son «fartones», y si la querencia es hacia los dulces se les dice «llambiones» (de «llamber», que es lamer). Las tentaciones gastronómicas, especialmente las dulces, se llaman «llambiotadas».

    Las cuestas son «ramplas», porque en las minas se llama así a los planos inclinados que comunican galerías de distinto nivel. Subir por ellas reptando o escalando es «esguilar». También se usa para los trepas del mundo laboral, que «esguilan», se esfuerzan por ascender.

    «Asgalla» significa «bastante«, «mucho» o «abundante». Ejemplos: «disfruto asgalla paseando por el monte» o «bebimos sidra asgalla». Mi abuela paterna usaba un sinónimo menos común: «ambute». En ocasiones, para denotar abundancia puede usarse la construcción «como cuchu» (estiércol): «fulano tiene dinero como cuchu», o sea, que «tien perres asgalla».

    En Asturias las vacas no embisten, «puñan». Una fiesta es una «folixa» o un «xaréu» (seguramente como jaleo). «Cañicar» es la forma de referirse a la acción de acunar, balancear o mecer. Hacer presión sobre algo es «calcar» o «acincar». Pelearse es «engarrarse» y empujar, «emburriar». Sin sutileza que valga. La siesta es el «pigazu» y echarla se dice «pigaciar». Acercar a alguien alguna cosa que está al alcance de la mano es «apurrir», por ejemplo, en la mesa se diría «apúrreme» el salero, pero no se pediría a nadie que «apurra» sino que «traiga» algo si exige levantarse. Enloquecer o hacer algo que está fuera de lugar es «alloriar». Quien se comporta así, como un loco, está «alloriáu» ("alloriado"). Los que se comportan de manera impertinente o dicen cosas improcedentes son «babayos», como los faltosos de toda la vida. La barriga, cuando es grande, es un «banduyu» y el talón es el «calcañu». La voltereta es el «picurrabucu». Bajarse de un vehículo es «posarse» y salpicar es lo mismo que «chiscar». Al margen de su significado en relación con la sidra, usamos la palabra «gurullu» para significar cualquier bulto. Le puede salir a uno un «gurullu» en medio de la cara o abultarle («agurullársele») el bolso de la chaqueta. La interjección típica para mostrar enfado es «rediós», y aunque no es exclusiva de mis paisanos, no recuerdo haberla oído en otros sitios.

    Quizás una de las expresiones que más situaciones simpáticas puede provocar es la de «coger en cuello». Significa «coger en brazos», pero puede alarmar a una madre oír que alguien va a coger en cuello a su bebé.

    Hay multitud de palabras y expresiones relacionadas con el mundo (¡o universo!) de la sidra. Algunas palabras de uso muy corriente que se pueden oír a diario en cualquier sidrería, y no necesariamente en boca de entendidos:

  • culín o culete: el culo del vaso, que es lo que se bebe de una vez, dejando siempre un poco para tirar al suelo. Se dice que esa costumbre es para limpiar el vaso, pues todo el grupo bebe del mismo. Me parece poco verosímil, pues para eso sería mejor que cada bebedor tuviese su propio vaso. Me parece más razonable otra explicación: sería un ritual para agradecer a la naturaleza el regalo de la sidra, compartiendo con ella el producto. Aunque no sea ésta la verdadera explicación, me gusta más.
  • chigre: sidrería, normalmente vieja.
  • palu: sidra de un mismo lagar, que se identifica por el corcho y, desde hace poco tiempo, por la etiqueta que lleva la botella. En las sidrerías que tienen más de un palo, los «entendidos» protestan cuando les dan del palo de peor calidad. Con razón.
  • llagar: lagar, donde se prensa la manzana.
  • pipa: tonel.
  • escanciar: servir la sidra desde lo alto, estirando el brazo cuanto se pueda.
  • abrir, romper o espalmar: salpicar la sidra al caer contra el canto del vaso, produciendo gotas finísimas, lo que denota su calidad.
  • filar: hilarse, caer la sidra como un hilo de almíbar o de aceite, es decir, lo contrario de abrir, romper o espalmar. Al contrario, denota mala calidad.
  • mayar o pisar: estrujar la manzana troceada para sacarle el zumo. Antiguamente se haría con los pies, pisándola, y aunque ahora se haga con prensas mecánicas, la expresión «pisar» sigue viva.
  • magaya o gurullu: la manzana prensada y seca después de mayarla.
  • borra o borrín: residuos de la fermentación que quedan en el tonel.
  • madre: residuos que pasan a la botella tras la fermentación y adquieren forma de hilos gelatinosos, muy desagradables.
  • puxarra o «sidra de piescu»: sidra de muy mala calidad, como si estuviese hecha con «piescos» (melocotones) en vez de con manzana.
  • picarse: ponerse mala la sidra, por no cuidarla o por no tomarla a tiempo.
  • Pegue o pegu: capa viscosa muy fina que queda pegada al vaso y que suele indicar el grado alcohólico de la bebida.
  • pumar y pumarada: manzana o manzano y manzanal.
  • espicha y espichar: espichar es abrir un pequeño orificio en el tonel para ir probando el grado de maduración de la sidra. La espicha es el orificio, pero también se conoce así a la fiesta que se celebra hacia San José para inaugurar la temporada sidrera.
  • duernu: cubo de madera, como un pequeño barreño, donde se escancia para no salpicar el suelo.
  • Ante tal alarde de conocimiento lingüístico, solo me cabe añadir que algunos de los términos peculiares de los asturianos se entienden perfectamente en otras partes de España. Por ejemplo, melocotón en catalán es préssec. En Aragón y otras partes dicen laminero (de lamer) al goloso. En Zamora al menos se dice encalcar a presionar o pisar sobre algo. La exclamación rediós (que expresa enfado, admiración, alarma, orgullo, etc.), se entiende en toda España. La pipa (= cuba, tonel, bota) es un término muy general en algunas regiones vinícolas. La madre como residuos del vino también es una voz general. Pero preciso es reconocer que los términos peculiares asturianos son expresivos y simpáticos. Ahora bien, no dan pie para que se pueda hablar de una «lengua propia» y menos para declararla oficial.

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