Noticias del español

| | | |

| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Martes, 19 de junio del 2007

LA LENGUA VIVA: EL MISTERIO DE LAS PALABRAS

Si alguien me da un tirón a mi cartera, no grito «presunto ladrón» sino «ladrón».


Atilano Pérez me envía un jugoso excurso sobre las voces pollo, pollo pera y pijo que ha publicado en WordReference. Lo transcribo por su interés:

La primicia de la palabra pollo con el significado de joven superficial se le atribuye al escritor y diplomático Plácido de Jove Hevia, vizconde de Campo Grande, en su poema satírico La irrupción de los pollos leído en 1848 en el Ateneo de Madrid. En seguida se usó como superlativo de pollo la aposición pollo pera, de origen culinario, pues se aplicaba a un pollo gordo por la forma que tiene en la fuente. La vida de la voz pollo con este sentido declina a mediados del XX, cuando ya resulta anticuada, pero curiosamente le sobrevive pera que fundiéndose con niño bien da lugar a niño pera. En el Madrid del Desarrollismo los niños pera dictan las modas desde la calle Serrano. El mote tiene intención ofensiva pero leve, como lo es llamar niño a un hombre.

Intuyo que como una paráfrasis de niño pera nace la expresión niño pijo. La mención genital manifiesta su intención gravemente injuriosa. Después pijo, con este significado heredado de pollo, se emancipa del niño y hace carrera, de la que se ha tratado en otro hilo. Y pera hace también su vida, como un epíteto que se aplica a personas de cualquier edad y sexo, y a cosas, con un matiz casi ponderativo. Se dice de una persona, de su atuendo, y de toda clase de cosas, que son «muy peras», significando que son de un gusto elegante y caro. Por lo menos en Madrid y en ciertos ambientes.

Añado que tiene su lógica la acepción de pollo como 'muchacho', aunque más bien en diminutivo (pollito) y sobre todo en femenino (pollita). Bien es verdad que esas expresiones están en decadencia. La voz pollo procede del diminutivo latino puellus (= niño pequeño; niño es puer). Al final está la voz pu (= 'engendrar' en sánscrito). Pollo, en el sentido de 'jovencito presumido', lo utilizan mucho los autores del 98, Vallé Inclán y Baroja. Es una palabra muy común en la novelística de la «edad de plata», la correspondiente a la Restauración. Lo de pera y pijo son ya voces de la segunda mitad del siglo XX. Seguramente son ñoñismos o simples obscenidades para referirse al miembro viril, quizá por su similitud con polla, picha, pito o pene. Todos llevan el sonido de la «p», como el sánscrito pu. Por eso mismo, pera o pijo, se aplican como despreciativos para los jovencitos ociosos o ricos.

Miguel de Reyna comenta que en el DRAE no aparece la voz triaje, de uso común en la clase médica. La define así:

'Método para la selección y clasificación de los pacientes basándose en las necesidades terapéuticas y de los recursos disponibles'. Trata por tanto de evitar que se retrase la atención del paciente que empeoraría su pronóstico por la demora en su atención.

Me parece un concepto útil, que se puede aplicar a otros campos. Seguramente se deriva del verbo triar (= escoger, seleccionar), que es un catalanismo, muy utilizado también en Aragón.

Luis Argüello Álvarez confirma y detalla la distinción entre querella y demanda:

Como usted sospecha, demanda es el escrito inicial de un proceso civil, y denuncia o querella lo son del proceso penal. La diferencia entre éstas está también clara: la denuncia es la 'notitia criminis', por la que el denunciante se limita a poner en conocimiento de la autoridad la —«presunta», dirá el lenguaje políticamente correcto— comisión de un hecho que parece ser una infracción perseguible penalmente; la querella es el escrito por el que, además, el querellante se muestra parte acusadora en el procedimiento . No es siempre preciso que el querellante sea el agraviado por el delito, ya que hay casos en nuestra legislación de acción popular, que legitima a cualquiera para ejercitarla, o de acción colectiva que permite hacerlo a determinado tipo de asociaciones.

Así pues, lo de «querella criminal» es un pleonasmo. Añade don Luis con buen criterio:

Por cierto, ya que hablamos del lenguaje políticamente correcto. No acabo de entender por qué, cuando se habla de un delincuente no juzgado, en la prensa se le llama «presunto» asesino, terrorista, etc. Porque si «presunto» viene de «presumir», y la presunción constitucional es de inocencia y no de culpabilidad, no parece que el término sea el más correcto.

Mi conocimiento es el de un lego en asuntos jurídicos. Pero entiendo que lo de presumir que una persona es culpable o no culpable (mejor que inocente) es algo que deben hacer los jueces y quizá los abogados y fiscales. Se dice «presunto culpable» de un delito porque eso equivale a la situación de procesamiento. La culpabilidad hay que probarla, pero se puede sospechar de ella; no otra cosa es un juicio. Ahora bien, fuera de esa situación procesal, cada uno es libre de presumir la culpabilidad o la inocencia de las personas. Si alguien me da un tirón a mi cartera, no grito «presunto ladrón» sino «ladrón».

Carlos Pedraz Calvo aclara todavía más la distinción:

Son de índole penal la denuncia y la querella, y ambas constituyen el inicio del procedimiento penal. Quizá la manera más clara de exponer la diferencia entre ambas parta de la siguiente frase: «La querella es un derecho, la denuncia es un deber». Efectivamente, en nuestro ordenamiento jurídico, todo ciudadano que tiene conocimiento de la comisión de un delito tiene la obligación de denunciarlo a la Autoridad. Sin embargo, el que se considera ofendido y entiende que tal ofensa puede tener caracteres delictivos tiene el derecho de querellarse contra el ofensor, pero no está obligado a hacerlo. Tanto la denuncia como la querella ponen en marcha el procedimiento penal, pero mientras el denunciante no sería parte en el mismo (salvo que expresamente lo pida acreditando un interés legítimo), sí que lo es el querellante, que mediante la querella se constituye en parte acusadora.

Don Carlos me cuenta una buena historia de abogados: «Ante el fallo favorable, el abogado telegrafía al cliente: "Al fin resplandeció la justicia". Respuesta también telegráfica del cliente: "¡Recurra!"»

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: