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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Miércoles, 11 de junio del 2008

LA LENGUA VIVA: A VUELTAS CON LAS PALABRAS

Cierto es que también tenemos padrino, pero, fuera de la relación derivada de la boda o el bautizo, suena a cosa mafiosa. En cambio, madrina suena mejor siempre. Apunten los que ven siempre machismo en el idioma español.


Juan Ponce me llama la atención sobre el término machaca que yo empleaba coloquialmente en su sentido de 'persona pesada que fastidia con su conversación necia a inoportuna' (DRAE). Reconozco que yo también soy un machaca cuando me sitúo tan a la contra de las opiniones generalizadas. Don Juan me advierte que machaca o machacante es un término de la jerga militar para designar al subordinado (soldado, suboficial). Así es, pero yo me refería a esa acepción. En mis tiempos de alférez de la Milicia Universitaria jamás la utilicé.

Ignacio Frías aporta la voz encimón para calificar a la persona molesta o pesada. Me parece muy expresiva. En los usos españoles está la postura del lenguaje gestual que supone mantenerse muy cerca del interlocutor. Se supone que el encimón es el que acorta esa distancia hasta hacerse pesadito. Por si fuera poco, el encimón atosiga con palabras.

Aunque parezca increíble, siguen apareciendo palabras para designar a la persona molesta. Ignacio Tomás aporta dos: zangrango (= algo así como zangolotino, un tipo desgarbado, vago, sin gracia) y tocón (= como el tronco que queda después de talar un árbol y que resulta dificilísimo de extirpar). Se confirma que en español hay muchas palabras despectivas que empiezan con z. Lo que no he podido averiguar es por qué esa última letra del alfabeto se presta a la función despreciativa, por otra parte, tan necesaria en la conversación. ¿Alguien me lo puede decir?

David González Calleja me aclara mi duda sobre la voz retransmisión en la radio. Es una palabra apropiada porque el acontecimiento se describe en directo, pero la señal va desde ese punto (un estadio de fútbol, por ejemplo) hasta la emisora central y desde ahí se transmite al público. Así pues, lo que los oyentes escuchan es una retransmisión, no propiamente la transmisión. Muy bien explicado, don David. Aun así, encuentro que la tecniquería de la retransmisión en directo no llega fácilmente al público.

Agustín Fuentes no está de acuerdo con los términos patronazgo y patronizar que introducía aquí un libertario para sustituir al barbarismo espónsor o esponsorizar. Don Agustín propone patrocinio y patrocinar. No entro ni salgo en la discusión, aunque a mí me suena bien lo de espónsor y esponsorizar. En latín spónsor vale 'fiador, madrina o padrino'. No veo por qué en inglés se va a poder derivar la voz sponsor y en español tengamos que hacer remilgos a espónsor. Cierto es que también tenemos padrino, pero, fuera de la relación derivada de la boda o el bautizo, suena a cosa mafiosa. En cambio, madrina suena mejor siempre. Apunten los que ven siempre machismo en el idioma español.

Ya de paso, don Agustín dice que no le gusta la expresión error no forzado, el que comete un jugador de tenis por sí mismo, no por el ataque del contrario. No entiendo una palabra de tenis, pero lo de error propio estaría más claro.

José Luis Mullor precisa que cabello designa el 'pelo de la cabeza', mientras que pelo se refiere al de cualquier parte del cuerpo y también al de los animales. «Incluso el cabello que nos cortamos en la peluquería se transforma en pelo cuando cae cortado al suelo».

José Carlos Martínez Galán aporta un divertido refrán: «Donde hay pelo, hay alegría». En ese caso se refiere al pelo o vello íntimo. Añado que el pelo ha tenido siempre una significación ambivalente en nuestra cultura. Por un lado, es algo sagrado, tabú; de ahí el velo o las tocas. Pero, por otro, es un motivo de atracción sexual, por la razón de que algunas zonas corporales cubiertas de pelo son erógenas. Visto lo cual, no se entiende muy bien la obsesión de las mujeres por depilarse las piernas, las cejas, las axilas o incluso el vello púbico. Al final de la Edad Media era una moda elegante lo de raparse la cabeza por la parte frontal, algo que hoy nos parecería repelente. No deja de ser chocante la expresión «no tener pelos en la lengua» para indicar bravura, decisión.

Sobre la polisemia (¿o habrá que decir bisemia?) de la palabra tiempo Francisco García-Olmedo Domínguez (Granada) recuerda el chiste del paleto que va por primera vez al burdel. Tras preguntar por el precio del servicio, la dueña le contestó que dependía del tiempo. El patán se encogió de hombros y respondió: «Pues pongamos que llueve».

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