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| Amando de Miguel
Libertad Digital, España
Jueves, 20 de diciembre del 2007

LA LENGUA VIVA: CUESTIONES DE GRAMÁTICA

Otra discrepancia con don Adolfo es sobre el plural de referéndum. Para mí es referendos; para don Adolfo «referéndumes me parece perfecto». Pues bien, otra vez el Panhispánico de la RAE aconseja que es mejor decir referendo y referendos.


José García se pregunta si el verbo alquilar sirve para la acción del propietario del bien que alquila o del inquilino que lo arrienda. Está muy claro; sirve para los dos. Alquilar es tanto ceder a otro el derecho a disfrutar de un bien por el precio convenido, pero también obtener del propietario el derecho a usar el bien por el precio convenido. No creo que esa anfibología plantee problemas. En el español clásico el término huésped servía tanto para indicar la persona que es alojada en casa de otra como la que aloja a ese invitado. No hay que temer el hecho de que la misma palabra pueda tener más de un significado. Esa es la gracia de la lengua. ¡Hay que ver los múltiples sentidos que pueden tener la gracia o la lengua!

Adolfo Martín me reprocha mi opinión sobre la doble conjugación de asolar, como verbo regular (= recibir el calor del sol) y en su forma irregular (= arrasar). Mi opinión es que se tiende a una misma regular para los dos sentidos, con el previsible riesgo de polisemia, pero que compensa ampliamente la complicación de las dos conjugaciones. Don Adolfo dictamina: «la verdad es que a veces tiene usted unas tragaderas tremendas… ¿Hay que hacerle a usted más caso que a las RAE [Real Academia Española]? Pues usted me dirá». Y le digo que la RAE dictamina que «la distinción entre uno y otro verbo [asolar en las dos formas de conjugación] está desapareciendo: ambos comparten el sentido profundo de destruir por completo y tienden a conjugarse como regulares. Por tanto, hoy son normales en la lengua culta las formas asolo, asolas, etc.» en los dos sentidos indicados. El dictamen viene recogido en el Diccionario panhispánico de dudas. Así pues, nada de tragaderas, señor mío. Recuerde, don Adolfo, la lengua española es cosa viva, no un fósil. Ya de paso, opino que tampoco sería necesario el pleonasmo «destruir por completo».

Otra discrepancia con don Adolfo es sobre el plural de referéndum. Para mí es referendos; para don Adolfo «referéndumes me parece perfecto». Pues bien, otra vez el Panhispánico de la RAE aconseja que es mejor decir referendo y referendos. No solo en español. En inglés se recurre con creciente influencia a los latinajos pretenciosos. En la Universidad de Texas me he encontrado con el abuso de symposium (= congreso, reunión) o de syllabus (= índice, esquema, programa de una asignatura). La moda no tardará en llegar a las costas españolas. Bien está un recuerdo respetuoso para el latín, pero sin abusar.

Miguel Gutiérrez Gacituaga (Madrid) sale en defensa de la (Compañía) Telefónica al razonar que, en su logotipo, ha pretendido «fusionar el rabillo de la fe con la tilde de la o». No cuela. Ahora que la internet va a incorporar las tildes y las eñes, lo de Telefónica va a quedar como una desgraciada aventura ortográfica.

Álvaro Martínez Pichardo (La Palma del Candado, Huelva) anota la expresión «a boca del sol puesto» para definir ese momento en que deja de ser día y todavía no es noche. Supongo que equivale al crepúsculo; en inglés twilight. También puede ser «entre dos luces».

Juan de la Fuente se apresta a disipar la duda de María Guadalupe Huertas sobre la tilde en el cómo de la oración «no sé cómo solucionar este problema». Dice don Juan que la duda se resuelve si el cómo o el quién sirven para construir oraciones interrogativas indirectas. Así, «descubre quién ha cometido la falta» y «quien ha cometido la falta es un desalmado». O también, «no sé la manera como se soluciona este problema» y «dime cómo se soluciona este problema». Está muy claro.

Javier Hernández (Sevilla) me envía una «perla que no tiene parangón: ¿Conoce algún caso de participio en diminutivo?». Me pone el único ejemplo que conoce, el de una copla:

Ojos verdes verdes

con brillo de faca

que se han clavaíto

en mi corazón

Enhorabuena por ese hallazgo.

José María Llamas comenta:

Me extraña que nadie haya hecho referencia o crítica, si es que la merece, a la costumbre tan extendida de iniciar los discursos escondiendo el verbo. Expongo el ejemplo más común: «En primer lugar, agradecer a los asistentes su presencia.»

Alguna vez sí hemos comentado aquí esa tacha, típica de los políticos y de los periodistas, por lo menos de la facción vulgar. En efecto, es un hábito horrísono. En su día lo llamé «infinitivo radiofónico»; creo que empezó por los cronistas deportivos de la radio. La elisión del verbo se explica porque así se evita tener que comprometerse. El «infinitivo radiofónico» es un tanto impersonal. «En primer lugar, agradecer…» no se sabe quién agradece.

José Antonio Martínez Pons afirma que los mallorquines no dicen «hi han hagut» sino «hi ha hagut». Luego, se sigue la misma norma del castellano. Me congratula esa convergencia (y unión), puesto que así se elimina la excusa de que el «ha habido es un catalanismo legítimo». No lo es, al menos por la parte de los mallorquines. Espero el comentario de los barcelonines.

IES Alborán me recrimina que yo escriba «a parte de este [ferrocarril] existieron…». Su parecer es que ese a parte tendría que haber sido aparte. Tiene toda la razón mi acrónimo libertario. Confieso que es un error que cometo no pocas veces, no sé por qué. Solo en el caso de que parte sea un sustantivo aparte se debe escribir separado. Por ejemplo: «ese camino no lleva a parte alguna». Prometo enmendarme.

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