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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
jueves, 13 de noviembre del 2008

LA LENGUA VIVA: DUDAS SIN MÉTODO SOBRE EL LENGUAJE

En el Palacio de la Moncloa se muestra una magnífica mesa de despacho, amplia y bajita, donde las malas lenguas dicen que Isabel II se acomodaba para sus escarceos amorosos con los «generales bonitos».


María Luisa Pérez tiene algunas pequeñas dudas gramaticales. Por ejemplo, cómo decir «llamarla» o «llamarle» cuando se refiere a una mujer. Puesto que en ese caso se trata de un complemento directo, suena mejor «llamarla». Pero, si se trata de un complemento indirecto, es preferible la forma «le». Así, «la encontré (a la mujer) cosiendo y entonces le dije…». De todas formas, las reglas del laísmo y del leísmo están muy lejos de ser fijas. Oscilan mucho según las regiones y los países. No creo que esa indeterminación sea para perder el sueño.

Doña María Luisa me pide algunas normas prácticas para la utilización del punto, el punto y coma, los puntos suspensivos, etc. Aquí tampoco se busquen normas estrictas. Todo depende del estilo del autor. A mí, por ejemplo, me gustan las frases cortas, las que se separan por el punto y seguido (se puede decir también «punto seguido», aunque es menos correcto). Mi norma particular es que las frases o enunciados entre punto y punto no deben contener más de 30 palabras. Además, los párrafos no deben almacenar más de 30 líneas. El párrafo se termina con el «punto y aparte». No es tan elegante decir «punto aparte». El final del escrito concluye con el «punto final» (queda feo decir «punto y final»).

Los puntos suspensivos son solo tres; sirven para dejar en suspenso la frase, el equivalente escrito de un gesto de duda, de indecisión o de ocultamiento.

El punto y coma indica una pausa intermedia entre la coma y el punto. Una norma práctica es que el verbo después del punto y coma acarrea el sujeto de la frase anterior. Véase por ejemplo el párrafo anterior.

Respecto a los signos de interrogación (¿?) y de admiración (¡!) lo mejor es introducirlos lo menos posible. Resulta poco elegante estampar dos signos de admiración seguidos, y no digamos tres o más. Después de esos signos no debe ponerse punto, porque ya lo lleva el signo. La barrita (/) debe ser proscrita, a no ser que lo exija el texto por razones de notación matemática.

Miguel Muñoz (Badajoz) se plantea la duda de si se debe decir «estar sentado en la mesa» o «estar sentado a la mesa». Mi idea es que, en buena lógica, lo correcto sería «sentarse a la mesa», pero suena mejor «sentarse en la mesa». Todo el mundo entiende que la operación consiste en sentarse en una silla o sillón adyacente a una mesa donde se efectúan las operaciones de trabajar, leer, comer, etc. En el Palacio de la Moncloa se muestra una magnífica mesa de despacho, amplia y bajita, donde las malas lenguas dicen que Isabel II se acomodaba para sus escarceos amorosos con los «generales bonitos». En ese hipotético caso es claro que literalmente la Reina se sentaba en la mesa o sobre la incómoda mesa, pero no es esa la postura corriente. Así pues, dígase «sentarse en la mesa» con toda tranquilidad, aunque sufra un poco la lógica.

Jorge Luis Molist Soler (Lloret de Mar, Gerona) habló el otro día con el vendedor de la ONCE, quien le comentó: «Ayer he vendido más cupones que hoy, quiero decir que ayer vendí más cupones». Don Jorge Luis anda intrigado respecto a cuál de esas dos formas verbales es la correcta. Entiendo que ambas son válidas. Un gallego o un asturiano diría vendí; un castellano diría he vendido. Por un lado, la venta de los cupones de ayer terminó con el día; por tanto, habría que decir vendí. Por otro lado, el ayer está muy próximo y la venta continúa hoy. Así pues, la fórmula de he vendido se ajusta más a ese suceso continuo. Como don Jorge Luis es catalán, le diré: «usted mismo».

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