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| Amando de Miguel
Libertad Digital, España
Viernes, 17 de abril del 2009

LA LENGUA VIVA: EL OCULTO ORIGEN DE LAS PALABRAS

José Antonio Utrera sostiene que hace un siglo se decía «hortera» al hijo de agricultores de medio pelo que emigraba a la ciudad y se colocaba como dependiente en una tienda de tejidos.


Francisco Javier Villarreal González (Mérida, México) duda mucho de que «salirse por peteneras» se derive de los habitantes de Paterna de la Ribera (Cádiz). Esa atribución la hace Francisco Rodríguez Marín, pero la autoridad del eminente lexicógrafo no es absoluta. Es cierto que hubo una famosa cantante apodada «la Petenera», mencionada en muchas coplas y que dio nombre a una variedad del cante andaluz. Pero tiene razón el de Mérida, lo de «salirse por peteneras» quizá provenga de un lance del toreo que consiste en despistar al toro. Sin embargo, el término «petenera» no aparece en el completísimo Diccionario de términos taurinos de Luis Nieto Manjón (Espasa).

Jaime Permisán quiere saber si la voz «escaquearse» (= coloquialmente, liberarse de una obligación) tiene algo que ver con los escaques que dibuja el tablero de ajedrez. En efecto, así es. A través del árabe hispánico, los escaques son los cuadros que delimitan el campo de acción de las fichas en el juego de ajedrez o en el de las damas. (De ahí viene también «jaque» en la misma terminología del ajedrez). Por ese lado se derivó la táctica militar de escaquearse: diseminarse sobre el terreno de combate para ocultarse y aprovechar mejor los elementos naturales. Los «escaques del terreno» se nos decía en la mili para los pequeños accidentes del paisaje. Es fácil imaginar que, en la jerga de los cuarteles, «escaquearse» empezó a designar la táctica de pasar inadvertido para librarse de determinadas tareas.

José Antonio Utrera sostiene que hace un siglo se decía «hortera» al hijo de agricultores de medio pelo que emigraba a la ciudad y se colocaba como dependiente en una tienda de tejidos. Quizá el origen esté en una forma despectiva de «hortelano» como «sudaca» para el «sudamericano». La teoría me parece ingeniosa. Gerardo Villaescusa se refiere a la asociación del radical bol- con «molino». Don Gerardo es oriundo de Bolaños (Ciudad Real). Entiende que «bol» es tanto el panecillo como el cordero lechal, elementos que figuran en el escudo del pueblo. En Bolaños existió un molino.

Un anónimo libertario certifica que bolu en vasco significa «molino». De ahí, los topónimos Bolueta (= lugar de molinos) o Bolívar (= valle de los molinos).

Mª José Antón González (Holanda) apunta que «cursi» viene del inglés courtsy (= reverencia que hacen las señoras). Desde luego, «cursi» procede de Cádiz, donde la influencia inglesa fue considerable. Bien podría haber sido Cádiz parte de la Commonwealth, como la Argentina o las islas Madeira. Ese futurible lo digo yo, no doña Mª José.

José Mª Tortosa ha comprobado sobre el terreno lo que yo barruntaba, que la acepción argentina, chilena y mexicana de coger (= copular) proviene de la jerga campesina de la España andaluza y extremeña. En ese contexto original coger es (y más todavía fue) el acto de copular de los animales. La prueba es que esa acepción pasó a la parte hispanoamericana donde había más ganadería. Lo que está claro es que no es un invento de los argentinos para ridiculizar a los españoles, que «cogen» el autobús y otras muchas cosas sin muchos miramientos.

José Pedro Hernández González (Salamanca) observa que «cámara» equivale a una habitación de la casa "de más categoría que la antecámara, pero más oficial que la recámara. Ahora es [también] un aparato de fotografía». Tiene duda de por qué se dice «cuarto» a la habitación. Empiezo por el final. El «cuarto» es una de las cuatro partes en que se divide el plano de una vivienda sencilla. «Cámara» significa originariamente (en latín y en griego) «bóveda». Indica una instancia abovedada y, por eso, una alcoba, una estancia recogida y principal. Son innúmeros los derivados de esa palabra: no solo recámara o antecámara sino camarada, camarero, camarín, camarlengo, camarote, camaranchón. Hoy tenemos «Cámara de los Diputados», aunque no todos ellos se sientan camaradas de los demás.

Manix nos aclara la posible ambigüedad del término «chambergo» que es tanto sombrero como chaquetón. Este es su testimonio:

    Friedrich Hermann (o Frédéric-Armand), primer Duque de Schomberg (originalmente Schönberg) (diciembre de 1615 o enero de 1616 – 11 de julio de 1690), fue tanto mariscal de Francia como general inglés «de todos los ejércitos de su Majestad». Fue el citado mariscal quien dio nombre a una uniformidad cuyas características principales fueron el tabardo y el sombrero de ala ancha con una o dos de sus alas prendidas a la copa. De aquí que la palabra chambergo se use tanto para el tabardo como para el sombrero. En España, y dentro de la Guardia Real, se creó un Regimiento uniformado a la chamberga durante el reinado de Carlos II. A los más antiguos nos queda el recuerdo de la uniformidad de los Guardias Jurados, que tanto dibujó el genial Mingote y que perseguían a las parejas en el parque del Retiro. Su uniformidad se basaba en la «tenida» a la chamberga.

El Diccionario etimológico de Roque Barcia trae las dos acepciones de chambergo: (1) sombrero de ala ancha, (2) casaca ancha y larga en la que su forro volvía sobre la tela a modo de solapa. Esa prenda fue la típica de un regimiento en la época de Carlos II, coetáneo, pues, del primer duque de Schomberg.

Julià Plana i Pujol tenía entendido que el nombre de Donostia (= San Sebastián) está relacionado con el de Ostia, el puerto de Roma. No creo que exista esa relación.

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