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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Jueves, 31 de julio del 2008

LA LENGUA VIVA: HUMANAS PALABRAS

Vicente Torres Aceituno (Priego de Córdoba) me recuerda esta orden que solía dar el sargento en su compañía en la mili: «¡Todo el mundo arriba, y quiero que todas las ventanas queden herméticamente abiertas!».


Eduardo Fungairiño me dice que cortina es también un lienzo o tramo de la muralla de una fortificación militar. En efecto, así es, aunque se podría precisar que cortina es la parte de la muralla lisa que queda entre dos baluartes o torreones. Añado que cortina, en la más pura tradición latina, era el paramento que caía de los lados del dosel que cubría la cama. Arguye don Eduardo que «a propósito de palabras latinas que vienen al español por el inglés, déjeme citar la de constabularía o constabularia, nombre dado a la Policía o Guardia Nacional en Filipinas y en algún país americano (Nicaragua)». Opina don Eduardo que ese término proviene del inglés, pasando por el francés y al fondo el latín: comes stabuli (= oficial de caballería). Rearguyo que comes stabuli más bien es el conde de la caballeriza o caballero mayor. El primer «Condestable de los Reinos de Castilla, León y Galicia» fue el marqués de Villena en 1382. En la sociedad señorial el caballo y todo lo que rodeaba al hermoso animal constituía un signo de nobleza.

Francisco García-Olmedo Domínguez (Granada) plantea la distinción entre cliché y estereotipo cuando nos referimos a materia lingüística o ideológica. Con el diccionario en la mano son dos palabras intercambiables. Ambas se refieren a una frase, expresión o idea muy usadas. Yo veo una sutilísima diferencia. El cliché es más bien la frase hecha, la que se repite, por lo general, sin pensar mucho en su contenido. El estereotipo es un cliché que adquiere un contenido ideológico. Por ejemplo, las fórmulas de saludo o despedida son clichés típicos: buenos días [nos dé Dios] o hasta la vista.

Muchos adjetivos automáticos dan lugar a clichés. Por ejemplo, «recibió una clamorosa ovación», «te envío un cordial saludo», «recibe mi más sentido pésame». El estereotipo admite una cierta carga ideológica, moral o evaluativa, especialmente cuando se trata de generalizaciones. Por ejemplo, «todos los hombres sois iguales» (en sentido despectivo, dicho por una mujer) o «los catalanes (o cualesquiera otros) son muy suyos». La ventaja de los clichés y estereotipos es que se dicen de forma automática, sin pensar. Ese automatismo facilita la comunicación. Por lo mismo, se escuchan como algo convenido, sin entrar a considerar que el sujeto piensa realmente así. Estereotipo procede del griego stereos (= sólido, cúbico, de una pieza). En el lenguaje corriente, los clichés y estereotipos son muy útiles. Solo son rechazables cuando, de tan manoseados, se hacen pesaditos, especialmente cuando saltan de la conversación corriente a la exposición culta o ilustrada.

Germán Pedraz Calvo (Murcia) disiente de la significación que aquí hemos dado a perigallo. Para él se trata de la escalera de mano que lleva una tercera pata para hacerla más estable en el suelo irregular del campo, lugar para el que se diseñó. Esa tercera pata se articula y va atada a esa tira de cuero que le impide abrirse más de lo conveniente. Don Germán anota otro murcianismo simpático: picoesquina: la esquina en forma de ángulo recto que corresponde a un edificio en la confluencia de dos calles.

Las palabras no significan solo lo que dicen gramáticas y diccionarios. Cuentan también su sonoridad, el deseo de impresionar al interlocutor, entre otros jeribeques. Vicente Torres Aceituno (Priego de Córdoba) me recuerda esta orden que solía dar el sargento en su compañía en la mili: «¡Todo el mundo arriba, y quiero que todas las ventanas queden herméticamente abiertas!». Quizá habría que rescatar el género —tan agradecido— de los trabucamientos o trabucazos.

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