Noticias del español

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| Amando de Miguel
libertaddigital.es, España
Jueves, 13 de septiembre del 2007

LA LENGUA VIVA: LA TÉCNICA DE COMPONER FRASES

Algunos extranjeros idiomáticos se maravillan de esa facilidad de los hispanoparlantes para mantener varios diálogos a la vez en medio de una conversación generalizada. Lo facilita una fonética clara y sobre todo el recurso de los barroquismos.


El habla de los hispanoparlantes adolece de múltiples formas de perífrasis y circunloquios, que son otros tantos recursos para alargar innecesariamente el discurso. El principio barroco es: cuantas más palabras, mejor. Veamos algunos ejemplos de ese despilfarro léxico:

poco ni mucho (algo)

pronto que tarde (enseguida, inmediatamente)

más tarde o más temprano (una vez)

nada más y nada menos (asombroso)

muy mucho (muchísimo)

primero de todo (primero)

casi casi (casi)

uno detrás de otro (muchos; referido a billetes de banco)

ambos dos (ambos)

luego después (después)

como que sí (sí)

pero sin embargo (pero)

a día de hoy (hoy)

Las perífrasis y circunloquios se prodigan en toda suerte de anuncios, esto es, los dirigidos al público. Véanse algunas muestras:

..hasta que no estén completamente apagados los motores

(= hasta que no se hayan apagado los motores)

el tren va a efectuar su entrada (= el tren va a entrar)

la lluvia hizo acto de presencia (= llovió)

están ustedes escuchando (= escuchan)

Epítetos (adjetivos automáticos)

Uno de los recursos del estilo consiste en apear de los consabidos adjetivos que llevan algunos sustantivos. Es una cuestión de equilibrio. Por un lado esos adjetivos, que podríamos llamar automáticos, facilitan el discurso, sobre todo el culto y oral. Pero por otro, eso es lo grave, contribuyen a adocenar el texto. El pequeño vicio de los adjetivos automáticos contamina particularmente los escritos periodísticos. La razón es que los periodistas tienen que escribir con premura. Aun así, harían bien en detenerse un segundo para ver de cambiar el adjetivo automático por otro que mejor le cupiera. Tampoco hay que caer en el otro extremo experimentalista o literario de buscar un adjetivo disparatado. Ese suele ser el menester de los poetas. En la prosa de la vida se impone el adjetivo cabal. Veamos un pequeño recordatorio de algunos adjetivos automáticos que se transmiten inercialmente:

Con el adjetivo delante: pavoroso incendio

Con el adjetivo detrás: marco incomparable

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