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| Amando de Miguel
Libertad Digital, España
Lunes, 22 de junio del 2009

LA LENGUA VIVA: CUESTIONES GRAMATICALES PRÁCTICAS

Las señales de prohibiciones dicen mucho de una sociedad, puesto que lo que se prohíbe es lo que se hace. Ya no se ve el cartel de «se prohíbe escupir» o «se prohíbe hablar de política».


José Mª Navia Osorio está de acuerdo conmigo en que el uso vulgar del infinitivo como sustituto del imperativo puede contribuir a hacer más tranquila la vida. Como médico, don José Mª estima que hay mucho de leyenda en los peligros de los «fumadores pasivos». Por mi parte añado que las señales de prohibiciones dicen mucho de una sociedad, puesto que lo que se prohíbe es lo que se hace. Ya no se ve el cartel de «se prohíbe escupir» o «se prohíbe hablar de política».

Gabriel Ter-Sakarian Arambarri me cuenta que «un día por poco me mata la escritora bilbaína Blanca de la Puente porque la llamé poetisa. Me dijo que "una poetisa es una mujer marica que hace encaje de bolillos con el lenguaje, pero que ella era poeta". La definición de doña Blanca es así de masculina: 'poesía es coger un cuchillo, hincarlo en la carne viva y sacar la idea a punto de cuchillo'». Pregunto yo si la carne no será de ternera o de cordero.

Carlos M. Padrón está de acuerdo con Gabriel Ter-Sakarian y no conmigo respecto a la pequeña polémica de si suena mejor «voy a dártelo» o «te lo voy a dar». Don Carlos asegura que le suena mejor «voy a dártelo». A mí no me acaba de convencer por más que gramaticalmente esa forma sea correcta. Pero yo no estoy aquí como maestro de la lengua sino como observador del habla.

Joaquín Gabriel Rodríguez manifiesta que lo de «persona humana» es una redundancia, una repetición innecesaria. No es sólo que haya personas jurídicas o sociales (= colectivas) sino porque la consideración de «humana» da a la persona una cualidad especial, la de ser titular de dignidad y derechos. Por otra parte, la redundancia o el oxímoron junto a otras figuras del lenguaje, pueden ser errores pero también elegancias.

Dice Natalio Rivas Gárate que, a propósito de la sustitución de Víctor Muñoz como entrenador del Getafe, LD titula así: «sobre el futuro entrenador no se sabe nada, esperamos que sea cuanto antes». Quiere decir que pronto se sabrá algo sobre el futuro entrenador. El tal Víctor Muñoz declara tras la destitución por parte del presidente del club: «tengo que agradecerle la confianza que ha depositado en mí». Sigue la ambigüedad, en este caso generosa por parte del destituido.

Cristina Sánchez Ruiz, ingeniera aeronáutica, anda preocupada por el título profesional que le corresponde: ¿es ingeniero o ingeniera, jefe técnico o jefa técnica? Ya de paso, doña Cristina tiene sus dudas de que los americanos se posaran en su día sobre la Luna. Me resulta extraño que una ingeniera tenga esa duda. Las huellas de los astronautas americanos sobre la Luna se pueden ver perfectamente con un buen telescopio. Respecto al título da igual: puede llamarse ingeniero o ingeniera, jefe o jefa. Otra cosa sería si fuera perito. Lo de «perita» podría tomarse a broma. Por cierto, la voz «ingeniero» procede de «ingenio», aunque haya quien diga que se deriva del inglés engine (= máquina). Pero en el Tesoro de Covarrubias, coetáneo del Quijote figura ya «ingeniero» como «el que fabrica máquinas para defenderse del enemigo y ofenderle». Así pues, esos primeros ingenieros eran militares. Juan de Herrera, el arquitecto de El Escorial, fue realmente uno de esos ingenieros militares.

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