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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Miércoles, 6 de octubre del 2010

LA LENGUA VIVA: ERRORES DEL LENGUAJE

Lo mejor es expresarse en centímetros. Bendito sea el sistema métrico decimal, una de las grandes creaciones de la cultura occidental.


Tampoco hay que tener empacho en ser etnocéntrico algunas veces.

Miguel de los Santos Ubide opina que la expresión km/hora no debe leerse 'kilómetros por hora', puesto que el signo significa 'entre', no 'por'. Añado que eso será así en la teoría, pero en la práctica km/hora se lee 'kilómetros por hora'. Todo el mundo entiende lo que quiere decir.

José Galiana Pérez corrige la apreciación de Ramón Gallardo, quien decía que Km/hora era una apócope. Don José asegura que apócope es eliminar un trozo de una palabra, por ejemplo, san en lugar de santo. Digamos que km/hora es una expresión abreviada, como son los acrónimos (ETA, ONU, LD, PIB, etc.).

Mi hermano José Luis (arquitecto, pero muy aficionado a la lingüística práctica, como yo) me critica que, en mis Memorias, empleé yo el término insoluble en lugar de irresoluble. Lo que quiero decir es que algo es de difícil resolución, aclaración o determinación. La observación del eminente arquitecto se pasa de fina. El DRAE admite ambas voces como perfectamente intercambiables. El sentido común distingue muy bien si una sustancia no se puede disolver fácilmente o si un problema se resiste a la oportuna solución. No deja de ser curiosa esa polisemia de la voz solución (=deshacerse en un líquido o averiguar el enigma de un problema). La curiosidad lleva a la proximidad entre disolver y resolver. Quizá sea más cómodo decir irresoluble cuando se trata de un problema, pero a mí me gusta más la polisemia de insoluble. Me lleva a la aurora de la ciencia.

Alejandro Blanco-Rivas cuenta el chiste clásico del profesor que pregunta al alumno: «¿Cuántos riñones tenemos?». El alumno contesta impávido: «cuatro», y es reprobado. Estamos ante una ilustración de cómo el chiste se basa en la polisemia. El alumno tenía razón, pues entre él y el profesor contaban con cuatro riñones. Pero ese plural del profesor («tenemos») se refiere al género humano, a cada una de las personas. Así, el médico puede saludar al enfermo: «¿Qué, cómo estamos?». Es un plural cariñoso. Naturalmente, el médico indaga sobre la salud del otro, del enfermo. Una vez más, la gracia del lenguaje coloquial puede prestarse a un malentendido, aunque algunos malentendidos maldita la gracia que tienen.

Son muchos los libertarios que me sacan del error al confundir yo el jeme con el palmo. En efecto, el palmo es la distancia entre el pulgar y el meñique con la palma de la mano extendida. El jeme (que parece una dignidad militar) es la distancia entre el pulgar y el índice con la mano extendida. Así pues, el palmo mide un poco más que el jeme. Naturalmente, todo depende de cómo sea la mano. Las manos masculinas suelen ser más grandes que las femeninas. En el ambiente campesino tradicional el jeme se presta mucho a la estimación de la altura de las caballerías. Lo mejor es expresarse en centímetros. Bendito sea el sistema métrico decimal, una de las grandes creaciones de la cultura occidental. Tampoco hay que tener empacho en ser etnocéntrico algunas veces.

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