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| Amando de Miguel
Libertad Digital (Madrid, España)
Jueves, 9 de agosto del 2007

LA LENGUA VIVA: JERGAS Y JERIGONZAS

La descripción discurre así: «El alicatado del cuarto de baño es de calidad, unos azulejos de jamón york preciosos». La señora se refería al estampado de los azulejos con imitación de vetas de mármol rosa.


La metáfora no es algo específico del lenguaje literario. La metáfora se introduce con soltura en el lenguaje coloquial, en las jergas profesionales. Carlos Álvarez de la Mata me cuenta la conversación de dos señoras que hablan con entusiasmo de un piso que va a comprar una de ellas. La descripción discurre así: «El alicatado del cuarto de baño es de calidad, unos azulejos de jamón york preciosos». La señora se refería al estampado de los azulejos con imitación de vetas de mármol rosa. Es claro que la metáfora la han dejado caer los del gremio inmobiliario. Imagino que los granjeros del condado de York no saben el prestigio que ha alcanzado el jamón que producen.

«El penúltimo ágrafo» (así se considera) me sugiere que esa palabra, a la que tengo tanto afecto –eutrapelia– podríamos traducirla por 'buen rollito' en la jerga callejera. Curiosamente, eutrapelia (= broma, entretenimiento, gracia) se relaciona con tropelía (= juego de manos, engaño), el desbarajuste de la tropa. El prefijo eu significa 'agradable'. Quien siga habitualmente este corralillo de las palabras sabrá que muchas veces se orienta hacia al eutrapelia. Una de mis tesis sobre el lenguaje es que sirve muy principalmente para facilitar la parte festiva y agradable de la vida. Por lo mismo, a través del lenguaje se manifiesta el tipo tan desagradable del desaborido, el individuo hosco y sin gracia, a pesar de que pueda llevar prendida una sonrisa idiota.

A propósito de las variaciones que recibe el humilde y cotidiano café, José Olivares cuenta que en Valencia se llamó nacional, y antes ruso, al café granizado con helado de leche merengada o de vainilla. Supongo que el cambio de nombre se hizo durante la primera época del franquismo. Naturalmente, la operación traductora no se reducía a Valencia. También la ensalada rusa fue rebautizada oficialmente como ensalada nacional. Por lo mismo el filete ruso (carne picada) pasó a ser filete imperial. Pasado un tiempo, las antiguas denominaciones volvieron a su lugar. Bueno, el filete ruso es ahora la hamburguesa, uno de los símbolos de USA.

Pedro Manuel Arauz (Manzanares de la Mancha) sostiene que los cultismos de la jerga médica no son para distanciarse de los pacientes. Pues entonces no se me alcanza qué utilidad pueden tener. Esos cultismos aparecen en todas las profesiones, pues son necesarios para indicar que el facultativo sea más que el cliente. Sin esa distinción el trabajo profesional sería más difícil. Reconozco que la jerga de los sociólogos es atroz; no digamos la de los lingüistas. Modestamente procuro apearme un poco de ambas jergas, ahora que estoy a caballo de las dos profesiones. Pero, por encima de ellas, me siento más comentarista o divulgador (¿blogger, quizá?) y por eso me complazco en la claridad. Mis esfuerzos me cuesta. Por eso mismo me fascina el informe que suelen dar los médicos a los familiares de un enfermo. La mayor parte de las palabras que pronuncian esos galenos me son desconocidas. Por ejemplo, me fascina lo de deprivación. ¿No bastaría con «privación»?

Enrique se queja de la profusión de latiguillos en el habla coloquial, como «vale» o «a ver». Cierto es que, si se repiten mucho, los latiguillos empobrecen el idioma. Pero también es verdad que los latiguillos ayudan a resolver las dudas o indecisiones en el lenguaje coloquial. Sería todavía más empobrecedor que elimináramos las frases hechas de la conversación cotidiana. Por otra parte, el vale es una palabra latina que significa cuídate y que los romanos empleaban como fórmula de despedida.

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