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| Amando de Miguel
Libertad Digital, Madrid (España)
Miércoles, 28 de noviembre del 2007

LA LENGUA VIVA: HABLAS REGIONALES

A mí me gusta la voz castellana «pingo» o «pindonga» para referirse a la mujer que le gusta mucho la calle. Igualmente «pingo» es una ropa vieja, deslucida o con poco estilo. Por extensión, una persona es un «pingo» cuando va vestida de esa forma.


José María Navia-Osorio me recuerda que estamos en el mes de Payares (= Noviembre), el único nombre de mes que en bable no adopta la raíz latina. Don José María anota una expresión popular de su tierra, referida a la sidra de buena calidad: «da pena mearla».

Paz Castro Gasalla (descendiente de asturianos) precisa que pigarzar o apigarzar en Asturias no es tanto dormir la siesta como echar una cabezadita después de comer, bien en un sillón o en la misma silla. Respecto a piesco, en Asturias no es tanto el melocotón como una fresquilla silvestre o autóctona. Añado que, en otras partes de España, la fruta conocida como melocotón o albérchigo, en sus distintas variedades, pasaba por ser pérsico (= procedente de Persia). De ahí piesco en asturiano o préssec en catalán, como queda dicho.

Pedro Martínez verifica el curioso parentesco entre piesco (asturiano), pexego (gallego), pesca (italiano), pêche (francés), peach (inglés). En cambio, en español se dice melocotón, que viene del latín, aunque yo no lo veo tan claro. Se pregunta don Pedro por qué el castellano difiere tanto de los idiomas cercanos. No sabría decirlo, pero esa virtud (relacionada con su aproximación al árabe) le concedió una gran fuerza como idioma peninsular que desplazó a los otros romances.

Juan Llamas (Oviedo) informa que ese andalucismo aquí comentado, el verbo dir (= ir) se usa también en la Cuenca Minera de Asturias. A don Juan –que se siente muy de Oviedo– le repatea que ahora haya que decir Uviéu.

Juan Francisco Lozano López de Silva se refiere a la peculiaridad del habla asturiana que relata Rafael Palacios Velasco respecto al verbo pingar. «No solo se oye en Asturias, sino en Extremadura con el mismo significado». Tercio en el asunto para asegurar que el verbo pingar se utiliza en Castilla y León para indicar «algo que cuelga», por ejemplo, una prenda de vestir; también quiere decir «trepar». A mí me gusta la voz castellana «pingo» o «pindonga» para referirse a la mujer que le gusta mucho la calle. Igualmente «pingo» es una ropa vieja, deslucida o con poco estilo. Por extensión, una persona es un «pingo» cuando va vestida de esa forma. «¿Dónde vas con esos pingos?» decía mi madre a alguno de sus hijos cuando salían de casa un tanto desaliñado. En gran parte de Hispanoamérica, pingo es el caballo, dicho de forma cariñosa.

José María de María es originario de Pollos, cerca de Tordesillas (Valladolid). Esa circunstancia hace que le suenen muchas de las palabras que aquí quedan anotadas como zamoranismos. Lo cual me confirma la repetida tesis de que los localismos no son tales. Don José María recuerda el velay de su tierra, que lo ha visto en Galdós como una versión popular y coloquial de he ahí. Creo que es más bien la contracción de vé ahí, que para el caso es lo mismo. El velay de las tierras del Duero (y de otras tierras) manifiesta un cierto tono de resignación o fatalismo. Equivale más bien a «esto es lo que hay».

Respecto a la expresión del «siseñor» como una fruslería inventada, Hilario Montolio (Castellón) recuerda que, en su pueblo, la pregunta que hacían los niños en Navidades era: «¿qué me portarán els Reixos?». Los padres contestaban: «Un si señor y un qué mane vosté». Eran dos formas festivas de eludir la respuesta.

Pedro Hernández Sanmamed me comunica una excelente expresión de los gallegos para indicar que «están saturados de actividad, con infinidad de asuntos bajo su responsabilidad y con aprecio de tiempo». Con esas circunstancias el gallego dice «no doy hecho». Se me ocurre que, en la parla coloquial madrileña, la frase sería: «esto me supera». Supongo que habrá más versiones.

Segundo Sánchez me cuenta que la variación de sustituir algunas eses finales por la erre (por ejemplo, «buenor días») es típica de Alicante. Una frase típica es: «me gustan lor higor, lar habar, lar uvar y lar almendrar en lor Arenales». Sigo con mi idea de que hablamos como hablamos para distinguirnos, para que nos reconozcan. Esa es la verdadera explicación del mito de la torre de Babel.

Javier Seguí (Alicante) precisa que la sustitución de la ese por la erre en el habla coloquial de los alicantinos se produce cuando una palabra termina con ese y la siguiente empieza con vocal. Don Javier pone como ejemplo de esa pronunciación el habla del alcalde de la capital, Luis Días Alperi.

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