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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Viernes, 9 de mayo del 2008

LA LENGUA VIVA: ELOGIO DE LA POLISEMIA

Esa ambigüedad no es ninguna tacha; antes bien, en ella reside la gracia de las relaciones sociales.


Uno de los maravillosos servicios del lenguaje es que se utiliza para enumerar los errores o disimularlos, para echar la culpa a otras personas. Es una operación tan cotidiana como necesaria. Siempre se ha dicho que el cocinero disimula su error con salsa, apañada con los ingredientes que tenga más a mano, como el ajo o el perejil. El equivalente de esa función coquinaria sería el maravilloso dispositivo de la polisemia de algunas voces.

Que conste que en inglés esa característica es todavía más señalada. La conversación cotidiana en inglés está llena de expresiones como you know what I mean? (= ¿entiendes lo que quiero decir?) I know, I know (= lo sé, lo sé), I mean (= quiero decir). En español se prodigan menos, pero es cada vez más frecuente la muletilla de ¿sabes? Incluso en el lenguaje culto se recurre continuamente otras expresiones parecidas: es decir, o sea, dicho de otra forma, en otras palabras. El conjunto puede dar la impresión de inseguridad, como si los interlocutores no supieran a qué carta quedarse respecto a la significación acertada de las palabras. Pero esa ambigüedad no es ninguna tacha; antes bien, en ella reside la gracia de las relaciones sociales.

La polisemia permite numerosos juegos de palabras. En algún caso se llega a la finura de representar con una voz algún órgano del cuerpo humano y con otra el equivalente del cuerpo de los otros mamíferos. Así, pie/pezuña; cadera/grupa o anca; cabello, vello/pelo. En el género de los libros de buena educación se insiste en la pretensión de que la conducta humana se distingue de la de los (otros) animales. Esa fue la preocupación de Erasmo de Rótterdam, pionero en el género indicado.

Puede ser de interés la contraposición entre el cabello humano y el pelo de los animales. Cuando se recurre a la voz pelo para asignarlo a los humanos, es para transmitir un sentido afrentoso. Por ejemplo:

  • tomar el pelo (= burlarse)
  • lucir el pelo (= mala situación de la que uno es culpable)
  • caérsele el pelo (= recibir una reprimenda)
  • dar para el pelo (= dar una paliza)
  • dejar pelos en la gatera (= sufrir una consecuencia negativa)
  • de medio pelo (= poca clase o dudosa elegancia)
  • pelo de la dehesa (= maneras rústicas)
  • a pelo y a pluma (= homosexual)
  • hasta los pelos (hartura, cansancio)
  • pelos de punta (= señal de terror)
  • soltarse el pelo (= descaro)
  • tirarse de los pelos (= arrepentimiento, desesperación)
  • y yo con estos pelos (= sin estar preparado, haciendo el ridículo)
  • ¡Hola!

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