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| Amando de Miguel
Libertad Digital, España
Viernes, 27 de febrero del 2009

LA LENGUA VIVA: AFIRMACIONES NEGATIVAS

Son muchas las oraciones aparentemente negativas, pero que afirman y reafirman. Por ejemplo, el «yo no digo nada», después de haberlo dicho o dejado caer. Es una forma enfática de asegurar que lo dicho va a misa.


Me pongo otra vez en el papel del extranjero que no tiene el español como idioma familiar y que intenta aprenderlo. Se trata de un idioma fonéticamente claro y con la particularidad de que con pocas palabras el estudiante de español puede hacerse entender. Otra cosa es dominar algunos entresijos del idioma que se aprenden naturalmente por los que lo hablan desde la infancia. Uno es la paradójica significación de algunas frases negativas. Desde luego, en español no se cumple siempre el axioma lógico de que «dos negaciones equivalen a una afirmación». Así, se puede decir «yo no sé nada», y eso no significa que «sé algo» sino que, literalmente «no sé» y no lo sé de forma enfática. El «nada» de ese enunciado no es propiamente una negación, sino un refuerzo del «no saber». Vendría a ser una especie de pleonasmo. Es una figura que se emplea muchas veces para dar fuerza a la frase. Por ejemplo, «hasta que el avión haya apagado completamente los motores». O también «gratis total».

Son muchas las oraciones aparentemente negativas, pero que afirman y reafirman. Por ejemplo, el «yo no digo nada», después de haberlo dicho o dejado caer. Es una forma enfática de asegurar que lo dicho va a misa.

Más chusco es el recurso a una negación para comenzar una frase afirmativa. Por ejemplo, «no, si yo opino lo mismo». Ese «no» equivale a realmente un «sí». El extremo retórico podría ser el de repetir varias veces el «no» para indicar que «sí». Hay gente que emplea ese paradójico recurso con mucha gracia.

Para indicar que algo es significativo, el que habla puede decirle al interlocutor: «ni te cuento». En realidad, ya se lo ha contado o por lo menos lo ha dejado caer.

Una expresión muy castiza es el «¡no te digo!», que equivale a aproximadamente a «mira lo que te he dicho». De forma parecida el «¡no me digas!» traduce el asombro y la curiosidad por lo que acaba de decir el interlocutor.

El «no» parece a veces insuficiente. Se puede matizar con el «como que no», que es una negación irónica y un tanto vulgar.

Hay otras partículas negativas aparte del «no». Por ejemplo, está el «nada» que puede significar «mucho». Es el caso de la famosa frase de «no es nada lo del ojo… y lo llevaba en la mano». Se atribuye al arriesgado torero Desperdicios, corneado en la cara por un toro. El diestro salió por su pie para la enfermería de la plaza llevando el ojo en la mano. El hombre decía para animar a la cuadrilla: «No es nada lo del ojo». Desde entonces la expresión «no es nada lo del ojo» tiene un sentido ponderativo para indicar que ese «nada» irónicamente, quiere decir «mucho».

Hay otras formas ponderativas con apariencia de negaciones. Es el caso de «menos da una piedra». Se usa irónicamente para consolarse de lo conseguido, que puede parecer poco, pero que se agradece. La fórmula «nada más y nada menos» tan barroca, sirve el mismo propósito de conformarse con lo que se tiene o se observa; puede equivaler, incluso, a insinuar que algo resulta bastante notorio. La frase hecha «nadie es más que nadie» alude a una deseable igualdad entre las personas.

En el lenguaje infantil se puede enunciar directamente una frase afirmativa con una intención negativa. Así, «me importa» indica realmente que uno hace como que no le importa algo para consolarse o para conseguirlo.

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