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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Lunes, 6 de septiembre del 2010

LA LENGUA VIVA: EXPRESIONES OCIOSAS PERO DIVERTIDAS

En el habla del ambiente culto frecuentemente se dejan caer expresiones populares que indican una cierta plebeyización del lenguaje. Así, como que no, para nada, sí o sí, a día de hoy.


Por un lado, tenemos el principio de la economía del lenguaje, que consiste en emplear el menor número posible de signos orales o escritos para poder entenderse. Ese ahorro se logra con el maravilloso invento del alfabeto y con la polisemia (= una palabra puede tener varios significados). Pero al mismo tiempo funciona un proceso contrario, el hacer uso de muchas palabras o expresiones que nada significan. Son una especie de adorno o comodín, al que se recurre sobre todo en la conversación informal sin pretensiones. Esa forma de comunicación sirve para otras muchas funciones, por ejemplo, para pasar el rato. Esos excesos del lenguaje a veces son simples tautologías, es decir, repeticiones innecesarias. Por ejemplo, cuando se afirma de algo controvertido que es lo que es o es lo que hay. Después de esa declaración, el emisor de tal mensaje filosófico, queda como un sabio. Sancho Panza quedaba muy bien enhebrando refranes como si fueran pensamientos propios.

En la conversación telefónica, como los interlocutores no se ven, se despliegan muchas vaciedades léxicas. Anotemos algunas: oye, ¿no te digo?, que si eso, ¿vale?, venga, bueno, luego después, pero sin embargo, ¿qué te iba a decir?, ¿eh?, ¿no?, estamos en contacto. Todo eso no quiere decir nada, pero contribuye a hacer la vida más agradable, o, por lo menos, la conversación más simpática.

En el lenguaje oficialesco se cultiva mucho el dequeísmo, por ejemplo, en expresiones como pienso de que, ocurre de que, etc. Lo más divertido es que ese defectillo lo manifiestan muchas veces las personas públicas, catalanas ellas, que sostienen que «en Cataluña no hay problema lingüístico». Esas mismas personas suelen confundir el debe ser (= un imperativo moral) con el debe de ser (= una probabilidad). Bien es verdad que el problema lingüístico es otra cosa.

En el habla del ambiente culto frecuentemente se dejan caer expresiones populares que indican una cierta plebeyización del lenguaje. Así, como que no, para nada, sí o sí, a día de hoy. La cosa puede tener gracia, pero su reiteración puede llegar a ser empalagosa. Ahora se dice mucho lo de venirse arriba, cuando en buena lógica habría que decir venirse abajo o irse arriba. La confusión entre los verbos ir y venir es muy típica de los catalanes, pero ahora es general en toda España.

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