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| Amando de Miguel
Libertad Digital, Madrid (España)
Martes, 26 de agostos del 2008

LA LENGUA VIVA: GRAMATIQUERÍAS ENTRETENIDAS

Cándido Montero señala esa moda de empezar muchos enunciados con la muletilla del «yo creo». Añado que peor es la del «yo pienso». Mi impresión es que las personas que dicen mucho «yo creo» tienen escasas creencias.


Cándido Alvarado (San Pedro Sula, Honduras) se pregunta por qué en los medios de comunicación se dice «unos juegos olímpicos». Supongo que es por mimetismo del inglés. En español el indeterminado «un» suele tener un sentido partitivo. Esto es, «unos juegos olímpicos (y no otros)». Por eso es tan tonta la expresión «Una Historia de España» o similares con que se titula ahora tantos libros. ¿Es que el autor ha escrito «otra» Historia de España?

Cándido Montero señala esa moda de empezar muchos enunciados con la muletilla del «yo creo». Añado que peor es la del «yo pienso». Mi impresión es que las personas que dicen mucho «yo creo» tienen escasas creencias; las que andan colgadas del «yo pienso» realmente piensan poco. En general se abusa del pronombre «yo».

Javier de Vicuña Ruiz (San Sebastián, Guipúzcoa) polemiza con Gabriel Ter-Sakarian Arambarri a propósito de las palabras con doble significación, en masculino y en femenino. Don Javier aduce que en su pueblo riojano de origen (Aldeanuava del Ebro) la saca es más grande que el saco y la charca más grande que el charco. «A ver si va a pasar como en la clase de aquel maestro que les decía a sus alumnos: También son nombres femeninos los de las estaciones del año, por ejemplo, la primavera. Se exceptúan el verano, el otoño y el invierno». Añado que la ría es más grande que el río, si bien el cuchillo es más grande que la cuchilla. Me parece que la norma del tamaño no sirve para explicar la cuestión de los masculinos y femeninos.

María Dolores Campos (Inglaterra) me pregunta si es correcta esa moda de decir «lo que es» en lugar de «es». Mi opinión es que, cuando se reitera mucho o se dice a troche y moche, la expresión popular «lo que es» resulta cargante. Pero en ocasiones es un vulgarismo que puede tener su gracia. Se justifica cuando se trata de describir una realidad espacial, topológica. Por ejemplo «El museo Reina Sofía se encuentra en lo que es la llamada milla de oro artística de Madrid». Reconozco que se trata de un dicho un tanto redicho.

Ramón Ruiz (Murcia) sostiene que la terminación de Rumanía, Oceanía o Andalucía no es una moda, sino el recuerdo e que en griego esa es la forma corriente. Así se dice en griego Germanía, Gallía, Ispanía o Albanía. Mi opinión es que queda por dilucidar la suerte de tantas excepciones: Alemania, Australia, Finlandia, etc. Sospecho que unas veces el origen está en el griego, otras en el latín y aún otras en los idiomas germánicos (con la terminación land).

Goyo González me envía una estupenda disquisición sobre la batallona cuestión de la diferencia entre ser y estar (para los estudiantes anglófonos que estudian español). La clave la tenemos en el origen de esas dos voces. Estar deriva del latín stare (= estar quieto, en un lugar), que equivale en inglés to stand. Así, cuando el verbo ser se puede traducir por to stand, es mejor la equivalencia de estar. Ejemplos, «¿dónde estáis?», «José está triste», «María está en Madrid». El verbo estar conecta un nombre o pronombre con un adjetivo o un adverbio. El verbo ser conecta con un nombre o pronombre con un sustantivo. Hay veces que el verbo ser conecta con un adjetivo, pero va implícito el sustantivo. Por ejemplo: «José es [un hombre] triste». Así pues, cuando decimos «José es triste» aludimos a que tiene un temperamento triste. En cambio, «José está triste» significa que actualmente su estado de ánimo es triste.

Joaquín Bernal (La Mancha) sostiene que la clave de la diferencia entre el ser y el estar «es el concepto de transición: algo es de una determinada forma, pero se está de una manera solo si antes se estuvo en otra. Con esta idea [por delante], tiene sentido hablar de estar muerto, algo solo posible si antes se estuvo vivo». Don Joaquín me recuerda lo útil que es apoyarse en frases latinas con este dicho: Quidquid latine dictum sit, altum sonatur. Me atrevo a traducirlo por «todo lo que se diga en latín, suena a algo profundo».

Mateo Hermosín Ramos avanza una interpretación muy sugerente para explicar lo de estar muerto. «El lenguaje encierra toda una manera de ver y pensar el mundo, y en este caso, una visión cristiana de la vida, independientemente de ser o no creyente, muestra la muerte como un estado transitorio a la otra vida». Está muy bien visto. Añado que, de forma retórica, cabe decir, «muerto soy» cuando el sujeto considera que su vida está a punto de finalizar. Es evidente el tono retórico.

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