Noticias del español

| | | |

| Amando de Miguel
Libertad Digital, España
Viernes, 28 de diciembre del 2007

LA LENGUA VIVA: EL QUE DUDA SABE QUE DUDA

No soy una autoridad ni lo mío es la gramática prescriptiva, pero entiendo que esa fórmula de «lo que es» resulta correcta. Ahora bien, su función es más bien la de adornar el discurso, alargarlo más allá de la cuenta.


Iñigo Martínez-Labegeria (Budapest, Hungría) tiene la duda de cuándo se ha de emplear el tiempo condicional (diría) o el subjuntivo (dijera). Francamente, a mí me asalta la misma duda algunas veces, quizá por haber vivido el Bachillerato en San Sebastián. Es cuestión de aplicar el oído.

Gabriel Ter-Sakarian Arambari es partidario de mantener la distinción tradicional entre oír (= recibir un sonido) y escuchar (= prestar atención a un sonido). Añado un ejemplo para establecer esa distinción: «No me escuchas; simplemente oyes lo que te digo como quien oye llover». Claro que también se puede escuchar la «monotonía de la lluvia tras los cristales», que dijo el poeta. Este es un caso en el que el dialecto español de España acabará imponiendo en España una tendencia que ya ha comenzado: la sustitución del verbo oír por el de escuchar cuando se refiere a la recepción de los medios audiovisuales.

César Rodríguez Docampo insiste en que la regla que rige es: «oír es a ver como escuchar es a mirar». Sin embargo, el uso manda. Se mantiene la distinción entre ver y mirar, pero la acción de oír cede ante la de escuchar en las condiciones dichas. A mí nadie me dice que «oye la Cope todos los días», sino que «escucha la Cope todos los días». Bueno, si son catalanes dicen «cada día».

César Cancino considera que la palabra ensimismarse, con sus derivados, se refiere a uno mismo. Pero cuando el proceso de volver la mirada hacia adentro se refiere al interlocutor, habría que decir mejor, entimismarse. Me parece una propuesta ingeniosa, pero no va a prosperar. La voz ensimismarse es una acción enteriza, que, por tanto, se aplica a uno mismo o a los demás. No es una palabra compuesta, no se puede decir «en sí mismarse» o «en ti mismarse».

Confesaba yo aquí mi repulsa respecto a la moda de eliminar muchos artículos, por ejemplo, «bajar a planta», «subir a dirección». Eduardo García (Madrid) matiza que, en la jerga de los hospitales, «bajar a planta» equivale a que un enfermo salga de Urgencias o de la UCI para ingresar en una habitación regular. Dado que no importa mucho qué planta sea esa, se dice «bajar a planta». Me parece un buen razonamiento, pero yo me quejo de que esa supresión de artículo se aplique a demasiadas situaciones; no me parece bien. Comprendo que, en muchos casos, esa supresión del artículo expresa una cierta familiaridad con el objeto al que se refiere. Por eso un médico dice de su hospital «bajar a planta». Yo mismo puedo decir «pasar por secretaría» para referirme a la de mi Departamento en la Facultad. Solo así justifico tal libertad léxica. Ya se sabe, hablamos para distinguirnos, no solo para comunicarnos.

Miguel Ángel Rubio duda entre las formas flácido y fláccido. La forma ortodoxa es fláccido (del latín fláccidus), pero en la práctica se dice más bien flácido. Se acabará imponiendo esa variante más popular.

Gabriel Moncalián Arsuaga (Cantabria) se pregunta por qué no se dice andaluz y no andaluciano, extremeño y no extremadurano. ¿Por qué hay madrileños y madridistas? ¿Por qué no madrideños? Mi querido amigo, porque el idioma no es un reloj, sino una cosa viva. Más curioso es el diminutivo (madrileño sobre todo) de café: cafelito.

Hay razones de eufonía que saltan por encima de la lógica mecanicista. Un mismo nombre, Madrid, puede dar lugar a dos adjetivos o gentilicios, como madrileño (de Madrid) y madridista (del Real Madrid). ¿A ver si no es más eufónico regiomontano (habitante de Monterrey) que monterreyano? Por cierto, un gentilicio raro es español. Hay pocos que terminen en –ol. Solo recuerdo mongol.

Fernando J. Lorenzo García me pregunta si es correcta o no la expresión «lo que es» que ahora tanto se oye. No soy una autoridad ni lo mío es la gramática prescriptiva, pero entiendo que esa fórmula de «lo que es» resulta correcta. Ahora bien, su función es más bien la de adornar el discurso, alargarlo más allá de la cuenta, por lo que se puede prescindir tranquilamente del «lo que es». Sobre todo, resulta vulgar cuando se suelta a troche y moche. Mi consejo es que se deje la muletilla de «lo que es» para las raras ocasiones en que se tenga que hacer una descripción topográfica.

María Rosa Piñeyra Maseda Pérez tiene la duda de si se puede decir «más mayor». Para ella basta decir mayor, que ya es un comparativo, por lo mismo que no se dice «más menor» o «más peor». En efecto, tampoco se dice «más mejor». Sin embargo, se puede hacer una excepción con «más mayor» cuando el adjetivo mayor no sea un comparativo sino un equivalente de edad o años. Lo que parece que chirría un poco es decir «más mayor» cuando se refiere uno a un viejo, un anciano, sin graduar la edad. En resumen, un niño puede decir muy bien «cuando sea más mayor» (= tenga más años), pero su abuelo es simplemente mayor. Por eso la expresión «más mayor» suena un poco a infantil. Lo que me parece más imprudente es decir «más pequeños» en lugar de niños sin ninguna intención de comparar su edad.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: