Noticias del español

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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Viernes, 4 de mayo del 2007

LA LENGUA VIVA: EL ESPAÑOL AMERICANO

Ángel Vega acaba de hacer un viaje por Venezuela. Observa que en ese país dicen «el tránsito de carros» para referirse a lo que los españoles llamamos «el tráfico de coches». Ambas expresiones son inteligibles. En el habla de los españoles, el tránsito lo reservamos para las personas y el tráfico para los vehículos. Carro es bien castizo, proviene de carrus (= vehículo con ruedas), voz latina de origen céltico, evidentemente onomatopéyico. Coche es un galicismo reciente, para los de caballos. Tránsito procede del latín transire (= ir de un lado a otro). Tráfico es un italianismo, trafficare (= pasar de mano en mano).


Julián Fernández Martín recuerda una canción infantil venezolana en la que se habla de «cazar tigüitigüitos cerca de la laguna». A don Julián le gustaría saber qué tipo de ave es el tigüetigüe. Lo ignoro. Vamos a ver si algún libertario bolivariano nos ilustra. Sonoro ya es el nombre del tigüetigüe, claramente onomatopéyico, como el de tantos pájaros.

Manuel J. Samaniego (Caracas, Venezuela) corrige la expresión «no me mame el pollo» que aquí se recogía como colombiana. «En realidad, lo que se dice, tanto en Venezuela como en Colombia, es no me mames gallo, expresión que tiene su origen en las peleas de gallos». A propósito de las traducciones literales del inglés al español y viceversa, don Manuel cuenta el chiste de un puertorriqueño que fue a Nueva York. Invitó a un amigo a cenar y al llegar, le espetó: Between, between, no more and drink a chair. Él estaba pensando: «Entre, entre no más y tome asiento».

A propósito de lo de «latinoamericano», Humberto García Rebagliato (Torrevieja, Alicante) recuerda un chiste gráfico con ocasión de un viaje del general De Gaulle a Suramérica. «La viñeta mostraba a De Gaulle en la balconada del correspondiente palacio presidencial exclamando a la multitud: "Latinos, repetid conmigo: Je suis, tu es, il est"».

Antonio RH (Cádiz, residente en Puerto Rico) comprueba que en Puerto Rico tampoco hay tantos anglicismos como se dice y que se conservan algunas palabras castizas, olvidadas en España. Así dizque (= al parecer) o antier (= antesdeayer). Concluye:

Me ha parecido sorprendente las increíbles semejanzas entre el habla andaluza y la puertorriqueña. No sé si son palabras exclusivas de Andalucía o no, pero hay muchas que entenderían un gaditano y un puertorriqueño pero le serían extrañas a por ejemplo un madrileño. En mi tierra y en Puerto Rico, un helado es en realidad un «mantecado»; de la puerta no se tira, se «jala»; uno no está cansado, está «molido»; uno no se empacha, tiene una «jartera»; y así muchas más que me han llevado a tener una visión más amable del español en Puerto Rico como andaluz y amante de mi hermosísima lengua castellana.

Decididamente, no hay nada como viajar.

Carlos Loeda (Alicante, argentino de nación) se lamenta de los inconvenientes que tiene el hecho de las variaciones que presentan algunas palabras en Argentina y en España. Por ejemplo, colita, un ñoñismo argentino para «el ano o las nalgas». O también el verbo andar, que equivale a «ir bien». Don Carlos opina que el mal procede de nuestra institución dieciochesca de la Real Academia Española (la de la lengua), que simplemente «da permisos» a las palabras que el uso previamente ha consagrado. Su función le recuerda a aquel granjero norteamericano que se quedó extasiado al contemplar una jirafa en el circo Ringling Bros Barnum & Bailey. Su comentario fue: «¡Este animal no existe!». Entiendo que el suceso está bien traído, pero el papel de la RAE es muy positivo. La prueba es que, a pesar de algunas variaciones en el lenguaje de España y de América, existe una gran unidad geográfica en el idioma español, desde luego más de la que se logra con el inglés. Muchas veces las pequeñas variaciones en el español de España o de América sirven como motivo de chiste. No es poco. Las variaciones argentinas tampoco son tan extrañas a algunos regionalismos españoles. Así, en el País Vasco, el saludo ¿qué tal? pueden decirlo como ¿qué andas?

César González Moreno (Madrid) recuerda sus años de trabajo en Chile. Le llamó la atención este titular de los periódicos: «Mañana se corre la gran polla del presidente». La frase resulta chocante para un español, pues correr es tanto como «eyacular» y la polla es el «pene». Para un chileno correr equivale a «jugar» y la polla del presidente es una suerte de «lotería nacional».

Javier Esteve (Madrid) recuerda otro titular de un periódico peruano: «Hoy se corre la gran polla de Fujimori». Se refería a una carrera de caballos. Julio B (Oviedo) apunta otro significado de polla. En Ecuador equivale a lo que en España llamamos «chuleta» (papelito que se lleva a un examen, de manera subrepticia, donde se anotan las posibles respuestas). Es un ejemplo más de lo divertidas que pueden ser las variaciones geográficas del idioma español, sobre todo cuando se introducen las alusiones sexuales. Es lógica la alusión a polla como metáfora del «pene». No hay que demostrar la pertinencia de esa imagen, común en varios idiomas. En el castellano tradicional polla (del latin pollus = cría de un animal e incluso retoño de una planta) equivalía a mocita, muchacha casadera. La polla fue también un juego de naipes, de donde se sigue el equivalente de «lotería» en Chile. Ahí es donde se ve que las palabras malsonantes lo son en la intención del sujeto que las emite o del que las oye o lee.

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